31 de diciembre de 2008

¡¡ FELIZ 2009 !!



Este blog, que vio la luz en mayo de 2008, quiere expresar sus mejores deseos para todos los visitantes, registrados o no, que han dedicado 30, 60 o 90 segundos de sus vidas a enviar comentarios sobre alguno de sus contenidos. Y también a quienes no lo han hecho, faltaría más...

***

28 de diciembre de 2008

Personajes - LUIS CARLINO










José Trepat



La Caja de Pandora que es Internet se me abre cada día con nuevas sorpresas, y ésta es una de ellas, agradable por cierto, aunque no para dejarme boquiabierto, pues los antecedentes del personaje en cuestión hacían presagiar que esto algún día podría ocurrir.

Lo cierto es que navegando por la sección Imágenes de Google se me apareció de pronto un rostro que me resultaba familiar a pesar de que el paso de los años había modificado en parte la fisonomía que guardaba en la memoria.

Ya no estaba el pelo rubio largo y lacio que era una de sus características físicas más visibles cuando lo conocí en la redacción de la agencia de noticias Reuters a comienzos de la década de 1970. La melena que lucía a los veinte y tantos había dejado paso a un pelo cortado a cepillo con una marcada tonalidad gris.

Las pocas dudas que tenía se disiparon completamente al bajar la vista y ver en la misma página de Internet una fotografía de la carátula de un CD con las palabras LuisCarlino.com, y más abajo el título: Emotional Exile.

La sorpresa mayor fue la relación que había entre el personaje y el tipo de música (pop/rock) pues yo tenía catalogado a Luisito, como le llamábamos en la redacción, como un fanático de la ópera y la música clásica, tema en el que se lo notaba muy versado.

Recuerdo que en la redacción comentaba que había instalado en su apartamento de un piso alto, un valioso piano en el que practicaba horas y horas no sin antes revestir las paredes de gruesos cortinados para “no molestar” a sus vecinos.

En cuanto a la lírica, durante la guerra de las Malvinas, matizaba la espera de noticias para transmitir a Londres leyendo los textos de alguna ópera como otros podían leer una novela de suspenso. Así recuerdo a Luisito Carlino, graduado en Filosofía que nunca hizo alarde de ello y se comportó siempre como un excelente colega.

Al leer parte de una breve biografía que publica en su página Web, me entero de que a los cuatro años comenzó a estudiar guitarra clásica, y un año después, a los cinco, viendo a Elvis Presley en televisión descubrió dos amores que perdudarían a lo largo de su vida: el rock n’ roll y el idioma inglés.

Dice también la nota biográfica que a los 17 años comenzó a escribir sus primeras canciones -en inglés, y que antes, a los 14, formó un grupo musical que basaba su repertorio en temas de los Rolling Stones. Todo esto era desconocido para mí cuando hablábamos de fútbol, política, cine, etc. en la redacción de Buenos Aires.

Luis Carlino fue enviado como corresponsal a Panamá y con ello tuvo la suerte de estar fuera de Argentina durante los años de la sangrienta dictadura militar.

A mediados de los 80 fue designado corresponsal en Madrid y allí, influenciado en parte por Peter Gabriel y Paul Simon, comenzó a escribir los 10 temas que componen el CD Emotional Exile, que pueden escucharse en la misma página, y que por cierto suenan muy bien.

Dice su biografía que tiene tres divorcios y una preciosa hija. Esto último lo supe cuando hablamos Madrid-Barcelona, a mi llegada a España en 2002. Su voz era exactamente la misma de más de 20 años atrás. Y hablando de la voz, debo suponer que es él mismo quién interpreta los 10 temas del CD?
No puedo asegurarlo, me queda la duda. Pero si debo jugarme, digo Sí.

Además de lo interesante del “personaje” de esta nota-recuerdo, hubo un hecho que me relaciona directamente con Luisito Carlino.

Cuando fue enviado a Madrid después de la Guerra de Malvinas, lo hizo en sustitución de otro miembro de Reuter que ya había sido designado para ello. Ese “otro” era yo.

Pocos días antes de la fecha prevista para la partida, el entonces Jefe de Redacción de Reuters en América latina, Hugo Infantino, me convoca a su despacho y me dice directamente (recuerdo sus palabras). Pepe –me llamaba así- tengo que decirte que estamos muy complacidos de que te quedes con nosotros…..etc.”, y que a Madrid debían enviar a Luis Carlino.

Después del shock inicial escuché y entendí las razones internas de la Agencia que habían motivado ese cambio. Como “compensación” me ascendieron a Sub Jefe de Redacción, y la vida siguió su curso.

