27 de octubre de 2008

FOTOS


Fotos de nuestra reciente visita a Argentina pueden verse en www.lalentedelbuitre.blogspot.com .
Publicadas hoy: San Telmo, Puerto Madero, Buenos Aires (zona céntrica).
Mañana publicaremos: Calle Caminito, Feria de Mataderos, Ruinas de San Ignacio, Parque de las Aves (en Brasil), Cataratas del Iguazú.
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24 de octubre de 2008

Cuando las palabras están demás


Hemos regresado de las vacaciones !


Uno de los objetivos de este viaje de un mes a Argentina, era saldar una vieja deuda pendiente: conocer las Cataratas del Iguazu, una de las maravillas de la naturaleza.


Teníamos el propósito de publicar en el blog un relato de esta parte del viaje, pero hay veces en que las palabras sobran, y en este caso se justifica. De manera que invitamos a los visitantes a visitar una selección de fotos tomadas en ese hermoso paraje de la frontera entre Argentina y Brasil.


Las fotos pueden verse al final de esta página.

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19 de octubre de 2008

CARTA ABIERTA




José Trepat

(A quienes nos conocen y con quienes hemos tenido contacto durante este mes)


Pretender que en apretados 30 días pudiéramos cumplir con los ítems de una apretada agenda elaborada a golpe de recuerdos y “obligaciones”, resultó –como lo demostraron los hechos- una quimera.

Al igual que en cualquier viaje que se planifique con anticipación, los hechos esperados e inesperados, fueron sumándose día a día, haciendo que las 24 horas de una jornada normal hayan sido muy escasas e imposibles de estirar; la tiranía del reloj y del calendario es implacable para todos. Hubo que emplear entonces la imaginación para ir modificando la agenda casi minuto a minuto a fin de que los “compromisos” pudieran concretarse en un intento de comprimir en 30 días una ausencia de cinco años.

A tres días de nuestra partida y aprovechando el resquicio de unos minutos de una mañana de domingo, se impone un balance en el que –como esperábamos que sucediera- deben prevalecer los agradecimientos ante las muestras de afecto recibidas, y un humilde pedido de disculpas por lo que no hemos podido hacer, a pesar de nuestra voluntad.

Comenzamos el rosario de agradecimientos con uno muy especial para Noemí y Rolo, que en los días que nos alojaron, entre idas y venidas hacia y desde Munro, nos hicieron sentir como en casa, con la ventaja de que no tuvimos que lavar los platos.

Nos colmaron de atenciones que van mucho más allá de las que podrían considerarse “formales”, incluyendo la cesión de un automóvil a tiempo completo, imprescindible para traslados de bolsos y de nosotros mismos a diferentes destinos, que de otro modo hubieran sido más dificultosos. Compartimos con ellos paseos y visitas para lo cual sacrificaron días de trabajo. Quedamos abrumados por tantas atenciones. No podemos excluir la mención de los tradicionales asados de los sábados y de uno especial, hoy en el Día de la Madre. Ellos saben que les estamos muy agradecidos, no hace falta agregar más.

LOS PRIMOS, esa institución creada hace algunos años que comenzó con el agrupamiento de los primos y cónyuges de Betty, y que con el tiempo se amplió a otros miembros de la familia que siguen cumpliendo con el rito de una reunión mensual en la que se comparten vivencias y emociones, nos brindaron (LOS PRIMOS) una excepcional calidez en dos reuniones, de bienvenida y despedida.

En la primera nos distinguieron con el emblemático HUEVO DE ORO, un acto que para nosotros resultó muy emotivo y que no olvidaremos.

Como expresión de deseo, quisiera que nuestros hijos y nietos, independientemente del lugar en que les toque vivir, crezcan en un ambiente lo más parecido posible al que se vive en esas reuniones periódicas.

Gracias a Susana y Roberto (para nosotros, los Morillo), que nos invitaron a su casa y nos agasajaron con un exquisito asado (y van…), además de ponernos al día con chimentos y cotilleos de personajes conocidos por nosotros.

