7 de noviembre de 2013

La Historia y el Arte (VI)

Dos hechos avalan la inclusión de esta pintura en la serie de cuadros que hemos tenido la suerte de ver personalmente: sendas visitas al Museo del Louvre, dónde está expuesto, y a la casa museo del pintor en Amberes, ambas sumamente interesantes.

El desembarco de María de Médici en el puerto de Marsella
(Peter Paul Rubens)
Óleo sobre tela  - 394 x 295 cm
Museo del Louvre, París 


Según los textos consultados para la elaboración de estas notas, éste es uno de los más bellos cuadros de entre los veintinuno encargados por la reina madre francesa para prestigio propio y legitimación de su posición política. El programa de toda la serie fue ideado por el abad de Saint-Ambroise, pero igualmente contribuyeron con sus propuestas la reina, el cardenal Richelieu y el propio pintor.

La Fama. La alta figura de la Fama se cierne sobre la cabeza
de María y proclama su fama con la trompeta. Según la
tradición, la Fama toca las trompetas gemelas, una e corta
y la otra larga para simbolizar la buena y la mala reputación.
En este caso son de igual longitud. Rubens no considera
la mala reputación en este ciclo y evita todo lo que se
considera falto de gloria.
El cuadro representa el momento de la llegada de María a Francia, hecho que había tenido lugar hacía ya más de veinte años, tras su matrimonio por poderes con Enrique IV, a quien no había visto nunca. María sale de la nave ricamente decorada para recibir la bienvenida de las figuras alegóricas de Francia y Marsella.

En la parte superior, la Fama toca las trompetas para anunciar su llegada. Bajo esta escena, y separada de la misma por las tallas doradas y la alfombra púrpura que cubre la pasarela, aparece el dios Neptuno acompañado por los tritones y las Nereidas, las criaturas que han escoltado la nave desde Italia hasta Francia.

Más sobre el contexto histórico

A lo largo de la Historia los reyes y gobernantes siempre intentaron consolidar su posición sirviéndose del arte para crear imágenes duraderas que reforzasen su autoridad y consolidasen el mito. El ciclo de María de Médicis encargado a Rubens es uno de los ejemplos más claros.

Las Nereidas.  Las voluptuosas ninfas marinas que retozan
en las olas tiran velozmentge de los amarres de la embarca-
ción de María. Sus desnudos cuerpos contorsionados
contrastan con la rígida formalidad de los acontecimientos
humanos que se desarrollan sobre ellas. 
Cuando encargó al artista pintar una serie de cuadros para su nueva residencia, el palacio de Luxemburgo, María de Médicis acababa de regresar del exilio a causa de las divergencias políticas con su hijo Luis XIII. Después de la reconciliación, la reina madre quiso que Rubens presentase la historia de su vida de forma que justificase el importante papel que recobrara en la corte.

Recibido el encargo de pintar "las gestas heroicas" de María, Rubens tuvo que recurrir a todas sus habilidades diplomáticas, además de a las artísticas, para transformar una vida poco heroica  en un "grandioso ciclo de conmemoraciones".

Los hechos fundamentales de la vida de María de Médici no tenían la gloria con las que Rubens las presentó. En 1600 se casó por poderes con el rey Enrique IV de Francia y, tras el asesinato de su marido en 1610, se convirtió en regente hasta la suba al trono de Luis, con trece años de edad, en 1914.

María de Medici. Al situar a
María en lamitad superior de
la enorme tela Rubens obliga
al observador a levantar los
ojos hacia ella, en sentido
literal y metafórico. Su
brillante vestido plateado
con detalles dorados
resplandece sobre la alfombra
roja.
Permaneció en el poder como jefe del Consejo hasta 1617, cuando la rivalidad entre su facción y la del joven rey culminó con la ejecución de sus allegados más próximos y su exilio. Gracias a las maquinaciones del cardenal Richelieu se reconcilió temporalmente con su hijo y pudo regresar a París en 1620.

Al año siguiente confió su ambicioso proyecto a Rubens, quien tras prescindir de los detalles negativos, recreó estos acontecimientos y los transformó, con la ayuda de ángeles y figuras alegóricas y mitológicas, en un ciclo de veintiún cuadros que daban a la vida de la reina madre un significado universal.

Rubens dibujó los esbozos en París, pero la ejecución material fue llevada a cabo con ayuda de colaboradores en Amberes. Mientras que los cuadros de la serie se conservan en el Louvre, los esbozos están en la Alte Pinakothek de Múnich.

Se cuenta que mientras contemplaba un cuadro de Rubens, su contemporáneo Guido Reni exclamó: "Ese tipo mezcla sangre con sus pinturas". En efecto, la capacidad inigualable de Rubens para hacer tangible y real la carne y la epidermis de las figuras ha llevado a algunos a afirmar que sus desnudos están hechos "con leche y sangre".

El artista conseguía efectos tan extraordinarios con una mezcla concreta de blanco, amarillo, rojo y azul aplicada en una capa fina, de forma que dejaba transparentar el fondo claro y producía  así epidermis translúcidas y luminosas.

Rubens es conocido por sus rollizos desnudos, tanto masculinos como femeninos; no le interesa el aspecto exterior, sino el peso y la sustancia de lo que hay bajo la piel. Los hoyuelos, arrugas y pliegues de la carne están dibujados con una gran fuerza expresiva y dan una sensación de realidad tangible.

Alegoría de Francia.  Identificable por las flores de lis que adornan su 
capa, la personificación de Francia saluda  a la nueva reina. Mientras 
María se yergue, alta y majestuosamente distante, Francia se inclina 
en una postura de deferencia y acogida. 
Leemos sobre Rubens
"La combinación de sus dotes inigualables en la creación de grandes composiciones colorísticas y el infundirles una tumultuosa energía, es lo que aseguró a Rubens una fama y un éxito de los que jamás disfrutó ningún artista antes de él. Su arte era tan eminentemente propicio para acrecentar la pompa y el esplendor de los palacios y para exaltar a los poderosos del mundo, que gozó de una especie de monopolio dentro de la esfera en que se movió. Fue la época en que las tensiones religiosas y sociales de Europa culminaron en la terrible Guerra de los Treinta Años en el continente, y en la Guerra Civil en Inglaterra. 

"De una parte estaban los monarcas absolutos y sus cortes, la mayoría de ellos sostenidos por la Iglesia Católica; de la otra, las nacientes ciudades mercantiles, protestantes las más de ellas. Los Países Bajos se hallaban dividos, con la Holanda protestante resistiéndose a la dominación católica española, mientras el Flandes católico, gobernador desde Amberes, era leal a España.

Rubens alcanzó la posición única de pintor del campo católico. Al ir de corte en corte como huésped ilustre, a menudo se le encargaban delicadas misiones diplomáticas y políticas, siendo una de las más importantes la de llevar a cabo una reconciliación entre Inglaterra y España en interés de lo que se llamaría hoy bloque "reaccionario".   (Ernst H. Grombrich, Historia del Arte)


Dios del mar. Neptuno, rey mitológico del mar, con los 
cabellos grises, eleva los brazos hacia María y dirige 
la mirada del observador hacia ella. Al mostrar a uno 
de los dioses clásicos adorando a la reina, Rubens da a 
entender  su elevación a la condición divina.

Peter Paul Rubens

*
En la misma serie

La coronación de Napoleón (Jacques-Louis David)
La libertad guiando al pueblo  (Eugene Delacroix)
Las meninas  (Diego Velázquez)
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1 comentario:

deivi archibold dijo...

sin duda alguna la interpretación de esta obra de arte, es completa, hace rato que la buscaba y la encontré