Vuelvo al comienzo. Gratamente sorprendido de “redescubrir” esta faceta de mi apreciado ex colega, a quién le deseo suerte y éxito, para lo cual tiene sobrados merecimientos.


*

Barcelona, vista por un periodista argentino


En mi paseo diario por Internet encuentro a veces algún artículo que me induce a compartirlo. Esta breve miscelánea de un periodista argentino contiene algunos datos interesantes. Se lee rápido y a otra cosa..
La ciudad de los prodigios

Por Maximiliano Tomas (Jefe Sección Cultura del diario Perfil, Buenos Aires).
.
Como pocas ciudades en el mundo, Barcelona tiene todo para convertirse en el paraíso del flâneur, para provocar lo mismo que, aparentemente, sentía Walter Benjamin al pasear por la París del siglo XIX.
.
Hanna Arendt lo describe así en el perfil que hace del alemán: “Esta ciudad, en torno de la cual se puede circular más allá de las viejas entradas, sigue siendo lo que fueron las ciudades medievales, amuralladas y protegidas contra el exterior: un espacio interior, pero sin la estrechez de las calles medievales, un aire interior abierto, generosamente construido y planeado, con el arco celeste como un majestuoso techo, recubriéndolo”.
.
Barcelona se recorre a pie, desde el mar a la montaña, en apenas un día. Si París era entonces, según Arendt, “la única entre las grandes ciudades que para su vitalidad depende, más que ninguna otra ciudad, de los transeúntes”, esa descripción le cabe mucho mejor hoy a esta ciudad extraña y civilizada que es Barcelona.
.
Aquí no son los arrebatos, los asaltos o las peleas callejeras lo que preocupa a los habitantes: son los ruidos. Los bares y discotecas del centro suelen estar clausurados por dos o tres puertas aislantes, y no es extraño ver cómo los vecinos corren, desde los balcones y a baldazos de agua, a los turistas que no respetan el obligado código de silencio.
.

En menos de dos décadas, la ciudad se vio catapultada, gracias al desarrollo y la urbanización que impusieron los Juegos Olímpicos de 1992, a la vidriera de las grandes metrópolis modernas.
.
En el subte, que funciona de lunes a viernes hasta la medianoche, y los fines de semana hasta bien entrada la madrugada, un reloj indica cuántos minutos faltan para la llegada del próximo tren; los músicos tienen sus espacios para tocar, al que acceden mediante un registro y un concurso; en las esquinas, la prioridad es siempre del peatón; en las ramblas, la prostitución suele ser tolerada por la Policía como parte del paisaje urbano, al igual que la venta y consumo de alcohol y drogas blandas, cuya penalización pocas veces pasa de una advertencia o multa menor.
.
Pero hay algo todavía más curioso, y es la organización barrial. Cada barrio tiene su asociación vecinal, su mercado, su propia fiesta. Un día a la semana, la gente saca a la calle los muebles que ya no usa: sillones, mesas, camas, televisores. Así, los jóvenes –que suelen compartir piso debido al elevado precio de los alquileres– se abastecen en la calle de todo lo que necesitan.
.
Incluso hay códigos para evitar decepciones: si un electrodoméstico no funciona, antes de tirarlo hay que cortarle el cable.
.
Hace unos días, a un amigo le sucedió algo muy raro: en lugar de muebles, encontró una inmensa pila de libros, entre la que había novelas de Alessandro Baricco, Ian McEwan, Guillermo Cabrera Infante. No libros de descarte: era la biblioteca de un lector.
.
Mi amigo pasó de la alegría inicial a un sentimiento incómodo: ¿qué es lo que puede hacer que alguien abandone su biblioteca en medio de la calle? Además: ¿por qué le pasaba eso con los libros y no, por ejemplo, con la cómoda usada que tiene en su habitación? ¿Qué es, a pesar de su banalización actual, lo que sigue haciendo impensable que alguien pueda quemar libros, o tirarlos a la basura?
.
Está de más decirlo: mi amiga cargó los ejemplares en varias cajas y los llevó a su casa. Por mi parte, hace unas horas comencé a leer El libro de las ciudades, en el que hay un ensayo muy divertido de Cabrera Infante sobre los taxis londinenses.
.
(El flaneur es alguien que pasea por la ciudad y se va deteniendo en los escaparates, las tiendas, sin ninguna intención concreta. Nota de Jota T.)
*

25 de diciembre de 2008

Del fuelle a la D80


José Trepat

Las imágenes obtenidas a través de la lente de una cámara quedan grabadas como recuerdos indelebles de algún momento de nuestras vidas.

Son más resistentes al paso del tiempo que las imágenes que tratan de permanecer en nuestra memoria luchando por no desvanecerse ante la inexorable ley natural que las torna cada vez más borrosas hasta que en algunos casos desaparecen por completo.

