25 de febrero de 2009

El poder de la imagen

José Trepat


La fotografía alegra el espíritu, exalta la belleza de cosas que nos rodean, nos lleva a sitios lejanos que probablemente jamás visitaremos, pero también la fotografía duele, impacta, golpea, nos solivianta y es como un puente entre lo idílico y lo real.


¿Quién no ha sentido gozo y admiración al contemplar un amanecer o una puesta de sol, al ver los increíbles colores de una flor, paisajes maravillosos, el primer plano de un rostro de niño o la figura serena de un animal que retoza feliz en su entorno natural?.


Pero la lente, de una cámara registra también el lado oscuro de la especie humana, ese que no queremos mirar pues al no verlo es como si no existiera. Esas dos vertientes del arte fotográfico –lo bello y lo deleznable- son válidos por sí mismos y existen; son parte de nuestra vida y de nuestro mundo.


Nos ocuparemos hoy de la foto testimonial, de denuncia, faceta que tiene como sus máximos exponentes a los corresponsales de guerra, esos arriesgados y consumados artistas que confirman el aserto de que a veces una fotografía vale más que mil palabras. Es verdad que no hace falta que la imagen sea tomada en un escenario bélico para que nos impacte o hiera nuestra sensibilidad.


Hace unas horas abrí un mail en el que se invitaba a leer el discurso pronunciado por el fotoperiodista español Gervasio Sánchez, en ocasión de recibir el premio Ortega y Gasset, por sus imágenes contra la guerra, patrocinado por el diario EL PAIS. Sánchez agradeció la distinción con un discurso que según el mail no fue bien recibido por las altas esferas oficiales.


Y no era para menos ya que el fotógrafo fustigó duramente a aquellos países que en cierta manera fomentan las guerras a través de la venta de armas. Destinatarios de sus críticas fueron los últimos gobiernos españoles, pero por extensión la denuncia alcanza también a muchos otros, incluyendo Estados Unidos, cuya economía se asienta mayormente en una colosal industria armamentista.


La crítica de Sánchez es válida para cualquier país o gobierno que se dedique al tráfico de armas.
Las imágenes testimoniales captadas por la lente de Sánchez refrendan sus palabras de manera elocuente, como lo prueba esta foto de una mujer mozambiqueña con piernas ortopédicas, junto a su hija.



O esta otra de una niña kurdo-iraquí junto a las perneras vacías y muletas de su hermano, que perdió las piernas a causa de una mina terrestre provista por la tecnología de un país del “primer mundo”.

Otra imagen que ha recorrido el mundo y refleja de manera contundente los horrores de la guerra es la ganadora del Premio Pulitzer de 1972. El momento fue captado por el fotógrafo de la agencia AP, Nick Ut. Los niños huyen de su aldea tras haber sido rociada con NAPALM.

La niña que se ve en el centro se llama Kim PSUC, y así se la veía en 2005, según consigna una página de Internet.















Los corresponsales de guerra no sólo registran escenas bélicas, sino que a veces buscan reflejar una imagen todo lo que podría decirse en un editorial de cientos de palabras. La guerra y la miseria van de la mano, como puede verse en esta memorable fotografía, ganadora también del Pulitzer.



Excepcional foto-testimonio que no necesita ni una palabra explicativa.

El valor de una fotografía depende también del instante preciso en que fue registrada. En la siguiente un prisionero del Vietcong acaba de recibir una bala disparada por un oficial sudvietnamita. El fotógrafo estaba allí y apretó el disparador en el momento justo. Mérito para Eddie Adams.

El mail sobre Gervasio Sánchez pedía que el mismo fuese divulgado, y es lo que modestamente acabo de hacer.
Una cita final de Albert Camus sobre la guerra: “La paz es la única batalla digna de emprenderse”.
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23 de febrero de 2009

Admiración por un poeta comprometido



José Trepat



Sin haber incursionado en demasía en el vasto mundo de la poesía no por ello puedo dejar de admitir que esta vertiente de la literatura de tanto en tanto despierta en la sensibilidad que cada uno puede tener, una dosis de admiración hacia esos malabaristas de las palabras sobre todo cuando estas se amalgaman para describir personas y lugares.

