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26 de enero de 2014

CINE - Blue Jasmine

Género:     Comedia dramática
Año:           2013
Duración:  98 min
País:           Estados Unidos
Reparto:    Cate Blanchet, Alec Baldwin, Sally Hawkins, Bobby Cannavale, Peter Sarsgaard
Dirección:  Woody Allen
Elegida por:   El nombre Woody Allen

Valoración:  Muy buena




Estamos teniendo suerte últimamente con el cine, o también podríamos decir que estamos eligiendo bien, aunque pequemos de inmodestos. Pero en este caso hay un factor a tener en cuenta: cuando en una película está de por medio el nombre de Woody Allen, es difícil equivocarse; pocas veces nos ha defraudado. Siendo más preciso recuerdo sólo una, Vicky Cristina Barcelona (la nota que se publicó en ese momento puede verse pinchando aquí).

Antes de entrar en materia quisiera puntualizar que el nombre de Cate Blanchet debería anteceder al de Alec Baldwin en los afiches publicitarios, por minutos de actuación pero fundamentalmente por su magistral actuación. Baldwin está correcto y si eso puede tomarse como un elogio, pues que así sea.

Blue Jasmine es otra joyita cinematográfica de esas a las que Woody Allen nos tiene acostumbrados en su doble papel de autor del libro y director. Me imagino que también escribió el guión. En otras películas  del admirado Woody hay mucho de humor e ironía, pero en esta realización (inspirada por una anécdota que le contó su esposa), lo que predomina es el drama que Jasmine (Cate Blanchet) traslada al espectador de una manera conmovedora.

Cate Blanchet, una actuación para elogiar
Jasmine, esposa de un acaudalado hombre de negocios (Alec Baldwin) vive en Nueva York en medio de lujo y comodidades, pero cuando el matrimonio se rompe debido a las infidelidades del hombre, debe trasladarse a San Francisco para alojarse en el pequeño apartamento de su hermana Ginger (notable Sally Hawkins) que comparte piso con su novio (Bobby Cannavale), dueño de una personalidad en las antípodas de la finura y elegancia de Jasmine.

El choque es inevitable y ello incide en las relaciones mutuas. No vamos a desvelar lo que ocurre, pero Jasmine, sin dinero, debe trabajar para subsistir y comenzar una nueva etapa en su vida. Una nueva relación seguida de mentiras y desengaños acentúa al matiz dramático de la película cuyo interés no decae en ningún momento gracias a la historia que se está contando y a los diálogos siempre filosos y precisos que contiene el guión. Normalmente, no me gusta contar una película, salvo algunos esbozos para saber de qué se trata, así que menos aún se publicará aquí palabra alguna sobre el final.

Y hablando de Woody Allen, no puedo resistirme a contar un chiste que se le atribuye, un exponente de ese humor judío tan particular e inteligente. Dijo refiriéndose a Richard Wagner: "Cuando escucho a Wagner siento ganas de invadir Polonia". Quienes conocen la historia y sus personajes sin duda lo entenderán.

Woody Allen en medio de Cate Blanchet y Alec Baldwin

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9 de febrero de 2009

Woody, que decepción!



José Trepat


Vicky Cristina Barcelona debe tomarse como lo que es: una comedia liviana, convencional, intranscendente, banal y un tanto inverosímil. Si se pretende ver algo pasatista de ese calibre, está bien, el espectador no saldrá defraudado.

Pero es que detrás de esta producción está el nombre de Woody Allen, un cineasta inteligente que a lo largo de su carrera acuñó frases irónicas, mordaces –algunas dignas de ser enmarcadas- y a la vez aportó al cine muy buenas películas, en su faceta múltiple de guionista, actor y director.

No he visto todas las películas de Woody Allen pero las que recuerdo me han dejado un sabor agradable y ganas de no perderme todo lo nuevo que puede aportar este singular neoyorquino que prefiere tocar su clarinete antes que asistir a la ceremonia de los Oscar para recibir alguno de los premios, como ocurrió con Annie Hall.

Vicky Cristina Barcelona me dejó la sensación de que Woody escribió el guión en el viaje desde Nueva York a Barcelona, una ciudad “perfecta” según sus propias palabras, y que su filmación fue meramente un trámite. Quizás quiso hacerla como homenaje a su admirada Barcelona y de paso ganar algún dinerillo. Esto último lo logró sin duda.

Lo último que había visto de Woody Allen fue la excelente Match Point, en la que quedó ratificada mi admiración por este cineasta de gran nariz, grandes gafas y gran talento. Algunas obras anteriores como Hanna y sus hermanas, Alice, y Asesinato en Manhattan se destacan por sus diálogos mordaces, irónicos y también profundos, según lo requería la temática.

Para Vicky…. Allen convocó a un elenco consagrado encabezado por la pareja española –también pareja en la vida real, por lo menos hasta hoy- Javier Bardem y Penélope Cruz, nominada candidata al Oscar como mejor actriz de reparto ….por su actuación en Vicky Cristina Barcelona…! Me arriesgo a apostar que no lo ganará.