Cómo ayudan las fotografías a recorrer las alegrías y sinsabores que han jalonado una existencia cuando esas imágenes se han almacenado cronológicamente en algún álbum familiar o en aquellos que se destinan a un tópico determinado!

Una sorpresa navideña me ha inspirado estas líneas que pretenden rendir un modesto homenaje a ese adminículo, primero rudimentario y más adelante sofisticado, que es la cámara fotográfica.

Sentado frente al ordenador o computadora, mi vista se desplaza alternativamente entre la pantalla del monitor y el cuerpo y lente de esta joya de la tecnología moderna que es la Nikon digital D80, y que desde hace pocas horas ES MIA.

Tras recibir este regalo navideño siento el deseo y el placer de efectuar un recorrido de más de medio siglo en el que convergen como en un calidoscopio todos los tipos y modelos de cámaras fotográficas que de un modo u otro han ocupado un lugar importante en esta galería de recuerdos.

Las primeras fotos a poco de arribar como inmigrante a Argentina, y que aún conservo, son aquellas que entregaban los entrañables fotógrafos ambulantes de plazas y parques públicos. Con sus grandes cajones que eran a la vez cámara y laboratorio, colocados sobre trípodes, los fotógrafos de guardapolvos grises que ocupaban puntos estratégicos en la Plaza San Martín de Buenos Aires, fueron los primeros que plasmaron las imágenes que a pesar de los años transcurridos, no han perdido ni nitidez ni brillo.

Después de indicarnos que permaneciéramos rígidos en el punto elegido, el fotógrafo introducía la cabeza en una capucha negra que estaba unido a la parte posterior del cajón, y accionaba el obturador mediante un cable externo.

Luego había que esperar a que manipulara el negativo, el cual después de pasar por el ácido revelador y el fijador se transformaba en la imagen positiva que nos era entregada no sin antes esperar a que se secara. Que maravilla llevarnos esa imagen nuestra!. En cada ocasión nos íbamos con una única foto, o más si el bolsillo lo permitía.

Después llegó el momento de la cámara propia, aunque no tanto porque era prestada. Que bueno poder hacer OCHO fotos a nuestro antojo. Eran ocho porque esa era la capacidad del rollo que utilizaban las cámaras de fuelle como la que nos había prestado un pariente. El tamaño del negativo, creo que 6x9, era el de la foto definitiva. Pero eran las fotografías que habíamos tomado nosotros. NUESTRAS FOTOS.


A la de fuelle, devuelta a sus dueños, siguió la compra de una cámara muy simple, con una lente pequeña y una sola velocidad de obturador. También cargaba carretes de ocho fotos que luego se ampliaron a 12. Después de obturar había que avanzar manualmente el carrete hasta el siguiente negativo virgen. La calidad era inferior a la de los “cajones” de los fotógrafos de plaza, pero “nuestra” cámara podíamos llevarla a cualquier sitio.

No hubo que esperar mucho para que las cámaras tuviesen distintas velocidades de obturación o apertura de diafragma, con carretes de 35 mm, para 36 o 24 tomas en blanco y negro o color, que provenían especialmente de Estados Unidos (Kodak) o Alemania (AGFA). Los laboratorios ampliaban las fotos al tamaño deseado y la industria fotográfica avanzaba hacia su consolidación definitiva.

A poco, comenzaron a proliferar en los comercios distintos modelos y marcas de cámaras fotográficas. La competencia abarató los precios y permitió que este arte para unos o hobby u afición para otros, llegara masivamente al público, sobre todo a partir de la aparición de las marcas japonesas que disputaban el mercado a las consagradas Leica alemanas.

Parece ahora tan lejano aquel tiempo en el que el revelado de un rollo de diapositivas sólo se hacía en Alemania, o sea que había que esperar unas tres semanas para recibirlo a vuelta de correo.

A mediados de los años 60 me había hecho el propósito de tener una cámara propia de buena calidad. Es así que después de un período de ahorro y alguna privación, pude acceder a la entrañable Minolta SRT 101, cámara reflex japonesa de cuerpo metálico y objetivo cambiable que me acompañó durante más de 30 años, y que por supuesto todavía funciona, pero que ahora descansa en un anaquel de la casa de mi hijo mayor que me pidió conservarla como recuerdo.


La Minolta fue testigo fiel de algunos de los momentos más memorables. Con ella, un amigo realizó las fotos de mi casamiento porque no había dinero para pagarle a un fotógrafo. Con ella nacieron los hijos, se festejaron los aniversarios y fue compañera inseparable en numerosos viajes, ya sea por placer o por motivos de trabajo.

