
Un fiel seguidor de este blog cuestionó las excusas esgrimidas por el blogger pretendiendo justificar la transitoria ausencia de la prosa intrascendente que de manera periódica ocupa este espacio.
Pero me reafirmo en mi apreciación de que el excesivo calor del verano aletarga los sentidos (con excepción de alguno que otro meramente primitivo que no entiende de razones climatológicas).
Ropa que se adhiere al cuerpo, gotas de sudor que nacen en el cuero cabelludo -bajo el cual las neuronas parecen haberse declarado en huelga- y que se deslizan por las mejillas, los labios, el cuello, los hirsutos o lampiños pechos y así avanzan en camino descendente hasta que son absorbidas por alguna toalla o se impregnan en las ya húmedas prendas exteriores e interiores.
Ese es el verano al que tantos son adeptos pero que ni siquiera sirve para tenderse en la arena de la playa calcinada por un sol inclemente, especialmente en las horas centrales del día, cuando, haciendo caso omiso de los consejos médicos, los bañistas exponen sus vergüenzas al ataque asesino de los rayos de Febo. El paliativo puede ser internarse en el agua, y eso sí es placentero, pero al salir qué? Vuelta a lo mismo.
En el interior de los hogares se puede recurrir al aire acondicionado o a los ventiladores pero la vida no transcurre sólo entre cuatro paredes. En algún momento hay que salir. Hay personas que todavía tienen trabajo y deben cumplir con sus obligaciones.
Así se los ve deambulando por las calles, malhumorados e incómodos, con la menor cantidad posible de ropa, esperando el medio de transporte público que en España, por suerte, está provisto de aire acondicionado. Los que viajan en coche propio y no disponen de ese elemento, viajan como en un horno móvil, y si en el trayecto se encuentran con algún atasco, bingo! Viva el verano!
En orden de preferencias, votamos sin dudar por el siguiente orden: otoño, primavera, invierno y finalmente….último… el fucking summer.
Estos párrafos están dedicados especialmente al fiel seguidor que tuvo la gentileza de expresar su extrañeza ante los espacios vacíos. Un caluroso saludo a todos y ánimo que ya falta menos para el fin del verano.
Pero me reafirmo en mi apreciación de que el excesivo calor del verano aletarga los sentidos (con excepción de alguno que otro meramente primitivo que no entiende de razones climatológicas).
Ropa que se adhiere al cuerpo, gotas de sudor que nacen en el cuero cabelludo -bajo el cual las neuronas parecen haberse declarado en huelga- y que se deslizan por las mejillas, los labios, el cuello, los hirsutos o lampiños pechos y así avanzan en camino descendente hasta que son absorbidas por alguna toalla o se impregnan en las ya húmedas prendas exteriores e interiores.
Ese es el verano al que tantos son adeptos pero que ni siquiera sirve para tenderse en la arena de la playa calcinada por un sol inclemente, especialmente en las horas centrales del día, cuando, haciendo caso omiso de los consejos médicos, los bañistas exponen sus vergüenzas al ataque asesino de los rayos de Febo. El paliativo puede ser internarse en el agua, y eso sí es placentero, pero al salir qué? Vuelta a lo mismo.
En el interior de los hogares se puede recurrir al aire acondicionado o a los ventiladores pero la vida no transcurre sólo entre cuatro paredes. En algún momento hay que salir. Hay personas que todavía tienen trabajo y deben cumplir con sus obligaciones.

Así se los ve deambulando por las calles, malhumorados e incómodos, con la menor cantidad posible de ropa, esperando el medio de transporte público que en España, por suerte, está provisto de aire acondicionado. Los que viajan en coche propio y no disponen de ese elemento, viajan como en un horno móvil, y si en el trayecto se encuentran con algún atasco, bingo! Viva el verano!
En orden de preferencias, votamos sin dudar por el siguiente orden: otoño, primavera, invierno y finalmente….último… el fucking summer.
Estos párrafos están dedicados especialmente al fiel seguidor que tuvo la gentileza de expresar su extrañeza ante los espacios vacíos. Un caluroso saludo a todos y ánimo que ya falta menos para el fin del verano.
Que el verano tiene cosas positivas? Sí, también es cierto.
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En la misma línea que Grace Kelly destacó una delgada y frágil jovencita a la que todo le sentaba bien. Su rostro, en opinión de muchos, es el más bello que ha dado el cine. Se trata de Audrey Hepburn, recordada por La princesa que quería vivir (Vacaciones en Roma, Oscar 1952), Desayuno con Diamantes y otras.

















