3 de octubre de 2013

¿Puedo hablar mal de Hitchcock?


- Pido a quienes lean esta nota tengan a bien evaluarla marcando una de las estrellitas al final de la entrada. Gracias. -

J.T.
El título puede resultar engañoso. No es que pretenda hablar mal del gran Alfred Hitchcock, uno de los directores de cine que más admiro junto con John Ford y Billy Wilder, entre otros, sino de reemplazar los elogios que me merecen muchas de sus grandes películas, por la tímida mención de pequeñas decepciones que me dejaron algunas escenas de Naúfragos (Lifeboat), la versión fílmica de un relato de John Steinbeck.

Curiosamente, los defectos que encuentro en determinadas escenas no son mencionados en ninguna de las críticas que leí acerca de esta película y que en su mayoría la consideran una obra maestra. Tampoco es esto un análisis ni mucho menos. Son apenas detalles que me llamaron la atención, "cosas de poca importancia" parafraseando el poema de León Felipe.

Pongámonos en situación: toda la película transcurre a bordo de un bote ocupado por ocho náufragos cuyo barco fue torpedeado por un submarino alemán durante la Segunda Guerra Mundial. A esos ocho se le suma luego otro personaje, nada menos que el capitán del sumergible. En ningún momento se ofrece una vista exterior del bote y sus ocupantes, sino que todo se desarrolla en primeros y medios planos; probablemente el director pretendía que el espectador se sintiese también parte del pasaje.

Hitchcock presenta a todos sus personajes y va creando el ambiente para que estallen conflictos y tensiones; no debe ser fácil convivir durante varios días en ese pequeño habitáculo a merced de las olas de un Atlántico embravecido. Hasta aquí todo muy bien, la ambientación está lograda con la ayuda de una fotografía en blanco y negro que da mayor dramatismo a las situaciones.

Entremos ahora en los "detalles" que dieron origen a esta nota. Intento recordar con la mayor fidelidad posible cada situación, ya que esta película la vi hace algunas semanas. En primer lugar, pensemos en el drama que debe ser saltar a un bote salvavidas de un barco que se está hundiendo. Así parecen reflejarlo sus ocupantes, todos vestidos de acuerdo a las circunstancias: pantalón, camisa y alguna prenda de abrigo en las mujeres.

- Pero hay una excepción. Una de las sobrevivientes (la actriz Tallulah Bankhead) está cómodamente sentada cubierta con un tapado de piel, peinada como recién salida de la peluquería, maquillada y con los labios pintados. Esa apariencia debe ser necesaria para delinear al personaje (es escritora) pero resulta chocante, aunque podemos pensar que Hitchcock cargó aquí las tintas para ubicarla intelectualmente un peldaño por encima de los demás.

- Otra escena "fuerte" aunque en la película, incomprensiblemente, no lo parezca tanto. Resulta que a uno de los ocupantes del bote (William Bendix) se le gangrenó una pierna y hay que amputársela! así de simple.

Con cara de resignación el paciente acepta sin una pizca de miedo o desesperación que le corten la pierna a la altura de la rodilla. Sin anestesia y con un cuchillo común, un compañero procede a ello. El momento preciso de la amputación no se ve, pero ni antes ni después el rostro de William Bendix trasunta el drama que estaba viviendo. Después aparece vendado y como si nada, la vida sigue; parece que no siente ningún dolor. Muy poco creíble.

- Después de una gran tormenta en la que el bote está a punto de zozobrar y se llena de agua, la escena siguiente nos muestra a sus ocupantes con la ropa seca y la dama mencionada más arriba nuevamente maquillada, el pelo cepillado y los labios pintados. Yo me pregunto: ¿todo esto tendrá algún sentido que no alcanzo a entender? Algunos verán algo subliminal en estas escenas, pero yo soy muy primario y me cuesta aceptarlas.

- Una más. Después de la tormenta, uno de los sobrevivientes se pone a leer un periódico. Totalmente inverosímil, el agua tapó casi el bote y no puede haber nada que no haya quedado empapado. Ese diario forzosamente tenía que haber sido reducido a una pulpa de celulosa. A esta altura ya me parecía todo muy estúpido, pero deben ser falencias mías ya que estaba ante una obra maestra en opinión de muchos.

- Para terminar: nueve personas en un bote varios días a la deriva en el océano sin casi comida ni agua. A pesar de ello el cuerpo tiene sus necesidades, a veces acuciantes. No hacen falta escenas explícitas, pero sugerir algo le hubiera dado un toque más real y humano. Quise leer el libro de Steinbeck pero no lo encuentro. Tengo muchas ganas de compararlo con la película y ver de que manera el gran escritor resuelve las situaciones mencionadas en esta nota.

La admiración que siento por el gran Alfred se mantiene con todo su vigor; son muchas las películas que su mano maestra me hizo disfrutar, pero de ésta extraigo una conclusión: en materia de cine, quién no entiende sólo debe decir si una película le gustó o no; avanzar más puede ser arriesgado.

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