Con alguna melladura, la Minolta SR1 está en el podio de mis afectos y allí se quedará por siempre.

Los avances tecnológicos y la masificación del mercado fotográfico se hizo incontenible, así que en busca de una mayor versatilidad, decidí jubilar a la Minolta y pasar a la Nikon reflex F601. Sé muy bien que una buena fotografía no depende tanto de la calidad de la cámara sino del ángulo y del MOMENTO justo en que es accionado el obturador. Las obras de Cartier Bresson y Robert Capa, entre otros, pueden dar fe de ello.

De todas maneras, la hermosa Nikon analógica tuvo una corta vida activa pues la explosión digital se precipitó como un incontenible alud de nieve sobre la industria de las cámaras analógicas, así que por razones de costos y la posibilidad de ver las fotos al instante de la toma pudiendo repetir ésta tantas veces como fuese necesario, hizo que la flamante y cara Nikon quedase archivada junto con su gama de teleobjetivos y flash electrónico, también bastante caro.


La comodidad y pequeño tamaño de las digitales me llevó a adquirir la Sony DC-P12 de cinco megapíxeles, el término que se puso de moda en el mundo de la fotografía. Los centenares de modelos y marcas ponen actualmente el sistema digital al alcance de una gran mayoría de usuarios y este arte o hobby experimentó un cambio espectacular.

La Sony me ha posibilitado hasta ahora más de 10.000 tomas y sigue tan activa como el primer día. Pero pobre! Acaba de surgirle un contrincante de mucho peso y tamaño equipado con un espectacular arsenal de artilugios que todavía no he comenzado a descifrar. Y además, un golpe demoledor: parece que en la Nikon D80 se pueden utilizar los teleobjetivos de su pariente lejana, la Nikon F601!

Qué haré con esta joya que ha caído sorpresivamente el árbol navideño todavía no lo sé, pero sólo espero seguir mirando la vida a través de su objetivo con la misma ilusión que cuando la observaba en el visor de la Minolta y de las hermanas que le siguieron.



Lo de obtener buenas fotografías ya es otra historia.
*
PD: Cuando esta nota fue escrita, la D80 era uno de los modelos más avanzados. El aluvión de marcas y modelos que le siguieron resulta imposible enumerarlos.
*

19 de diciembre de 2008








Navidad ideal (para unos) y Navidad real (para otros)



*





*



*


*


*


*


*


José Trepat








La Navidad es un momento para formular buenos deseos, y tal vez para reparar los desajustes emocionales que hemos sufrido a lo largo del año que termina. Y está bien que sea así.

Es un momento para alegrarnos de los éxitos de quienes están en el círculo de nuestros afectos, y de exhibir nuestra solidaridad hacia aquellos que no tienen lo que a otros les sobra. Estaría bien que esto fuese así.

No es momento para reproches ni para saldar cuentas, salvo que sea con nosotros mismos: qué hemos hecho mal y qué podemos hacer mejor. Aunque en verdad, para esta introspección no hace falta la Navidad, cualquier momento es bueno.

La reunión familiar o entre amigos brinda una oportunidad excelente para aplicar aquella frase archiconocida: No preguntes lo que los demás pueden hacer por tí, sino qué puedes hacer tú por los demás. Más espíritu navideño que ese, imposible.

En lo personal, la Navidad me perece una fiesta incompleta, porque es una en la que no todos pueden participar. Los millones de excluídos no lo son en su inmensa mayoría por decisión propia, sino que ni siquiera saben que existe y menos aún están en condiciones de participar en el modo que lo hace el mundo occidental y cristiano.



Los inmensos árboles navideños ricamente ornamentados que se exhiben en programas de televisión y en mansiones de ricos y famosos, parecen competir en lujo y despilfarro de dinero que muy bien podría servir para mitigar el sufrimiento de millones de seres humanos que en la MARAVILLOSA NOCHEBUENA ni siquiera tienen un mendrugo de pan para llevarse a la boca.


Estas líneas no van en contra de una tradición que cada cual vive a su manera. A todos nos gusta dar y recibir regalos, pero sería bueno destinar parte de esos recursos para ayuda de Organizaciones No Gubernamentales que se ocupan de los que nada tienen y tanto necesitan.


Consumismo necesario o coherente y consumismo superfluo o desmedido


Es cierto que poder hacer regalos causa, quizás, más satisfacción que recibirlos y estos dos extremos entran en la esfera del consumismo, que no tiene por qué ser una "mala palabra" pués sin él no habría sociedad que progresara.



Sin "consumismo" no se venderían los productos que entregan las industrias, no se venderían libros, no se viajaría. Se crearía desempleo, y la sociedad se paralizaría.