Cuando se piensa en los grandes nombres femeninos que obtuvieron el Oscar – Katherine Hepburn, Bette Davis, Sofía Loren, Meryl Streep, Helen Mirren, Susan Sarandon, etc., por papeles estelares, suena un tanto ambicioso pensar que la buena de Penélope pueda recibirlo por ESTA película, aunque sea como actriz de reparto. Tal vez en otras lo consiga, no hay por que negar sus dotes.

Quizás lo que Woody pretendió hacer fue precisamente una película así, fácil y sin complicaciones pues en definitiva vive de esto. Pero uno siempre espera algo más del talento de este pequeño judío que a los 16 años adoptó el pseudónimo de Woody Allen en reemplazo de su apellido real, Konisberg, menos comercial.

La voz en off que relata lo que sucede como si alguien te contara un cuento, es innecesaria pues con las imágenes basta y sobra para una trama tan fácil de entender.

Dos amigas norteamericanas llegan a Barcelona. Vicky, seria, con novio formal y a punto de casarse viene para profundizar una tesis académica sobre “identidad catalana”, mientras que Cristina, su amiga, es libre y más desinhibida. Se alojan en la residencia de un matrimonio amigo bien posicionado económicamente. El marido le dice a Vicky que de poco le servirá su tesis mientras que a Cristina le vaticina que se casará con un millonario y no tendrá que preocuparse por nada.

De “identidad catalana” poco y nada, salvo las consabidas referencias a Gaudí, infaltable en toda imagen que pretenda mostrarse de Barcelona, con apenas dos tomas de su obra cumbre, la Sagrada Familia. Parecería que en la capital de Cataluña sólo se habla español y los restaurantes a los que concurren los personajes son todos de alto nivel, caros, bien al estilo hollywoodense. Todo muy edulcorado y sin complicaciones.

Si Woody Allen quiso homenajear también a la gastronomía catalana, no lo consigue pues no se muestra ni se menciona ningún plato en especial, aunque sí grandes copas de vino que las turistas y su anfitrión paladean delicadamente mientras escuchan música de Albéniz que brota de alguna guitarra flamenca.

La pareja de amigas asiste a una exposición de pinturas y en el cóctel que se ofrece a continuación son abordadas, cómo no! por el consabido pintor algo bohemio interpretado por Javier Bardem, que claro está, es el prototipo del latin lover y macho ibérico.

Bardem, Juan Antonio Gonzalo en la ficción, se acerca a la mesa de las americanas y con todo desparpajo y en pocos segundos de conversación invita a ambas a acompañarlo a Oviedo y acostarse con él. Deberían viajar dentro de una hora en una avioneta que le presta un amigo y piloteado por él, faltaría más.

Vicky, pensando en su novio rico y aburrido que la espera en Estados Unidos para casarse, al principio se niega contrastando con la aceptación casi inmediata de su amiga Cristina, notoriamente excitada por el directo Bardem y su barba de dos días. Es que le parecía perfecto, a eso había venido a España!. Finalmente Vicky accede a acompañarla.

La visita a Oviedo, en la que Bardem obviamente se acostará con las dos, parece haber sido introducida por Woody en la película como un homenaje también a la ciudad de Asturias, otra de sus predilectas, en la que no hace mucho fue distinguido con el preciado Premio Príncipe de Asturias de las Artes.

El pintor interpretado por Bardem vive en una lujosa residencia con piscina incluida y un inmenso estudio del que salen en cantidades industriales las pinturas que puede verse al derecho o al revés. ¿Tanto dinero le reportan sus obras como para vivir en ese palacete y desplazarse en su rojo descapotable deportivo? ¿O es que proviene de una familia acaudalada? No se sabe, ¿qué más da?.

En el viaje a Oviedo, Bardem lleva a sus amigas a conocer a su padre, un poeta que vive solo y se niega a dar a conocer su obra… en fin, es libre de hacerlo.

Por supuesto, la recatada Vicky sucumbe a los encantos del anfitrión y se replantea su vida y su futuro con respecto al novio que la espera. Cristina por su parte, no tiene ningún complejo y se abandona a una relación intensa con el incansable pintor.

A todo esto, dónde está la aspirante al Oscar? Al promediar la película Penélope aparece en escena como la conflictuada ex esposa de Bardem que acaba de intentar suicidarse y es acogida por su ex marido que la lleva a vivir con él y con Cristina, pues no puede dejarla sola en medio de esa crisis. Al principio Cristina rechaza la idea pero el que manda es el “macho ibérico” y no tiene más remedio que aceptar. Tal es así que finalmente termina manteniendo una relación lésbica con la María Elena que interpreta Penélope.

Una serie de vicisitudes permite a la popular Penélope desplegar todo su histrionismo chillón e histérico que puede darle la estatuilla de la Academia de Hollywood. Aparentemente se ha querido presentar a Penélope Cruz como el equivalente español de lo que fue Sofía Loren para el cine italiano, cuando interpretaba de manera magnífica a esa napolitana fogosa y sensual.



No se desvelará aquí el final de la película que a pesar de los éxitos de público y crítica, seguramente no quedará en la historia como una de las grandes creaciones del merecidamente galardonado Woody Allen, gran actor, guionista, productor y eximio ejecutante de clarinete.



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