Esa es la faceta poética que no me deja indiferente cuando mis sentidos se ven invadidos por algunos de esos textos que tan admirablemente describen una situación, un lugar, un hecho nimio, o que se internan en el intrincado laberinto del alma, insondable y misteriosa.

Si los versos han sido escritos en un entorno de sufrimiento, carencias y dificultades, quien los lee y desmenuza cada línea, probablemente se sentirá más compenetrado con el mensaje del poeta, tal vez la única manera que haya tenido de expresar sus sentimientos. Versos escritos desde la cárcel o el exilio son el mejor ejemplo.

Artífices ha habido muchos pero esta nota se circunscribe a sólo unos pocos y entre estos está Antonio Machado, de cuya muerte en el exilio acaban de cumplirse 70 años. La mención de esa efeméride en un programa de radio me ha dado la “excusa” para expresar mi admiración hacia el poeta sevillano nacido en 1875.

Como otros tantos miles, me interesé por conocer más a fondo la obra de Machado, a partir de la excepcional musicalización de sus versos por parte de otro poeta de nuestros tiempos, Joan Manuel Serrat. Con el aporte de ambos surgió el mejor long play que jamás se haya hecho, opinión personal.

Con el trasfondo de la música de Serrat, transitar por los versos de Machado constituye un verdadero deleite y despierta la admiración ver-sentir de qué manera el poeta cuenta su infancia en Sevilla o describe algo tan banal como un tronco podrido. Recordemos sólo las primeras cuatro líneas: Al olmo viejo, hendido por el rayo / y en su mitad podrido, /con las lluvias de abril y el sol de mayo, / algunas hojas verde le han salido.

En algunos textos se lee que en opinión de Machado, “las imágenes que no parten del sentimiento, sino sólo del intelecto, no valen nada”. Y en verdad, sus versos melancólicos, de hombre taciturno, ratifican esa opinión.

Antonio Machado se vio obligado a exiliarse en Francia a poco de comenzar la Guerra Civil Española, pues simpatizaba con la república al igual que otros grandes poetas de la época como Miguel Hernández, cuyos sufridos versos escritos en la prisión dónde murió de tuberculosis, alcanzaron también nueva dimensión a través también del siempre coherente Serrat.

Antonio Machado tiene en su vasta obra un “relato” poético sobre el fusilamiento de otro grande, Federico García Lorca. Qué bueno es recordarlo:

EL CRIMEN FUE EN GRANADA

Se le vio, caminando entre fusiles,
por una calle larga,
salir al campo frío,
aún con estrellas, de la madrugada.
Mataron a Federico
cuando la luz asomaba.
El pelotón de verdugos
no osó mirarle la cara.
Todos cerraron los ojos;
rezaron: ¡ni Dios te salva!
Muerto cayó Federico
-sangre en la frente y plomo en las entrañas-.
...Que fue en Granada el crimen
sabed -¡pobre Granada!-, en su Granada......

En la línea de estos poetas costumbristas y testimoniales quiero incluir en estas líneas al argentino Atahualpa Yupanqui con su “El payador perseguido”; es el tipo de poesía que prefiero.

En su tumba en Collioure, Francia, donde fue sepultado el 22 de febrero de 1939, Antonio Machado recibió flores y homenajes. Al morir tenía 64 años, pero había dejado este pensamiento: “La muerte es algo que no debemos temer porque, mientras somos, la muerte no es, y cuando la muerte es, nosotros no somos”.


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22 de febrero de 2009

Acontecimiento que no puede faltar

Foto enviada por los papis al cumplir el primer mes de vida.

"Me acaban de regalar este móvil, pero me parece que voy a seguir usando mi zapatófono..."
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17 de febrero de 2009

Altruismo y cobardía



José Trepat



¿Son personas desinhibidas que no creen en los límites de “buen gusto” que impone una sociedad pacata? O son personas altruistas convencidas de que en este caso, el fin justifica los medios? ¿O son ambas cosas?.