Además, el consumismo coherente es un premiol al trabajo porque permite el acceso a cosas que de otro modo nunca podríamos tener y que contribuyen a que seamos un poco mas felices. De lo contrario, caeríamos en el aserto del genial Jorge Luis Borges: He cometido el mayor de los pecados, no he sido feliz.



Lo importante sería destinar parte del consumismo suplerfluo para ayuda solidaria -cada uno sabrá como hacerlo; los canales son múltiples. Es triste pensar que hay padres que no pueden regalar nada a sus hijos, o también a la inversa. Padres que tienen los mismo sentimientos que nosotros pero que se ven obligados a vivir la Navidad de otra manera, cruel e injusta.


Una periodista dijo en Internet: Estas navidades serán unas fechas difíciles para muchas familias. Tan sólo en España las cifras de desempleo han llegado ya a los tres millones de personas y con unas perspectivas de aumento en los próximos meses. Sin embargo, los causantes de esta crisis siguen con su ritmo de vida. Esto se puede aplicar a cualquier país; España es sólo un ejemplo.


Y continua diciendo la periodista Ana Muñoz: Y, sobre todo, personas sonrientes y felices. Muy felices por poder comer un buen plato el día de Navidad, tener regalos debajo del árbol o comer un trozo de turrón en familia con un gran fuego de chimenea. Una réplica idílica de un Primer Mundo irresponsable, con una sociedad egoísta que sólo se acuerda de aquellos que no lo pasan tan bien cuando salen en las noticias.



Ante la crisis los gobiernos acuden en ayuda de los bancos y las grandes empresas. Y la gente ?


Esto puede relacionarse con un chiste gráfico en el que un banquero le dice a otro: "Tenemos que conceder créditos rapidamente porque si se descubre que la Navidad puede pasarse sin gastar dinero, estamos perdidos".


El premio Nobel de Literatura José Saramago considera que la época navideña, caracterizada por el consumismo y despilfarro en los países ricos, supone "vivir en una burbuja que nos defiende de lo que pasa afuera, donde hay personas que no tienen ninguna esperanza".



Saramago recuerda que nunca se ha podido vencer el hambre y la miseria. "Pero ahora hay muchos más ricos que hace 50 o 100 años, mientras los pobres se han multiplicado. Hay que tener en cuenta que la distancia entre los que tienen y los que no tienen solo guarda paralelismo con la distancia que existe entre los que saben y los que no saben, y los que no tienen son los que no saben, por lo que son condenados desde que nacen".


Por su parte, otro Premio Nobel, el colombiano Gabriel García Márquez opina: "Ya nadie se acuerda de Dios en Navidad . Hay tanto estruendo de cornetas y fuegos de artificio, tantas guirnaldas de focos de colores, tantos pavos inocentes degollados y tantas angustias de dinero para quedar bien por encima de nuestros recursos reales que uno se pregunta si a alguien le queda un instante para darse cuenta de que semejante despelote es para celebrar el cumpleaños de un niño que nacio hace 2.000 años en una caballeriza de miseria, a poca distancia de donde habia nacido, unos mil años antes, el rey David ".



En la noche del 24, los discursos de presidentes y monarcas, con un fondo de arbol navideño lleno de luces y guirnaldas, deberían complementar la expresión de buenos deseos para todos, con anuncios de medidas concretas para ayudar a los necesitados.


Y ya, para poner un colofón a estas líneas, volvamos al tema central de esta festividad: la gastronomía y los regalos.


Entiendo que el regalo que vale no es el que se hace con el bolsillo sino con el corazón.


Para una maestra el mejor regalo sea tal vez una simple hoja de papel en la que un niño haya escrito : gracias por lo que me has enseñado. No le ha costado un céntimo pero su valor no tiene precio.


*

13 de diciembre de 2008

Admirables actores españoles



José Trepat
Cuando descubrimos alguna pieza musical que nos emociona, cuando leemos un libro que nos interesa especialmente, cuando vemos alguna película cuya trama nos atrapa, cuando vemos alguna serie por televisión que nos impacta de una u otra manera…

Cuando sucede algo de eso, surge el deseo –por lo menos en mi caso- de compartir esa experiencia con otras personas que sentimos cercanas, aunque algunas veces la distancia que nos separa sea de miles de kilómetros. Es decir, creemos honestamente que los méritos que nuestra capacidad emocional o intelectual ha “descubierto” en la obra o personajes en cuestión, pueda tener también el reconocimiento de otros.

Delimitando el amplio espectro esbozado en el primer párrafo de esta nota , el presente comentario está circunscrito al ámbito televisivo y más concretamente, a una serie que la televisión española emite desde hace diez años. Se trata de “Cuéntame como pasó”, una obra de ficción ambientada en un período concreto de la historia reciente: la transición del franquismo a la democracia.