Quedó una promesa: la invitación a pasar unos días en un recóndito lugar de Córdoba, al que se llega por medio de una “chata” (no pude precisar que es exactamente, será una 4x4)?. Está el compromiso de hacerlo en un próximo viaje.

Hemos conocido también a la caótica familia Castro en pleno. Una reunión muy agradable organizada por el contador Guillermo y el escribano Eduardo, que además de parientes, los sentimos como grandes amigos. Cabe consignar que Eduardo, eximio golfista, tuvo esa mañana de sábado una decepcionante jornada en los links, quizás por el apuro de llegar a tiempo para prepara el asado ( y van…..) que resultó también de gran nivel. Hemos tenido mucho gusto en compartir un rato con toda la familia.

Por su lado, de manera individual, Betty desarrolló una nutrida agenda de encuentros sociales exclusivo para mujeres, de los que quedé despiadadamente excluído.

Un párrafo para nuestro agente de viajes Ezequiel Aragona, quien al organizar nuestro viaje a las Cataratas del Iguazu, donde confluyen las fronteras de tres países (Argentina, Brasil y Paraguay) nos hizo conocer también Perú…. por la ubicación de nuestro hotel; eso sí, de cuatro estrellas, por supuesto).

El resto del tiempo tuvimos que dedicarlo a tareas mundanas en los departamentos (pisos). Fueron trabajos ineludibles de los que no hace falta entrar en detalles.

Conclusión: el mes se nos hizo muy corto. Habrá que repetir.
GRACIAS A TODOS

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5 de octubre de 2008

VIDA COTIDIANA - Esa delgada línea roja entre el amor y el odio




José Trepat



¿Quién no se ha visto envuelto alguna vez en una sensación de ternura al alzar la vista y ver surcar el cielo azul una nívea paloma, símbolo de la paz y amor entre los hombres?

Ese grácil ser alado que ha servido de inspiración a poetas y artistas, convive con el hombre desde los albores de la historia y su candorosa imagen ha quedado plasmada en innumerables textos e ilustraciones que hablan de la concordia humana.

El genial Pablo Picasso la inmortalizó con un par de trazos que se transformaron en emblema universal. Otros artistas dejaron para la posteridad sus propias creaciones y muchos poetas la utilizaron metafóricamente en versos inmortales.

El autor de esta nota, amante de los animales en general, la tenía también en el podio de sus preferencias, hasta que…sin ser invitadas, las palomas decidieron compartir su techo, o mejor dicho, su balcón techado.

Cómo no recordar el día aquel en que el autor, desde el interior de la habitación, observó como una hermosa paloma se posaba en el borde mismo del piso del balcón. Inmóvil, para no asustarla, el autor contemplaba extasiado las gráciles líneas de su visitante, hasta que, en cuestión de segundos, éste emprendió el vuelo.

El autor pensó que debía hacer algo atraer nuevamente a la palomita y en consonancia con ese deseo, desmigajó pacientemente un pan para que el fugaz visitante tuviese un motivo para volver. El cebo quedó allí. Cuan grande fue su felicidad al ver que el plan había dado resultado. La paloma o el palomo no solo volvió sino que lo hizo acompañado. En cuestión de segundos, las migas desaparecieron.

Esto se repitió en los días siguientes. Se había establecido una comunión entre paloma y autor. Lo único desagradable, pero absolutamente natural, era que las palomas parecían canjear las migas de pan por deposiciones en el piso del balcón hasta entonces limpio de toda suciedad, salvo alguna hoja caída de las plantas que la esposa del autor cultivaba en tiestos. La esposa sentía que los pájaros habían invadido su territorio y no les profesaba el mismo amor e interés que su cónyuge.

Este siguió observando día a día que las palomas (ya eran más de una) parecían sentirse muy a gusto en ese rincón del balcón que pacientemente iban cubriendo de ramitas de árboles y ….más deposiciones.