Sea como fuere, la decisión de exhibir la desnudez total de cuerpos embadurnados con tinta color sangre en una fría mañana de invierno en Barcelona como protesta impactante contra la crueldad hacia los animales, merece toda la adhesión y el respeto de quienes amamos a los seres vivientes que no pertenecen al género humano.


No es la primera vez que los periódicos publican en sus portadas fotos similares a las exhibidas en esta nota, todo un llamado de atención hacia las emperifolladas damas de la sociedad, que tal vez ignoran o no les importa que para confeccionar cada abrigo piel se ha debido asesinar a 20 zorros o 70 visones.


La ONG Animanaturalis dice que el 85 por ciento de la producción de prendas de piel en Europa proviene de animales criados en granja que se sacrifican por electrocución anal o genital para no dañar la piel.


No es el caso aquí incluir datos estadísticos ni mencionar otros procedimientos de extrema crueldad en torno al comercio de las pieles como prenda de vestir, sino aportar un grano de arena en la defensa de los animales frente a otros sectores que exhiben una insensibilidad total hacia esas vidas y hasta se vanaglorian de la diversión que les produce, por ejemplo, alojar una bala en la frente de un indefenso venado.


Pocos días después de ver la foto de los cien cuerpos desnudos y a rostro descubierto exhibiendo el cartel ¿Cuántas vidas para un abrigo? observé otra imagen que podríamos situar en las antípodas de la anterior.


Varios hombres posan orgullosos delante de los cadáveres de 15 venados de grandes cornamentas que acababan de asesinar de manera miserable y cobarde. Cuánta valentía!



Imaginarlos caminando sigilosamente para sorprender a los indefensos animales hasta tenerlos en las miras de sus poderosos rifles y luego apretar el gatillo, me produce una gran repugnancia, porque es matar por gusto, por diversión.


Uno de esos hombres era el Ministro de Justicia de España, de apellido Bermejo, quien en una entrevista radial dijo que si tuviese tiempo explicaría por qué siente pasión por la caza. En verdad, no me interesa su explicación.


La fotografía de Bermejo con sus trofeos ha tenido repercusión pública por una cuestión meramente política: en la “montería”, como se llama a estas salidas de caza, coincidió con el juez Baltasar Garzón, un encuentro “casual” políticamente incorrecto, como tuvo que admitirlo el propio ministro en las últimas horas.


La trascendencia informática de ese encuentro ha servido también para que pudieran leerse comentarios, algunos muy buenos, como el del periodista y escritor Manuel Vicent , que se incluye a continuación, como final de esta nota.




Cacería
MANUEL VICENT 15/02/2009
Un ministro de Justicia de cualquier país, de cualquier ideología, con una escopeta o con un rifle de mira telescópica en la mano, apuntando a un ciervo, a un muflón, a un guarro, a un conejo o a una perdiz es una imagen que le deja a uno desarmado.


Si encima ese ministro de Justicia es socialista y se deja fotografiar rodilla en tierra agarrado con orgullo a las cuernas de un venado, que exhibe un balazo en la frente, entonces esa estampa resulta tan grosera que no da otra opción que la de salir corriendo en dirección contraria.


Juntos, el ministro Bermejo y el juez Garzón han participado en varias cacerías.

Puede que lucieran abrigos con fuelles en las axilas y una pluma en el sombrero, que desayunaran migas con chorizo en compadreo con el resto de la cuadrilla, que entonaran a coro la salve de los monteros antes de la matanza.


Basta con este pavoneo para merecer la repulsa de gran parte de los ciudadanos, más allá de que trataran o no de apañar algún mejunje judicial entre animales muertos o de que ofrecieran, como membrillos, una baza política a la derecha.


Hay que imaginar al ministro de Justicia con el rifle cargado, bien apalancado en el puesto ante un venado, que se ha destapado entre unos arbustos. A través de la mira telescópica vislumbra en primer plano por un instante sus ojos de terciopelo, su belleza, su inocencia y, no obstante, frente a esa armonía de la naturaleza no duda en apretar el gatillo.


Entre gran alborozo recibe la felicitación de los secretarios por ese tiro tan certero y luego marca la culata de la pieza ensangrentada con sus iniciales. No posee un espíritu muy fino el ministro Bermejo si no es no es capaz de percibir que los ciervos que mata, miran antes la boca de su rifle llorando.


Hay que imaginar también al juez Garzón ajusticiando con propia mano a unos venados, que han sido cebados entre alambradas sólo para que después unos señoritos de pelo ensortijado se den el gustazo de llenarles de plomo la barriga.


El ministro Bermejo y el juez Garzón, juntos o por separado, no deberían matar animales, porque el oficio tan delicado de hacer justicia no encaja en una afición tan violenta y antiestética. Es como ver al ministro de Sanidad totalmente borracho. Ése y no otro es el escándalo.

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12 de febrero de 2009

Selecciones del Reader's Digest fue el comienzo



José Trepat



En la creación de un blog, con toda toda la tecnología que actualmente nos ofrece Internet, intervienen factores y motivaciones diversas, cuya enumeración sería larga y engorrosa.

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Ya sea para la publicación de fotografías –la era digital lo facilita de una manera impensable hasta no hace mucho- compartir conocimientos y cambiar opiniones, cada blog aporta un sello personal e intransferible.

Difundir alguna obra literaria propia o promocionar algún producto, que de no contar con este medio sería oneroso o casi imposible, son algunas de las innumerables ventajas de este artilugio electrónico cuya proliferación parece no tener límite.

Algunos blogs han quedado como meros intentos fallidos y son ahora una especie de resaca cósmica que navega en el espacio cibernético. Otros, en cambio, se han consolidado y convertido en puntos de referencia para millones de cibernautas que los visitan según sus gustos y necesidades.

Un blog se crea con alguna idea preconcebida, con algún propósito determinado, aunque también están quienes lo hacen como una experiencia novedosa, “a ver que saldrá de esto”. No faltan tampoco aquellos que aprovechan estas facilidades con algún propósito espureo, pues hay de todo en la villa del Señor, parafraseando este antiguo dicho.

Pero para que un blog perdure debe tener vida, o sea, debe actualizarse, so pena de caer pronto en el olvido. Los aficionados a la fotografía quieren exhibir lo que consideran aceptable dentro de su propia cosecha, a los amantes de la lectura les gusta fomentar ese hábito, y a quienes se han pasado muchos años frente a una máquina de escribir, les place hacerlo, aunque sólo sea para no anquilosarse, valga el neologismo.

Si lo que se publica en un blog tiene mucha o poca repercusión es harina de otro costal.

Como resultado de estas digresiones, el autor de estas líneas publica algunas de sus fotos y fomenta la lectura en los blogs “hermanos” que pueden verse en la columna de la derecha, y a la vez está atento a cualquier hecho o palabra que pueda ser el disparador para escribir alguna nota que le permita mantener su rutina-terapia.

El germen de esta nueva nota ha sido ver junto a un contenedor de residuos un ejemplar antiguo de "Selecciones del Reader's Digest". Inmediatamente me vino a la memoria todo lo que significó esa revista mensual para mi posterior afición a la lectura.

El recuerdo se remonta a cuando tenía diez años, y en ese momento no sabía que la línea editorial era de extrema derecha católica; mi afecto por esa publicación excluye toda connotación política, queda claro.

A la sazón vivía en una chacra argentina (casa rural) de unos parientes. Debido a mi endeble constitución física propia de la edad, pocas eran las tareas de campo que estaba en condiciones de realizar, pero sí había una en la que me “especialicé”: cuidar cerdos mientras pastaban.

Los cerdos se encerraban por la noche y todas las mañanas se los dejaba en libertad para que fueran a alimentarse libremente. Pero claro, había que cuidar que no se desperdigaran o directamente se escaparan a una chacra vecina. Esa era mi tarea, ayudado por perros ávidos de recibir la orden de traer de vuelta a algún “chancho” que se había alejado demasiado.