Con las licencias que toda ficción puede utilizar en cuanto al rigor histórico de los hechos que narra, la saga familiar de la familia Alcántara me “atrapó” desde que comencé a verla en el año 2002, pero lo que me ha deslumbrado, sobre todo en los capítulos más recientes, es la actuación de tres de los principales actores: Juan Echanove, Ana Duato y principalmente Imanol Arias; todos absolutamente admirables en sus interpretaciones. El resto del elenco no desentona en absoluto.

Hay momentos en los que cuesta creer que simplemente estén actuando, rodeados de luces, técnicos y un director que “vigila” cada uno de sus gestos o expresiones. El espectador desconoce cuántas toma se han hecho de una escena, pero el resultado final es óptimo, y eso es lo que queda en la retina.

Lo de “admirables” se aplica también a su condición de personas comprometidas con su tiempo y con los problemas sociales de este mundo globalizado. Cuando un deportista, un escritor o un actor sacude las fibras emocionales del destinatario de su trabajo, se produce –a veces- el deseo de indagar un poco más acerca del mundo real en el que esos personajes se desenvuelven.

¿Qué admirador de Gabriel García Márquez, José Saramago –por ejemplo- u otro escritor/ra de mayor o menor relevancia no ha sentido interés en algún momento por conocer más datos sobre su vida?

En el caso de Ana Duato e Imanol Arias esa búsqueda de información no defrauda.
Alejados de los escándalos protagonizados por caras bonitas y escaso cerebro, que con frecuencia invaden el mundo de la farándula, estos actores con mayúsculas han preferido dedicar parte de su tiempo a realizar obras que merecen más difusión que los escandalotes que no aportan más que elevadas dosis de idiotez.

En mis recorridos por la radio y televisión oficial española, que en opinión persnal son de una excelente calidad y contenido –quien no lo crea así tiene derecho a hacerlo- descubrí hace poco un video sobre una visita de Ana Duato e Imanol Arias, a Níger, uno de los países más pobres del mundo, como embajadores de UNICEF para colaborar con su presencia en proyectos de asistencia médica y vacunación, y un sistema integral de extracción y tratamiento de agua, entre otros.

El video de una hora de duración resume el viaje de siete días de los artistas, que esta vez sin maquillajes ni coloretes en los rostros, exhiben sin embargo su rostro más humano y real: el de la solidaridad con quienes no tienen tanta suerte de poder sentarse frente al televisor para disfrutar de la saga de la familia Alcántara.

Los abrazos y besos que la rubia actriz recibe y reparte entre los negritos africanos y las morisquetas de su compañero de viaje frente a un auditorio que sigue atentamente sus gestos con miradas de asombro, hacen pensar que tantas otras figuras públicas podrían hacer aportes similares, por una razón muy simple: para solucionar un problema primero hay que conocerlo, y Ana e Imanol hacen lo que está a su alcance: lo difunden aprovechando su imagen.

Pero no se trata aquí de relatar el contenido del video porque todos pueden verlo en http://www.rtve.es/television/20081126/niger-una-emergencia-silenciosa/199076.shtml, y que es sumamente interesante, sino de expresar admiración por esta pareja de cotizados actores y por otras figuras de la vidriera pública que probablemente también lo hacen.

Imanol Arias, quién como dato curioso, fue quién presentó al galardonado director de cine Pedro Almodóvar a un desconocido entonces Antonio Banderas, es también dueño de una empresa que se dedica a la ecología y al medio ambiente, llamada CAYTEC. Pertenece además a varias ONG, como Intermón OXFAm, Médicos del Mundo o el Grupo Attac.

Su posición contra la guerra de Iraq lo llevó a participar en varias manifestaciones, a las que definió como “contra una forma de gobernar, en contra de un mundo que viene. Es necesaria una reflexión por parte de todos que eviten realidades como la explotación infantil y el hambre. El deber de los actores es el de seguir demandando un lugar en el mundo", explicó.

.









De origen humilde, Imanol afirma que “la falta de dinero me hizo ser una persona muy sociable y sensible a los que me rodean”. Obsesivo con la pulcritud y la limpieza trasladó esa cualidad a su empresa Caytec, dedicada a la limpieza de instalaciones de aire acondicionado.

.









“Tomamos un litro y medio de agua al día con una cantidad ingente de controles, un kilo 400 gramos de alimento diario con todas las inspecciones pertinentes, pero consumimos 19.000 litros de aire al día en edificios cerrados sin ningún control. Esa desproporción me hizo fijarme en la necesidad de montar esta empresa”, dijo en una entrevista.


