8 de mayo de 2010

¿Era realmente sordo?



Tal día como hoy del año 1824, según nos recuerda Google, se estrenó en Viena la que en mi modesta opinión personal, es la obra cumbre de Ludwig van Beethoven, ese sordo genial de oídos para afuera, que a pesar de ello concibió su gloriosa Novena Sinfonía.

Muchas veces hemos leído o escuchado esa remanida pregunta, tan descolgada de una probable situación real: ¿qué libro o que pieza musical te llevarías a una isla desierta, si tuvieras que elegir solo uno de cada?

Dejemos el libro para otra nota y centrémonos en la pieza musical, ya que es el leit motiv de estos párrafos. Indudablemente tendría que “sacrificar” muchas, pero finalmente, obligado a decidir, la elección se decantaría por esta maravillosa sinfonía que tiene la virtud de provocarme una sensación imposible de describir cada vez que la escucho.

¿Qué misterio tiene la llamada música clásica, acotada en un período tan breve de la historia de la humanidad? Ese período en el que pareció abrirse una caja mágica de la que salieron Mozart, Beethoven, Bach, Vivaldi, Teleman, Tchaikovsky, Chopin, Haydin, y en el campo de la ópera tenemos a Verdi, Puccini, Wagner y tantísimos más.

Ya que estamos con Beethoven, agrego que uno de los movimientos del Concierto para violín y orquesta, es otro retazo de belleza suprema de este gran compositor alemán.

No hace falta decir que no soy experto en música, sino un simple oyente que tiene la capacidad de poder elegir lo que desea escuchar, y eso intento hacer.

La Novena, con el aditamento del cuarto movimiento coral que le aporta la Oda a la alegría, de Schiller, marcó la primera vez que un gran compositor utilizaba la voz humana en una sinfonía al mismo nivel que los instrumentos.

De esa amalgama nació esta obra maestra, y al enterarme de este aniversario, sentí el impulso de expresar mi agradecimiento a su creador. Me parece que es la mejor manera de terminar el día.
La nota de Google es muy extensa y está al alcance de todos. No se trata aquí de transcribirla.

Una buena manera de homenajear la efeméride es incluir un fragmento de La Novena. Ese es el segundo movimiento, con Herbert von Karajan dirigiendo la Filarmónica de Berlín.









*


No hay comentarios: