30 de octubre de 2013

La Historia y el Arte (V)

Después de publicadas cuatro entradas de esta serie La Historia y el Arte, dejemos algo en claro. Hay algo de egoísmo en estas publicaciones: el deseo personal de aprender y saber más acerca de las obras cuya existencia obviamente conozco (por haberlas visto personalmente o en publicaciones especializadas). Se trata de interiorizarme sobre sus características y sus creadores. 

Luego, si este trabajo que es compartido, interesa a los visitantes, el círculo se cierra de manera perfecta. Nadie piense (¿hace falta aclararlo?) que soy un entendido en Pintura; me limito a redactar unos cuantos párrafos en base a textos que han escrito expertos en la materia, aquellos que sí saben. Lo que sí está transcrito textualmente son los epígrafes de las imágenes. 

Admiro profundamente a esos grandes artistas que dejaron estos lienzos para que podamos conocerlos. Estas páginas pueden considerarse como un reconocimiento personal. 

Las Meninas
La familia de Felipe IV (Diego Velázquez)
Óleo sobre lienzo 318 cm x 276 cm, Barroco
Museo del Prado, Madrid

 ¿Que significa exactamente esta pintura? Quizá no lo sabremos nunca, pero me 
gustaría imaginarme que Velázquez ha captado un momento determinado 
mucho antes de la invención de la fotografía. Quizá llevaron a la princesa 
para distraer el aburrimiento de los reyes mientras posaban, y el rey o 
la reina le dijeron a Velázquez que ante sí tenían un tema digno de su pincel. 
Las palabras de un soberano se toman siempre como órdenes, y quizá 
debamos esta obra maestra a un deseo pasajero que sólo Velázquez 
podía convertir en realidad. (Ernst H. Gombrich, Historia del Arte)

Las Meninas, como se conoce el cuadro desde el siglo XIX, o La familia de Felipe IV, se considera la obra maestra del pintor del siglo de oro español Diego Velázquez. Acabado en 1656, fecha unánimemente aceptada por la crítica, corresponde al último período estilístico del artista, el de plena madurez. No alcanzó auténtica reputación internacional hasta 1819, cuando tras la apertura del Museo del Prado pudo ser copiado y contemplado por un público más amplio. 

A la izquierda del cuadro, se encuentra el pintor delante
de una gran tela; se considera que éste es el mejor 
autorretrato
de Velázquez. Sobre su pecho se añadió posteriormente
el emblema de la 
orden de Santiago.
Pinceladas vivas. Para apreciar las sorprendentes y certeras
pinceladas de Velázquez basta con observar la forma en que
unos pocos trazos claros y oscuros sobre el lienzo conforman
la pose elegante de los dedos del propio pintor.
El tema central es el retrato de la infanta Margarita de Austria, colocada en primer plano, rodeada por sus sirvientes, «las meninas», aunque la pintura representa también otros personajes.

En el lado izquierdo se observa parte de un gran lienzo, y detrás de éste el propio Velázquez se auto retrata trabajando en él. El artista resolvió con gran habilidad todos los problemas de composición del espacio, gracias al dominio que tenía del color y a la gran facilidad para caracterizar a los personajes.

El punto de fuga de la composición se encuentra cerca del personaje que aparece al fondo abriendo una puerta, donde la colocación de un foco de luz demuestra, de nuevo, la maestría del pintor, que consigue hacer recorrer la vista de los espectadores por toda su representación.

Es una pintura realizada al óleo sobre un lienzo de grandes dimensiones formado por tres bandas de tela cosidas verticalmente, donde las figuras situadas en primer plano se representan a tamaño natural.

Es una de las obras pictóricas más analizadas y comentadas en el mundo del arte. Los cuadros de Velázquez están pensados para que produzcan el mayor efecto al contemplarlos desde cierta distancia. Si se observa atentamente Las Meninas, es posible deducir que el pintor utiliza un pincel largo. Con él pudo pintar el cuadro colocándose a cierta distancia del lienzo

    El movimiento de los ojos de la infanta 
    Margarita
    Velázquez capta con la velocidad de una 
instantánea el momento en que la infanta 
de cinco años mira fugazmente a sus padres. 
El rostro de la infanta está ladeado hacia el 
lado contrario (donde se halla el perro grande
 que había en la corte).
Si no tenemos un dibujo ni un boceto de Velázquez es porque nunca los hizo. Su modo de trabajo no varió a lo largo de su carrera: preparar el lienzo con blanco de plomo y pequeñas cantidades de carbón y ocre rojo.

Partiendo de este fondo, como una tierra suave, y con una paleta de colores sorprendentemente reducida, con productos baratos, óxido de hierro, amarillo de estaño, laca bermellón, el blanco de plomo, resulta increíble la gama cromática que despliegan sus pinturas.

