23 de enero de 2011

Recordando a Salvador Dalí

José Trepat

¡Viva España!, Viva Cataluña! Fueron estas sus últimas palabras en público? Puede ser, porque acabo de ver un video de 31 segundos en el que las cámaras de la televisión lo enfocan en un primer plano conmovedor, con un rostro demacrado, surcado por cables conectados a aparatos que lo mantuvieron con vida hasta que expiró un 1 de enero de 1989.

Digo “puede ser” porque llevo en la memoria esa misma imagen, o una similar, también emitida por la televisión y en la que –creo recordarlo claramente- Dalí expresó con lo que le quedaba de voz: “Visca Catalunya, visca el rey”, dicho en catalán, el idioma en el que lo ví despedirse de este mundo, al que había llegado el 11 de mayo de 1904 con el nombre de Salvador Domingo Felipe Jacinto Dalí i Domènech, en Figueras, la ciudad de la provincia de Gerona, en la que sus restos descansan bajo una losa de mármol de una tonelada, embalsamado para que se conserve así 200 años y, claró está, con su bigote puntiagudo y engominado.


Claro que lo de las últimas palabras en público no es más que una anécdota que ha servido para el comienzo de esta nota que se me ocurrió escribir hace unos minutos cuando al recorrer las efemérides del diario La Vanguardia, leo que hoy, 23 de enero, se cumplen 22 años de la muerte de este genio que más que catalán fue universal.


En ese mes de 1989 me encontraba de visita familiar en España y esas horas finales de la vida de Salvador Dalí era el acontecimiento que más espacio ocupaba en los diarios y en la televisión.


Por haber sido desde siempre un admirador de la pintura de Dalí, su muerte y repercusiones me quedaron grabadas por siempre en la memoria.
Hay que aclarar que mi admiración por la obra de este extravagante personaje se limita al especto visual, la única manera en que puedo ver una pintura, pues no soy experto en el tema ni mucho menos.

Del mismo modo aprecio lo que me ofrecen visualmente los cuadros impresionistas de Monet, Degas, Van Gogh y otros, en Dalí lo que me impresiona es la imaginación tan surrealista del pintor, como si fuesen salidos de una pesadilla. ¿Tendrá algo que ver el hecho de que haya conocido a Sigmund Freud? Tal vez sí, tal vez sea sólo producto de sus sueños, plasmados con una técnica maravillosa.
Al leer las crónicas de la época de su muerte me entero de que había sido expulsado dos veces de la Academia de Bellas Artes por sus excentricidades, y luego readmitido. Según el artículo, en una oportunidad una junta de profesores le pidió que hablase de Rafael, el pintor italiano del Renacimiento.


"Me es imposible hablar de ese sujeto delante de los tres profesores, porque yo sé mucho más sobre Rafael que todos ustedes reunidos”, fue su respuesta. Tenía 19 años y estábamos en 1923. ¿Fue esa su tercera expulsión?. La crónica no lo dice.
Al año siguiente conoció en París a Pablo Picasso y el escritor Stefan Zweig le presentó a Sigmund Freud.

En fin, la biografía de Salvador Dalí es bien conocida y no pretendo aquí citar párrafos de su apasionante vida personal y artística. Se trata sólo de resaltar mi admiración por este artista que primero fue vituperado, luego adorado y siempre discutido.
En una visita a España se impone conocer su museo en Figueras, cosa que hice con la familia en tres ocasiones y también pasar por la casa junto al mar en Port Lligat, cerca de Cadaqués, sobre el Mediterráneo, en la que vivió bastante años junto a Gala, la hija de un abogado ruso de la que se enamoró en 1929 y fue su musa inspidora.

Y hasta aquí llegamos en esta nota-recuerdo. Unos pasan y otros quedan “pero lo nuestro es pasar” como dice Serrat los versos de Machado. Dalí se quedó para siempre.


Visca Catalunya y visca el rey! ¿Contradictorio? De Dalí podía esperarse cualquier cosa.

*

3 comentarios:

martagbp dijo...

Muy interesante. Genial artista: lo tomas o lo dejas, para simplificar.

flaco dijo...

UN GRANDE SALVADOR........

José T. dijo...

Como dice Marta, para simplificar, yo lo tomo.