Tenía que estar tres o cuatro horas vigilando a los cerdos, lo cual llegó a ser un poco aburrido. Hasta que un día descubrí en la casa una enorme pila de ejemplares de una revista tamaño libro, Selecciones del Reader's Digest. Me llevé una para hojear mientras estaba con los queribles porcinos, y a partir de ese momento comencé a LEER, sin que nadie me obligara, lo hacía por gusto.

Artículos cortos condensados de otras publicaciones, chistes, secciones fijas como “Mi personaje inolvidable”, “Yo soy el hígado de Juan” (y así los restantes órganos del cuerpo humano), libros resumidos, artículos sobre animales y otros temas variados, constituían un imán entre la revista y el lector.

Estaban también los artículos políticos en los que invariablemente los comunistas eran muy malos y los norteamericanos muy buenos. Me creía todo lo que leía, para qué negarlo. Pero haciendo abstracción de la línea política sobre lo cual a medida que fui creciendo me di cuenta de que no era “ni muy muy ni tan tan”, el resto de los artículos los encontraba apasionantes.

Obviamente me leí de cabo a rabo todos los ejemplares que había en la casa y más adelante, instalado en Buenos Aires, inicié un intento por tener la colección completa comprando los ejemplares antiguos en puestos de libros y revistas usadas. Nunca llegué a completarla.

Cabe consignar que Argentina fue el primer país que publicó la revista en castellano, alrededor de la década de 1950. Hace años que no tengo un ejemplar en mis manos, pero según pude ver en algún kiosco de revistas, mantiene el mismo tamaño, aunque ahora con menos páginas.

El creador de Selecciones, Dewitt Wallace, murió en 1981 y al no dejar herederos la revista continuó como empresa pública con cerca de 100 millones de lectores mensuales, 48 ediciones diferentes según el país, y es traducida a 19 idiomas.

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La revista TIME le dedicó su nota de portada en 1951 y ocho páginas interiores que explicaban las claves del éxito editorial que comenzó a publicarse en 1922.

A pesar de no comulgar con su línea editorial, Selecciones del Reader's Digest ocupa un lugar en mis afectos por haber sido la llave que me abrió las puertas al maravilloso mundo de la palabra escrita.


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9 de febrero de 2009

Woody, que decepción!



José Trepat


Vicky Cristina Barcelona debe tomarse como lo que es: una comedia liviana, convencional, intranscendente, banal y un tanto inverosímil. Si se pretende ver algo pasatista de ese calibre, está bien, el espectador no saldrá defraudado.

Pero es que detrás de esta producción está el nombre de Woody Allen, un cineasta inteligente que a lo largo de su carrera acuñó frases irónicas, mordaces –algunas dignas de ser enmarcadas- y a la vez aportó al cine muy buenas películas, en su faceta múltiple de guionista, actor y director.

No he visto todas las películas de Woody Allen pero las que recuerdo me han dejado un sabor agradable y ganas de no perderme todo lo nuevo que puede aportar este singular neoyorquino que prefiere tocar su clarinete antes que asistir a la ceremonia de los Oscar para recibir alguno de los premios, como ocurrió con Annie Hall.

Vicky Cristina Barcelona me dejó la sensación de que Woody escribió el guión en el viaje desde Nueva York a Barcelona, una ciudad “perfecta” según sus propias palabras, y que su filmación fue meramente un trámite. Quizás quiso hacerla como homenaje a su admirada Barcelona y de paso ganar algún dinerillo. Esto último lo logró sin duda.

Lo último que había visto de Woody Allen fue la excelente Match Point, en la que quedó ratificada mi admiración por este cineasta de gran nariz, grandes gafas y gran talento. Algunas obras anteriores como Hanna y sus hermanas, Alice, y Asesinato en Manhattan se destacan por sus diálogos mordaces, irónicos y también profundos, según lo requería la temática.