Estos pocos párrafos elaborados en una tarde de sábado quieren tan sólo expresar admiración por un trabajo actoral impecable, y solidaridad hacia todos quienes hacer valer su influencias para ayudar a paliar la vergonzosa brecha que separa a ricos y pobres en un mundo que es de todos.

*

7 de diciembre de 2008

Personajes - NINO BRAVO y "Libre"








José Trepat



Poco después del mediodía del 16 de abril de 1973, el repiqueteo de campanillas de la teletipo alertó a los redactores de la mesa de noticias de la agencia Reuter, sobre la inminente aparación de un despacho URGENTE.



Dos segundos después, una escueta línea quedó impresa en la máquina receptora. “Spanish singer Nino Bravo was killed today in a car accident” (El cantante español Nino Bravo murió hoy en un accidente automovilístico).

Me correspondió a mí procesar la información urgente y más tarde la ampliación de la noticia. A medida que iban llegando los datos nos enteramos de que el flamante BMW 2.800 conducido por el cantante se había salido de la carretera en una curva y dio varias vueltas de campana, cuando se dirigía a Madrid desde Valencia, su tierra. Tenía 28 años y estaba en la plenitud de su carrera.

Después de un comienzo con altibajos, su carrera de cantante que le deparó varios premios y ser considerado la mejor voz de España y de Europa, se consolidó definitivamente con el tema que le compuso Augusto Algueró: “Te quiero, te quiero”.

Luis Manuel Ferri Llopis, tal su verdadero nombre, se casó en 1971 con María Amparo Martínez Gil. Tuvo dos hijas pero no llegó a conocer a la segunda.





A poco de casarse en secreto viajó a Argentina dónde actuó en el Canal 9 junto al cantor de tangos Argentino Ledesma. Dueño de una voz excepcional, era muy conocido en América, y su canción “Libre” ocupaba y ocupa un importante lugar entre mis preferidos.

Precisamente “Libre”, un canto a la libertad, ha sido el disparador de esta nota, y ya se verá por qué.

Tres años después, en 1976 la agencia me envió a Santiago de Chile para la cobertura de la Asamblea General de la Organización de Estados Americanos (OEA) que iba a realizarse en el vecino país, controlado por los militares de Augusto Pinochet tras el golpe militar que derrocó al presidente constitucional Salvador Allende.

Instalado en el hotel Sheraton junto con el resto del equipo de periodistas, nuestra tarea se desarrollaba sin problemas serios en un marco de extremas medidas de seguridad que incluían un riguroso control del movimiento de extranjeros. Estaban en el país representantes de todos los países de América latina y también la delegación de Estados Unidos.

La comitiva norteamericana estaba encabezada por el Secretario de Estado Henry Kissinger, a quién tiempo después se señaló como el instigador del golpe que acabó con el gobierno y la vida del socialista Allende. Kissinger estaba custodiado por decenas de agentes del Servicio Secreto estadounidense que no permitían que nadie se le acercara a menos de tres metros.

En ese tenso ambiente desarrollábamos nuestro trabajo de unas doce horas diarias; así era la vida de los periodistas, siempre alertas y con pocas ocasiones de “desconectarnos” de lo que sucedía a nuestro alrededor.

Sin embargo una noche, el gerente general de Reuters que había llegado desde Buenos Aires para supervisar el trabajo, invitó a nuestro grupo de cuatro o cinco periodistas, a cenar en un restaurante de la zona céntrica de Santiago.

El salón comedor estaba en el subsuelo y mientras nos dirigíamos a ocupar nuestra mesa observábamos la ambientación del lugar. Con luces difusas y velas encendidas en las mesas, los comensales llenaban el recinto con sus voces mientras en un pequeño escenario un reducido conjunto de músicos amenizaba el momento.

La cena transcurría normalmente hasta que una mesa próxima se convirtió en el centro de la atención. Siete u ocho militares chilenos, todos con rangos de oficiales, hablaban y reían cada vez a mayor volumen mientras levantaban sus copas de vino y jarras de cerveza con un brindis tras otro. Sólo ellos sabían lo que habían bebido hasta ese momento.

La animación en la mesa de los militares, con sus uniformes impecables que semejaban en cierta manera a los de los oficiales alemanes de la época de Hitler, creció en intensidad hasta que uno de ellos ordenó poner la música del tema “Libre”.

Al comenzar los acordes, se pusieron de pie y a voz en cuello desgranaban las estrofas de la canción que de manera tan notable había popularizado Nino Bravo.

La música, las luces difusas, los enrojecidos rostros de los militares y las jarras de cerveza por sobre sus cabezas me hicieron recordar a la película “Cabaret” y también a “Casablanca” en la escena que las canciones de guerra de los oficiales nazis son acalladas por las voces de los parroquianos que cantan al unísono “La Marsellesa”.

