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28 de octubre de 2013

El cine según Hitchcock (François Truffaut)



- Libro nro. 221 leído en este blog - 

Género:  Testimonial 
Año:        1966
Páginas:  420  
Título original: Le Cinema selon Hitchcock
Traducción:   Ramón G. Redondo
Elegido por:    Tema
Lectura:   Biblioteca
Valoración:   Excelente


¿Qué persona vinculada a la realización cinematográfica puede haberse privado de leer este libro tan interesante e instructivo? También lo es para aquellos que nos gusta el cine y nos intriga saber que pasa detrás de las cámaras y todo lo que rodea la elaboración de una película. Y si quien lo cuenta es Alfred Hitchcock tanto mejor.

El gran cineasta británico se explaya con generosidad y profusión de detalles en una larga conversación con su también prestigioso colega francés François Truffaut, respondiendo a un cuestionario de quinientas preguntas sobre la génesis de cada film, la redacción de los guiones, el resultado final y el éxito o fracaso comercial de cada uno de ellos. Son muchas preguntas y muchas respuestas. No leí el libro en forma ordenada sino que fui saltando las páginas hasta encontrar la película que me interesaba. Después continuaba desde dónde había dejado.

Esta conversación que se transcribe en el libro data del año 1962, con un Hitchcock todavía en actividad  y un bagaje de obras realizadas que marcaron un  estilo y una época. Como es de suponer, el llamado maestro del suspenso defiende con fervor la imagen sobre el diálogo. Este concepto está en muchas de sus respuestas, como ésta: "Cuando se cuenta una historia en el cine, sólo se debería recurrir al diálogo cuando es imposible hacerlo de otra manera. Yo me esfuerzo siempre en buscar primero la manera cinematográfica de contar una historia por la sucesión de los planos y de los fragmentos de película entre sí."

El decorado exterior de La ventana indiscreta. Aquí con
James Stewart, Grace Kelly y Alfred Hitchcock

Un ejemplo práctico de esta manera de ver el cine es el comienzo de La ventana indiscreta, tal como lo cuenta François Truffaut: La cámara se pasea por el patio adormecido y va a recoger el rostro sudoroso de James Stewart, luego recorre su cuerpo hasta la pierna enyesada, sigue hasta una mesa en la que se ve el aparato fotográfico roto y un montón de revistas y, en la pared, se ven unas fotos de coches de carrera en plena acción. En este primero y único movimiento de cámara, sabemos dónde estamos, quién es el personaje, cuál es su oficio y lo que le ha sucedido".

También me encontré con algunas sorpresas. Al comenzar la lectura busqué rápidamente lo que Hitchcock tenía que decir sobre La llamada fatal (Dial M for Murder), una película de 1954 filmada íntegramente en un living que me había gustado mucho, sobre todo por las actuaciones de Ray Milland y John Williams, además de Grace Kelly y Anthony Dawson, todos "perfectos" a mi entender.  Al preguntarle Truffaut sobre ese filme, sir Arthur le restó importancia: "No tengo mucho para decir. Me dieron esta obra de teatro y la filmé en seis semanas". Yo esperaba muchos detalles, anécdotas y algo más, pero me quedé con las ganas.

François Truffaut y Alfred Hitchcock

Nos enteramos también de que en Psicosis, quién entra en la habitación del motel para asesinar a Janet Leigh con un enorme cuchillo, no es Anthony Perkins ni un hombre, sino una mujer, y que decidió filmar la película en blanco y negro para evitar el color rojo de la sangre. Datos similares, a cual más interesante, aparecen en muchas partes del libro.

Se puede decir mucho más sobre esta apasionante conversación, pero en algún momento hay que poner fin a esta nota. Para ello, otro concepto de Hitchcock sobre el cine: "Inicialmente, cuando se inventó el cine, servía para grabar la vida; por entonces era una extensión de la fotografía. Se convirtió en un arte cuando dejó de ser un documental. Se comprendió que no se trataba tanto de reproducir la vida sino de intensificarla".