Para Vicky…. Allen convocó a un elenco consagrado encabezado por la pareja española –también pareja en la vida real, por lo menos hasta hoy- Javier Bardem y Penélope Cruz, nominada candidata al Oscar como mejor actriz de reparto ….por su actuación en Vicky Cristina Barcelona…! Me arriesgo a apostar que no lo ganará.

Cuando se piensa en los grandes nombres femeninos que obtuvieron el Oscar – Katherine Hepburn, Bette Davis, Sofía Loren, Meryl Streep, Helen Mirren, Susan Sarandon, etc., por papeles estelares, suena un tanto ambicioso pensar que la buena de Penélope pueda recibirlo por ESTA película, aunque sea como actriz de reparto. Tal vez en otras lo consiga, no hay por que negar sus dotes.

Quizás lo que Woody pretendió hacer fue precisamente una película así, fácil y sin complicaciones pues en definitiva vive de esto. Pero uno siempre espera algo más del talento de este pequeño judío que a los 16 años adoptó el pseudónimo de Woody Allen en reemplazo de su apellido real, Konisberg, menos comercial.

La voz en off que relata lo que sucede como si alguien te contara un cuento, es innecesaria pues con las imágenes basta y sobra para una trama tan fácil de entender.

Dos amigas norteamericanas llegan a Barcelona. Vicky, seria, con novio formal y a punto de casarse viene para profundizar una tesis académica sobre “identidad catalana”, mientras que Cristina, su amiga, es libre y más desinhibida. Se alojan en la residencia de un matrimonio amigo bien posicionado económicamente. El marido le dice a Vicky que de poco le servirá su tesis mientras que a Cristina le vaticina que se casará con un millonario y no tendrá que preocuparse por nada.

De “identidad catalana” poco y nada, salvo las consabidas referencias a Gaudí, infaltable en toda imagen que pretenda mostrarse de Barcelona, con apenas dos tomas de su obra cumbre, la Sagrada Familia. Parecería que en la capital de Cataluña sólo se habla español y los restaurantes a los que concurren los personajes son todos de alto nivel, caros, bien al estilo hollywoodense. Todo muy edulcorado y sin complicaciones.

Si Woody Allen quiso homenajear también a la gastronomía catalana, no lo consigue pues no se muestra ni se menciona ningún plato en especial, aunque sí grandes copas de vino que las turistas y su anfitrión paladean delicadamente mientras escuchan música de Albéniz que brota de alguna guitarra flamenca.

La pareja de amigas asiste a una exposición de pinturas y en el cóctel que se ofrece a continuación son abordadas, cómo no! por el consabido pintor algo bohemio interpretado por Javier Bardem, que claro está, es el prototipo del latin lover y macho ibérico.

Bardem, Juan Antonio Gonzalo en la ficción, se acerca a la mesa de las americanas y con todo desparpajo y en pocos segundos de conversación invita a ambas a acompañarlo a Oviedo y acostarse con él. Deberían viajar dentro de una hora en una avioneta que le presta un amigo y piloteado por él, faltaría más.

Vicky, pensando en su novio rico y aburrido que la espera en Estados Unidos para casarse, al principio se niega contrastando con la aceptación casi inmediata de su amiga Cristina, notoriamente excitada por el directo Bardem y su barba de dos días. Es que le parecía perfecto, a eso había venido a España!. Finalmente Vicky accede a acompañarla.

La visita a Oviedo, en la que Bardem obviamente se acostará con las dos, parece haber sido introducida por Woody en la película como un homenaje también a la ciudad de Asturias, otra de sus predilectas, en la que no hace mucho fue distinguido con el preciado Premio Príncipe de Asturias de las Artes.

El pintor interpretado por Bardem vive en una lujosa residencia con piscina incluida y un inmenso estudio del que salen en cantidades industriales las pinturas que puede verse al derecho o al revés. ¿Tanto dinero le reportan sus obras como para vivir en ese palacete y desplazarse en su rojo descapotable deportivo? ¿O es que proviene de una familia acaudalada? No se sabe, ¿qué más da?.

En el viaje a Oviedo, Bardem lleva a sus amigas a conocer a su padre, un poeta que vive solo y se niega a dar a conocer su obra… en fin, es libre de hacerlo.