Pinceladas sin apenas huellas, tan ligeras que a veces parecen colores de acuarela, acordes de tonos tan armoniosos como exquisitos, sin el menor empaste, sin superponer colores.

Contexto histórico

Velázquez pintó este cuadro en 1656, cuando reinaba Felipe IV, penúltimo monarca de la dinastía de los Austrias. Hacía más de diez años (1643) que había tenido lugar la caída del valido Conde-Duque de Olivares, y ocho años (1648) del final de la Guerra de los Treinta Años con el resultado de la Paz de Westfalia, cuyas consecuencias para España y el reinado de Felipe IV fueron una clara decadencia.

El personaje de la entrada. La persona cuya
silueta puede apreciarse en la puerta del
fondo es el chambelán de la reina Mariana.
En el año en que Velázquez pintó Las Meninas, el rey estaba ya muy envejecido y con evidentes signos de cansancio bien demostrados en la obra del mismo autor, Retrato de Felipe IV (entre 1656 y 1657). En este año de 1657 Inglaterra y Francia pactaron el reparto de las posesiones españolas en Flandes, comenzando un duro ataque contra la monarquía española, que terminó con la derrota de Dunkerque en la batalla de las Dunas y la firma del Tratado de los Pirineos en 1659.

Después de la realización de este cuadro, en 1660, se impuso el matrimonio entre el rey de Francia Luis XIV y la Infanta María Teresa, hija de Felipe IV. Velázquez, debido a su cargo en la corte española, tuvo que desplazarse a la Isla de los Faisanes para preparar este encuentro; después de este viaje, falleció en Madrid.

El misterioso efecto etéreo que consigue hace que, 
por buena que sea la reproducción, nunca logrará dar sino 
una ligera idea de cómo son los originales. A Velázquez 
sólo se le puede admirar con el lienzo ante nuestros ojos. 


Los bufones de la corte. Las personas cuyo cuerpo presen-
taba características peculiares, como Nicolás Pertusato y
Mari Bárbola, eran empleados por la corte para divertimento
de la familia real y de los cortesanos. En Las meninas,
Velázquez pintó todos los estratos sociales de la corte
española.

Los cuadros de Velázquez en que aparece representada la familia de 
Felipe IV están plagados de espléndidos detalles, en los que se aprecia
su singular manejo del pincel. En este caso nos fijamos en la túnica 
brocada de la joven infanta Margarita. Intentemos averigüar que tipo de
alta técnica utilizó Velázquez para plasmar los tejidos. En primer lugar se
empieza creando un boceto claramente detallado con los claros y los 
oscuros. A continuacón se pinta cada parte, prestando especial atención
a la situación de los claroscuros del tejido y de los pliegues. Al concluir 
estas partes de distinto color, como última etapa basta con aplicar una tras
otra y, con paciencia, capas de colores que se van mezclando.

La imagen de los reyes en el espejo.
El rey Felipe IV y la reina Mariana 
aparecen representados indirecta-
mente como dos figuras reflejadas en
el espejo.
Curiosidades 

Durante la Guerra Civil Española el cuadro y otras obras fueron evacuados por el equipo de Jacques Jaujard y trasladados a Ginebra

En el incendio que destruyó el Alcázar de Madrid (1734), este cuadro y otras muchas joyas artísticas tuvieron que rescatarse apresuradamente; algunas se recortaron de sus marcos y arrojaron por las ventanas. Las Meninas se salvó, pero a ese incidente se atribuye un deterioro (orificio) en la mejilla izquierda de la infanta, que, por suerte, fue restaurado en la época con buenos resultados por el pintor real Juan García de Miranda.

Velázquez, en su evolución artística entendió que para plasmar con exactitud cualquier forma sólo se precisaban unas determinadas pinceladas. La simplicidad fue su objetivo en su época de madurez y en Las Meninas es donde mejor consiguió reflejar estos logros.

Los estudios radiográficos llevados a cabo en el Museo del Prado y el análisis técnico de Carmen Garrido han demostrado que Velázquez realizó la pintura directamente en el lienzo sin bocetos previos

 El gran pintor del impresionismo Édouard Manet, después de una estancia en Madrid el año 1865 y visitar durante unos días el Museo del Prado,realizó el siguiente comentario: «Velázquez, por sí solo justifica el viaje. Los pintores de todas las escuelas que le rodean, en el museo de Madrid, parecen simples aprendices. Es el pintor de los pintores»
*
Fuentes: Colección Grandes Maestros de la Pintura, Historia del Arte, El Arte en la Historia, Wikipedia.
*

2 comentarios:

LULA dijo...

Buenisimo: el cuadro elegido es lejos uno de los icónicos de la pintura mundial!! Las publicaciones de la historia y el arte son de mis favoritas!! Espero la proxim!

José T. dijo...

Muchas gracias por el comentario. Esta serie continuará, si es posible, con una entrada semanal. Hay tantas pinturas bellísimas que cuesta elegir una por vez. Slds.