Un libro de lectura indispensable para los admiradores de Alfred Hitchcock y para los amantes del cine en general. 
*

3 de octubre de 2013

¿Puedo hablar mal de Hitchcock?


- Pido a quienes lean esta nota tengan a bien evaluarla marcando una de las estrellitas al final de la entrada. Gracias. -

J.T.
El título puede resultar engañoso. No es que pretenda hablar mal del gran Alfred Hitchcock, uno de los directores de cine que más admiro junto con John Ford y Billy Wilder, entre otros, sino de reemplazar los elogios que me merecen muchas de sus grandes películas, por la tímida mención de pequeñas decepciones que me dejaron algunas escenas de Naúfragos (Lifeboat), la versión fílmica de un relato de John Steinbeck.

Curiosamente, los defectos que encuentro en determinadas escenas no son mencionados en ninguna de las críticas que leí acerca de esta película y que en su mayoría la consideran una obra maestra. Tampoco es esto un análisis ni mucho menos. Son apenas detalles que me llamaron la atención, "cosas de poca importancia" parafraseando el poema de León Felipe.

Pongámonos en situación: toda la película transcurre a bordo de un bote ocupado por ocho náufragos cuyo barco fue torpedeado por un submarino alemán durante la Segunda Guerra Mundial. A esos ocho se le suma luego otro personaje, nada menos que el capitán del sumergible. En ningún momento se ofrece una vista exterior del bote y sus ocupantes, sino que todo se desarrolla en primeros y medios planos; probablemente el director pretendía que el espectador se sintiese también parte del pasaje.

Hitchcock presenta a todos sus personajes y va creando el ambiente para que estallen conflictos y tensiones; no debe ser fácil convivir durante varios días en ese pequeño habitáculo a merced de las olas de un Atlántico embravecido. Hasta aquí todo muy bien, la ambientación está lograda con la ayuda de una fotografía en blanco y negro que da mayor dramatismo a las situaciones.

Entremos ahora en los "detalles" que dieron origen a esta nota. Intento recordar con la mayor fidelidad posible cada situación, ya que esta película la vi hace algunas semanas. En primer lugar, pensemos en el drama que debe ser saltar a un bote salvavidas de un barco que se está hundiendo. Así parecen reflejarlo sus ocupantes, todos vestidos de acuerdo a las circunstancias: pantalón, camisa y alguna prenda de abrigo en las mujeres.

- Pero hay una excepción. Una de las sobrevivientes (la actriz Tallulah Bankhead) está cómodamente sentada cubierta con un tapado de piel, peinada como recién salida de la peluquería, maquillada y con los labios pintados. Esa apariencia debe ser necesaria para delinear al personaje (es escritora) pero resulta chocante, aunque podemos pensar que Hitchcock cargó aquí las tintas para ubicarla intelectualmente un peldaño por encima de los demás.

- Otra escena "fuerte" aunque en la película, incomprensiblemente, no lo parezca tanto. Resulta que a uno de los ocupantes del bote (William Bendix) se le gangrenó una pierna y hay que amputársela! así de simple.

Con cara de resignación el paciente acepta sin una pizca de miedo o desesperación que le corten la pierna a la altura de la rodilla. Sin anestesia y con un cuchillo común, un compañero procede a ello. El momento preciso de la amputación no se ve, pero ni antes ni después el rostro de William Bendix trasunta el drama que estaba viviendo. Después aparece vendado y como si nada, la vida sigue; parece que no siente ningún dolor. Muy poco creíble.

- Después de una gran tormenta en la que el bote está a punto de zozobrar y se llena de agua, la escena siguiente nos muestra a sus ocupantes con la ropa seca y la dama mencionada más arriba nuevamente maquillada, el pelo cepillado y los labios pintados. Yo me pregunto: ¿todo esto tendrá algún sentido que no alcanzo a entender? Algunos verán algo subliminal en estas escenas, pero yo soy muy primario y me cuesta aceptarlas.