Poco a poco la disposición de las ramitas iba adquiriendo la forma de nido. El proceso seguía de maravillas: después del nido vendrían los huevitos y luego, con suerte, el nacimiento de los pichones. El autor seguía esas etapas con gran interés, no exento sin embargo de una incipiente preocupación porque una superficie cada vez mayor del balcón estaba ya cubierta por ramitas y deposiciones. La esposa quería desalojar a los visitantes y limpiar ese espacio, pero finalmente se acordó esperar al nacimiento y posterior alejamiento de los “okupas” ocasionales.

Cada vez más ramas, arrullos, plumas sueltas y deposiciones en toda el área del balcón.
Los huevos llegaron y al poco tiempo, se produjo el milagro de la vida: dos pichones recién salidos del cascarón se ofrecieron a la vista. Como crecían día a día y como aumentaba también la suciedad en todo ese ámbito colombófilo!.

Con la aparición de las primeras plumas de los pichones, el autor convino con su esposa en que era deseable que los palominos echaran a volar cuando antes.. YA!! para así poder limpiar el balcón y reanudar la vida cotidiana.

Una mañana no los vimos más y entonces, albricias!, dimos por concluida nuestra relación con esos pájaros urbanos. Pero ellos no pensaban lo mismo.

Al quitar las ramas del nido notamos con desagrado que en el piso pululaban insectos que se movían entre ramitas y deposiciones adheridas firmemente al suelo. Raspamos el mosaico con espátulas pero las manchas quedaron. “No quiero ver más una paloma aquí”, dijo amenazante la esposa del autor, quién estuvo totalmente de acuerdo.

Había sido transpuesta la delgada línea roja entre el amor y el odio.

Cuan rápida fue la transición de símbolo de la paz a pajarraco inmundo.

Las palomas volvieron. Les gustaba el lugar. Eran cada vez más (lo notábamos por las deposiciones.. que ya eran directamente cagadas). Las ahuyentábamos, se iban, volvían…dejaban huevos sin siquiera hacer el nido, los quitábamos, volvían...¿qué hacer?

Colocamos un tejido a todo lo largo de la reja del balcón pensando que esa era la solución. No lo fue. Siguieron entrando por la parte superior de la baranda, aprovechando el espacio libre de casi dos metros entre la baranda y la azotea. La invasión había comenzado. Debíamos ausentarnos por un tiempo y por lo tanto quitamos todos los tiestos o macetas del balcón. Colocamos un tejido precario desde la baranda del balcón hasta la pared y puerta de acceso, y abandonamos el piso.

El cuñado del autor efectuaba visitas periódicas para airear el piso y al hacerlo comprobaba que las otrora dulces palomitas aprovechaban los resquicios del tejido para entrar, instalarse, procrear y cubrir toda la superficie de excrementos, ramas, plumas, basura e insectos.

Ingentes fueron los esfuerzos del cuñado para frenar el avance; reforzó las defensas, remendó el tejido roto y colocó maderas para tapiar algunas vías de acceso. Todo en vano.

Cuando el autor y su esposa volvieron al piso se encontraron con un panorama desolador en los dos balcones: nidos, pichones, huevos, ramas, plumas y plumones, eyecciones, es decir, todo lo que hace al habitat colombófilo. Había que declarar la guerra. “Entre estos bichos y yo hay algo personal”, dijo el autor mientras diseñaba el plan de defensa.

Con riesgo de su vida y encaramado en lo alto de una escalera, mientras la esposa lo sostenía de la cintura para no caer al vacío desde un segundo piso, construyó una estructura metálica y revistió de un tejido plástico todo el espacio abierto. ¿Será esta la solución final? El tiempo lo dirá.

El autor sigue amando a los animales, pero en este caso prefiere contemplar a las palomas a la distancia, en fotografías y en el trazo magistral de Picasso.
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