Por supuesto, la recatada Vicky sucumbe a los encantos del anfitrión y se replantea su vida y su futuro con respecto al novio que la espera. Cristina por su parte, no tiene ningún complejo y se abandona a una relación intensa con el incansable pintor.

A todo esto, dónde está la aspirante al Oscar? Al promediar la película Penélope aparece en escena como la conflictuada ex esposa de Bardem que acaba de intentar suicidarse y es acogida por su ex marido que la lleva a vivir con él y con Cristina, pues no puede dejarla sola en medio de esa crisis. Al principio Cristina rechaza la idea pero el que manda es el “macho ibérico” y no tiene más remedio que aceptar. Tal es así que finalmente termina manteniendo una relación lésbica con la María Elena que interpreta Penélope.

Una serie de vicisitudes permite a la popular Penélope desplegar todo su histrionismo chillón e histérico que puede darle la estatuilla de la Academia de Hollywood. Aparentemente se ha querido presentar a Penélope Cruz como el equivalente español de lo que fue Sofía Loren para el cine italiano, cuando interpretaba de manera magnífica a esa napolitana fogosa y sensual.



No se desvelará aquí el final de la película que a pesar de los éxitos de público y crítica, seguramente no quedará en la historia como una de las grandes creaciones del merecidamente galardonado Woody Allen, gran actor, guionista, productor y eximio ejecutante de clarinete.



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5 de febrero de 2009

La nueva generación





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El blog saluda a Baltazar Aragona en su tercer cumpleaños y lo inscribe como seguidor honorario (aunque incomprensiblemente no está registrado TODAVIA -culpa u omisión de los padres y abuelos).
Baltazar, 3 años
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Estas tres criaturas son los abanderados de la nueva generación del círculo familiar directo, y en ellos y los que vendrán quedan depositadas las esperanzas para un futuro mejor, en base a tres valores fundamentales que en opinión de los abuelos son:

Matías, 18 meses
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G
ratitud
Solidaridad
Tolerancia
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Paula, 10 días
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Esperemos que los orgullosos padres sepan inculárselos
para que puedan alcanzar una meta muy simple: ser buenas personas.
(Y también, ¿por qué no? que ayuden a desterrar los elementos nocivos propios de la
estupidez humana, como celos, envidia, egoísmo, y todos los que se les ocurran a los visitantes de esta página).
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3 de febrero de 2009


Así empezaron García Márquez y tantos otros...

Solo hay que poner algunas palabras en las páginas en blanco y ya está !!

Que esta imagen simbólica sea "el comienzo de una hermosa amistad entre el niño y los libros". Consejo de abuelos

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2 de febrero de 2009

Las lágrimas, el mejor homenaje



José Trepat



Llorar no es algo que pueda fingirse. Las lágrimas que no pueden contenerse trasuntan la más sincera de las emociones y no significan de ninguna manera debilidad, sino emoción en estado puro. Al fin de cuentas el ser humano es la única criatura viviente que puede llorar.

Las lágrimas que Roger Federer vertió cuando se disponía a hablar en la ceremonia de entrega de premios del Abierto de Australia –imágenes que recorrieron el mundo- son quizás el mejor homenaje que el más grande tenista de la historia rindió a su hasta ahora eterno vencedor, el formidable zurdo español Rafa Nadal, el otro protagonista de esta historia, quien al igual que el suizo, dignifica al deporte.

No me interesa cuánto dinero han ganado ambos, que seguramente es mucho. Las diferencias estratosféricas entre el dinero que acumulan los deportistas de élite, y lo que percibe un médico, un científico o cualquier trabajador, es un tema sociológico para abordar en otra nota.

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En las competencias de algo nivel normalmente gana el mejor y los comentarios se limitan a resaltar los tecnicismos y a analizar distintos aspectos del deporte que practican. Pero cuando una victoria o una derrota sacan a relucir el lado más humano, el desempeño de ambos adquiere otra dimensión. Es cuando se proyectan como modelos o ejemplos a seguir por quienes luchan por alcanzar ese nivel.