- Una más. Después de la tormenta, uno de los sobrevivientes se pone a leer un periódico. Totalmente inverosímil, el agua tapó casi el bote y no puede haber nada que no haya quedado empapado. Ese diario forzosamente tenía que haber sido reducido a una pulpa de celulosa. A esta altura ya me parecía todo muy estúpido, pero deben ser falencias mías ya que estaba ante una obra maestra en opinión de muchos.

- Para terminar: nueve personas en un bote varios días a la deriva en el océano sin casi comida ni agua. A pesar de ello el cuerpo tiene sus necesidades, a veces acuciantes. No hacen falta escenas explícitas, pero sugerir algo le hubiera dado un toque más real y humano. Quise leer el libro de Steinbeck pero no lo encuentro. Tengo muchas ganas de compararlo con la película y ver de que manera el gran escritor resuelve las situaciones mencionadas en esta nota.

La admiración que siento por el gran Alfred se mantiene con todo su vigor; son muchas las películas que su mano maestra me hizo disfrutar, pero de ésta extraigo una conclusión: en materia de cine, quién no entiende sólo debe decir si una película le gustó o no; avanzar más puede ser arriesgado.

*

4 de abril de 2013

Hitchcock hubo sólo uno



Días pasados estaba haciendo zapping frente al televisor justo en el momento que comenzaba la proyección de una película de suspenso, El crimen perfecto, con Michael Douglas y Gwyneth Paltrow, dirigida por un tal Andrew Davis. Comencé a verla y después de algunos minutos, el argumento me hizo recordar vagamente a otro film que había visto 57 años atrás: La llamada falta (Dial M for Murder) interpretada por mis admirados Grace Kelly y Ray Milland, bajo la mano incomparable de Alfred Hitchcock.

Ray Milland 
Como no iba a acordarme de esa película si la vi por lo menos diez veces. Lo que ahora desfilaba ante mis ojos era una burda remake de aquella obra maestra. En un acto de masoquismo extremo me quedé hasta el final mientras comparaba mentalmente lo que estaba viendo, con aquella joya del cine de suspenso. Me imaginé que el director de El crimen perfecto habría visto la versión original de esa obra de teatro de Frederick Knott llevada al cine, cuya acción transcurre casi enteramente en un living de una casa londinense.

No podía entender, por lo tanto, como este cineasta había tenido el descaro de intentar una remake. Claro que el argumento está cambiado, el final es distinto y la producción no es la de una obra de teatro sino de una película con muchos escenarios exteriores y el interior de una lujosa residencia neoyorquina que nada tiene que ver con ese modesto piso ambientado en Londres.

Anthony Dawson y Grace Kelly 
De los actores ni hablemos. Michael Douglas hace lo que puede pero queda empequeñecido frente a la caracterización de Ray Milland en su papel de marido que planea el asesinato de su esposa, la hermosa Grace Kelly, quién aporta un toque de distinción sumada a sus dotes de gran actriz, sobre todo cuando tanto ella como sus colegas son conducidos por el talentoso y único, Alfred Hitchcock.

 La elección de los escasos actores que requiere la trama fue otro acierto en la película de Hitchcock. El asesino tiene una caracterización perfecta en Anthony Dawson, y lo mismo ocurre con el inspector de policía, un insuperable John Williams, quién aporta esa fascinante flema británica para ir avanzando en la resolución del crimen. Para que nada faltara, la banda musical le fue encomendada al consagrado Dimitri Tiomkin. 

Jonh Williams 
Así, con poca cantidad y mucha calidad, Alfred Hitchcock, ensambló una obra maestra, imposible de superar porque lleva su sello único e inimitable. Es como si se pretendiera hacer remakes de Rebecca, Casablanca o Lo que el viento se llevó, ¿a qué mente delirante se le podría ocurrir?

*