Cada vez que veo un anuncio o leo alguna referencia sobre la película “Cabaret”, me viene a la mente la imagen de esa cena en Santiago de Chile.

Los militares chilenos buscaban probablemente el acompañamiento del resto de los comensales en ese tema que según supe después, había sido elegido por los oficiales de Pinochet como una especie de himno a la libertad que los identificara.

Los ocupantes de las otras mesas no los secundamos y creo que Nino Bravo tampoco lo hubiese hecho. Es más, no lo creo, estoy seguro.




El tema puede verse/escucharse en






*


1 de diciembre de 2008

OPINION - Racismo, Discriminación y Tolerancia




Esta es una niña negra. Cuando crezca seguirá siendo negra.






Estos son niños sudamericanos. Cuando crezca seguirán siendo sudamericanos.







Este es un niño árabe. Cuando crezca seguirá siendo árabe.






Este es un niño blanco. Cuando crezca seguirá siendo blanco.

José Trepat
Y así con todas las etnias que están repartidas en el planeta; no las puedo citar a todas aquí porque no las sé y porque sería redundante. Ya está bien con estos cuatro casos para desarrollar un ensayo personal de opinión sobre racismo, discriminación y tolerancia.

Alguien discriminaría a estos niños/niñas? Probablemente no, pero cuando sean mayores, algunos serán el blanco de ese estigma.

Nadie elige en que religión ha de nacer, que color tendrá su piel ni cuales son los antecedentes de sus antepasados a lo largo de la historia.

Soy un acérrimo defensor de que se juzgue a las personas como individuos y no como miembros de una comunidad determinada. Eso de discriminar a alguien por su credo, color o raza, no va con mi manera de pensar y me asusta e incomoda escuchar a mi alrededor a quienes se refieren a alguien –sin conocerlo en profundidad- diciendo: “Ah, éste es xxxxxx….” marcando a esa persona con un estereotipo social.

La persona catalogada así puede, a su vez, hacer lo propio con quien la juzga tan a la ligera, y así gira la noria.

También es frecuente escuchar que por tener un documento que lo acredite con una nacionalidad determinada –lo del nacimiento es un mero accidente geográfico- alguien se crea mejor que otro que ha visto la luz tal vez al otro lado de un río que marca la frontera entre dos países.

La historia ofrece innumerables casos de crecimiento personal en base a esfuerzo, perseverancia, valores humanos como decencia, honradez, sacrificio, desinterés y amor al prójimo, independientemente de que provenga de cuna rica o pobre.

Si bien a una comunidad se la identifica por rasgos que han ido cimentándose a lo largo de las generaciones, no todos los individuos que componen esa sociedad son iguales ni tienen por qué sentirse superiores como tales en desmedro de otros congéneres que han crecido en condiciones mucho más adversas, por los distintos factores que han coadyuvado a que ello sea así.

A lo largo de mi vida he tenido la satisfacción de conocer a personas que no eran de mi religión, de mi color de piel ni de mi condición social. Quizás tenía un preconcepto de ellas en base a esos factores, pero que maravillosos individuos resultaron ser a medida que iba conociéndolos en el trato diario. Qué estúpido es eso de discriminar a alguien sin conocerle, y que recomendable es ejercer la TOLERANCIA, o sea, respetar lo que es diferente de nuestros valores; tal vez los que ellos sostienen sean más sólidos. Esto queda para sociólogos y filósofos.

Cuando en un partido de fútbol, un anónimo espectador blanco le endilga a un jugador negro el insultante “negro de m……” se autodescalifica y en el ardor de la pasión seguramente no se pregunta si él es mejor persona que el destinatario de su insulto. Sería bueno que, “en frío” lo hiciera.

Aquí entramos en lo que parece ser el meollo de la cuestión: la formación familiar que recibimos independientemente de nuestra condición social. Si todos somos producto del entorno en el que hemos crecido probablemente se dirá que hay atenuantes para justificar un comportamiento determinado. Para que una pieza de cerámica adquiera la forma buscada, hay que ir moldeándola pacientemente mientras la arcilla aún es maleable.

Si una vez terminada la cerámica se rompe, el responsable no será quien la haya moldeado… o sí, dependerá del caso. Pero a todos nos toca la responsabilidad de moldear a quienes podamos hacerlo. Claro que el resultado final nunca será idéntico a las otras “piezas”; por algo somos individuos, una persona con abstracción de las demás.

Si estas líneas han servido para que al menos una persona reflexione unos instantes sobre racismo, discriminación o tolerancia, el objetivo está cumplido.
*