Cuando comienza un partido de tenis, los rivales quedan solos ante el peligro. Todo dependerá de ellos mismos, de la preparación física de horas y días previos, y de la fortaleza psicológica que da a un deportista esa pequeña o gran ventaja de un deportista sobre otro. En la fórmula Uno el piloto –además de su capacidad- dependerá de la eficiencia de su equipo de ingenieros y mecánicos. En el fútbol, un jugador puede ser reemplazado y su equipo igual terminar victorioso.

Pero en el tenis todo queda circunscrito a cuerpo y mente.

Roger Federer es el jugador mejor dotado técnicamente que haya pisado una cancha de tenis (puede haber opiniones diversas en este sentido) y en la actualidad no tiene rivales… con excepción de un joven de 22 años que entra a la cancha absolutamente convencido de que va a ganar (aunque no lo diga).

Ese convencimiento está sustentado en un estado físico admirable que le permite desplazarse con gran rapidez y sacar golpes imposibles y ganadores que salen de su musculoso brazo izquierdo que va camino de convertirse en el más letal de la historia del tenis. Pero es que además, Nadal empequeñece a sus rivales cuando estos ven que llega a casi todas las bolas desde el primero al quinto set.

Esa voluntad de hierro y gesto fiero en cada tiro ganador es lo que desequilibrado totalmente al gran Federer, hasta el punto de hacerlo llorar de impotencia, porque en su fuero íntimo quizás sienta que le será imposible ganarle. Y esto no es peyorativo para Federer sino que lo enaltecen aún más. Reconocer la superioridad del rival es tal vez la actitud más emotiva de un deportista.

No se conocen declaraciones ni de uno ni de otro que hayan menospreciado a un rival antes de un partido, como han hecho algunos recién llegados al circuito, quienes por haber ganado un par de torneos –en los que no estuvieron ni Nadal ni Federer ni otros tenistas de élite- ya se creen con derecho de vaticinar próximas victorias personales, con humillación incluida.

Aquí radica la importancia de la educación recibida y del entorno en que se mueven los deportistas.

En la ceremonia de entrega de premios, las lágrimas de Federer no pudieron esperar la soledad del vestuario para comenzar a brotar incontenibles.

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Después de cinco sets en los que había recibido el aliento de la mayoría de los espectadores en el estadio Rod Laver de Melbourne, el suizo solo pudo articular unas pocas palabras, mientras a sus espaldas Nadal lo observaba también emocionado pero contenido.

El maestro de ceremonias tomó nuevamente el micrófono para que Federer pudiera recomponerse. Entonces Nadal abrazó a su rival y le dijo al oído palabras de aliento. El suizo, todavía quebrado por la emoción, se adelantó y habló nuevamente. “No quiero tener la última palabra. Eso queda para el campeón”. Agradeció a todos y se retiró un paso atrás.

El locutor presentó entonces a Nadal y éste recibió la copa de manos del tenista australiano Rod Laver, uno de los pocos en ganar los cuatro Grand Slam. El gesto clásico de alzar la copa y exhibirla triunfalmente a todo el mundo, fue obviado por Nadal por respeto a su rival, al que se acercó nuevamente. “Lo siento de nuevo Roger. Seguró que alcanzarás el record de Sampra y lo superarás. Eres uno de los mejores tenistas de la historia”.

Que educado este Nadal. Por respeto a Rod Laver y otros grandes tenistas históricos australianos que estaban presentes en la ceremonia, le dijo a Federer que era “uno de los mejores….” en lugar de “el mejor…..”, que es lo que realmente piensa y lo ha expresado varias veces públicamente.

Estos dos GRANDES con mayúsculas quedarán en la historia por este simple razonamiento: Federer superará el record de 14 Grand Slams ganados por Peter Sampra, a pesar de tener a Rafa Nadal en el circuito, y Nadal hará lo propio manteniéndose durante un tiempo como número uno a pesar de tener en el circuito al Roger Federer.

Grandeza y humildad. Todo un lujo para este y otros deportes.


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