2 de febrero de 2009

Las lágrimas, el mejor homenaje



José Trepat



Llorar no es algo que pueda fingirse. Las lágrimas que no pueden contenerse trasuntan la más sincera de las emociones y no significan de ninguna manera debilidad, sino emoción en estado puro. Al fin de cuentas el ser humano es la única criatura viviente que puede llorar.

Las lágrimas que Roger Federer vertió cuando se disponía a hablar en la ceremonia de entrega de premios del Abierto de Australia –imágenes que recorrieron el mundo- son quizás el mejor homenaje que el más grande tenista de la historia rindió a su hasta ahora eterno vencedor, el formidable zurdo español Rafa Nadal, el otro protagonista de esta historia, quien al igual que el suizo, dignifica al deporte.

No me interesa cuánto dinero han ganado ambos, que seguramente es mucho. Las diferencias estratosféricas entre el dinero que acumulan los deportistas de élite, y lo que percibe un médico, un científico o cualquier trabajador, es un tema sociológico para abordar en otra nota.

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En las competencias de algo nivel normalmente gana el mejor y los comentarios se limitan a resaltar los tecnicismos y a analizar distintos aspectos del deporte que practican. Pero cuando una victoria o una derrota sacan a relucir el lado más humano, el desempeño de ambos adquiere otra dimensión. Es cuando se proyectan como modelos o ejemplos a seguir por quienes luchan por alcanzar ese nivel.

Cuando comienza un partido de tenis, los rivales quedan solos ante el peligro. Todo dependerá de ellos mismos, de la preparación física de horas y días previos, y de la fortaleza psicológica que da a un deportista esa pequeña o gran ventaja de un deportista sobre otro. En la fórmula Uno el piloto –además de su capacidad- dependerá de la eficiencia de su equipo de ingenieros y mecánicos. En el fútbol, un jugador puede ser reemplazado y su equipo igual terminar victorioso.

Pero en el tenis todo queda circunscrito a cuerpo y mente.

Roger Federer es el jugador mejor dotado técnicamente que haya pisado una cancha de tenis (puede haber opiniones diversas en este sentido) y en la actualidad no tiene rivales… con excepción de un joven de 22 años que entra a la cancha absolutamente convencido de que va a ganar (aunque no lo diga).

Ese convencimiento está sustentado en un estado físico admirable que le permite desplazarse con gran rapidez y sacar golpes imposibles y ganadores que salen de su musculoso brazo izquierdo que va camino de convertirse en el más letal de la historia del tenis. Pero es que además, Nadal empequeñece a sus rivales cuando estos ven que llega a casi todas las bolas desde el primero al quinto set.

Esa voluntad de hierro y gesto fiero en cada tiro ganador es lo que desequilibrado totalmente al gran Federer, hasta el punto de hacerlo llorar de impotencia, porque en su fuero íntimo quizás sienta que le será imposible ganarle. Y esto no es peyorativo para Federer sino que lo enaltecen aún más. Reconocer la superioridad del rival es tal vez la actitud más emotiva de un deportista.

No se conocen declaraciones ni de uno ni de otro que hayan menospreciado a un rival antes de un partido, como han hecho algunos recién llegados al circuito, quienes por haber ganado un par de torneos –en los que no estuvieron ni Nadal ni Federer ni otros tenistas de élite- ya se creen con derecho de vaticinar próximas victorias personales, con humillación incluida.

Aquí radica la importancia de la educación recibida y del entorno en que se mueven los deportistas.

En la ceremonia de entrega de premios, las lágrimas de Federer no pudieron esperar la soledad del vestuario para comenzar a brotar incontenibles.

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Después de cinco sets en los que había recibido el aliento de la mayoría de los espectadores en el estadio Rod Laver de Melbourne, el suizo solo pudo articular unas pocas palabras, mientras a sus espaldas Nadal lo observaba también emocionado pero contenido.

El maestro de ceremonias tomó nuevamente el micrófono para que Federer pudiera recomponerse. Entonces Nadal abrazó a su rival y le dijo al oído palabras de aliento. El suizo, todavía quebrado por la emoción, se adelantó y habló nuevamente. “No quiero tener la última palabra. Eso queda para el campeón”. Agradeció a todos y se retiró un paso atrás.

El locutor presentó entonces a Nadal y éste recibió la copa de manos del tenista australiano Rod Laver, uno de los pocos en ganar los cuatro Grand Slam. El gesto clásico de alzar la copa y exhibirla triunfalmente a todo el mundo, fue obviado por Nadal por respeto a su rival, al que se acercó nuevamente. “Lo siento de nuevo Roger. Seguró que alcanzarás el record de Sampra y lo superarás. Eres uno de los mejores tenistas de la historia”.

Que educado este Nadal. Por respeto a Rod Laver y otros grandes tenistas históricos australianos que estaban presentes en la ceremonia, le dijo a Federer que era “uno de los mejores….” en lugar de “el mejor…..”, que es lo que realmente piensa y lo ha expresado varias veces públicamente.

Estos dos GRANDES con mayúsculas quedarán en la historia por este simple razonamiento: Federer superará el record de 14 Grand Slams ganados por Peter Sampra, a pesar de tener a Rafa Nadal en el circuito, y Nadal hará lo propio manteniéndose durante un tiempo como número uno a pesar de tener en el circuito al Roger Federer.

Grandeza y humildad. Todo un lujo para este y otros deportes.


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3 comentarios:

Fernando dijo...

Coincido plenamente en todo lo que dice esta nota. Ojala todos los deportistas algun dia puedan tener la misma humildad que tienen estos dos, porque hoy estas arriba y mañana abajo como le ha pasado a muchos de los grandes de la historia del deporte (M.Tyson, Maradona, etc).
Y lo del dinero es asi, ellos no deciden cuanto cobrar sino que es el marketing, publicidad, etc quien les paga (aunque no estoy de acuerdo para nada en esa tremenda cantidad que cobran), pero asi es. Por suerte hay algunos que son capaces de ayudar a los demas como crear ONG, escuelas, etc. Ojala todos hicieran los mismo.

martagbp dijo...

La verdad, fue muy conmovedor lo que se vio por tv.

José T. dijo...

A Fernando. Gracias por tu comentario. Veo con profunda satisfacción que algunas de estas notas no caen en saco roto. y es muy cierto lo de las ONG y las ayudas. Todos podriamos colaborar un poco en ese sentido y es para pensarlo. Esta nota no fue corregida, sino escrita de un tirón, por eso al releerla veo algunas palabras repetidas, pero así quedará.