1 de noviembre de 2016

Los coleccionistas (de autos a escala)

"Hay ocho millones de historias en la ciudad desnuda". Algunos memoriosos que cargamos una apreciable cantidad de años a la espalda, recordamos esta frase introductoria de la serie de televisión La ciudad desnuda que se emitía en glorioso blanco y negro y en pantalla cuadrada con esquinas redondeadas, allá por la década de los sesenta.



Parafraseando esa presentación, podríamos decir que hay también -posiblemente- un cúmulo  de historias humanas alrededor de esos pequeños objetos en escala de 1/64 que con la técnica del die cast toman la forma de los miles de modelos de todo tipo de vehículos que se convierten en pasión de coleccionistas. Pasemos esto por un filtro y quedémonos sólo con las réplicas de los vehículos con ruedas y, más tamizado aún, con los autos.

Los coleccionistas de verdad quieren serlo de por vida, y no convertirse en completistas, porque ello indicaría que han llegado al límite, algo que de ninguna manera aceptarán. Es que eso que rechazan calificar como juguetes son casi objetos de culto cuya posesión les ha demandado tiempo y esfuerzo. Intuyen que siempre está la posibilidad de que alguna de sus unidades podría ser la última en existencia y por ello su valor puede llegar a ser muy alto.

Otra de las miniaturas. Bastante entero si obviamos la ausencia de los faros
Inicialmente, esta nota iba a referirse a un coleccionista en particular, bastante conocido ya en la zona de Mataró, comarca del Maresme, al que de momento llamaremos P. pues ha sido imposible concertar una entrevista y no queremos violar su privacidad a menos que lo autorice expresamente. A lo largo de varios años, P. ha ido atesorando una cantidad apreciable de estas miniaturas: casi 4.000 rodados clasificados todos según marca, modelo y año, con preferencia por las que en la parte inferior llevan la etiqueta Matchbox y Majorette. 

Un día de compras perfecto
Más adelante volveremos sobre P. y estos fanáticos "buscadores de tesoros" que podrían estar en cualquier sitio aunque su instinto los lleve preferentemente a esa especie de "mercados persas" de compra y venta que se encuentran en muchas ciudades y donde uno puede toparse con el objeto más inverosímil....por ejemplo, los restos del Volkswagen y los otros dos coches que vemos en las primeras fotos; el deterioro de esas miniaturas que al igual que las restantes expuestas en la nota nos han sido facilitadas por el coleccionista P., son el enlace y justificación de la frase encomillada del comienzo. 

Precisamente el estado calamitoso de ese pequeño "escarabajo" que el coleccionista de marras subió a Instagram, me produjo una impresión extraña: ya no se trataba sólo de una pieza de colección sino del protagonista de una "vida" azarosa. Desfilaron por mi mente escenas de un país en guerra, y en ese escenario, la imagen de un niño aferrando en su mano ese pequeño juguete; tal vez era lo único que poseía. Con la pintura saltada, el parabrisas roto, un solo faro... en fin, la desolación. ¿Lo habrá rescatado de entre una pila de escombros? ¿Cual habrá sido el recorrido del pequeño escarabajo hasta llegar a manos de nuestro coleccionista?

Está claro que estas historias "humanas" que nacen en nuestra imaginación son aplicables sólo a las miniaturas cuyo estado de conservación evidencia que han pasado por varias manos desde que salieron de fábrica flamantes y enteros. Explicada así sucintamente la frase que abre la nota, digamos que a los coleccionistas también les gustan los autos nuevos de colores brillantes y en su estuche original, pero esto significa un desembolso adicional; muchos prefieren pagar por diez usados la misma cantidad de dinero que les costaría uno nuevo. El precio de un modelo "difícil" es otro tema.       A la izquierda vemos un coche semi nuevo y al lado su versión "vida dura"    
Pero hagamos rápidamente abstracción de ese sentimiento espontáneo ya que son divagaciones que seguramente me interesen sólo a mí y tienen poco que ver con el meollo de estos párrafos, que es indagar acerca de los orígenes de este obsesivo afán por rodearse de la mayor cantidad posible de ejemplares objeto de su afición. Podríamos asegurar que no persiguen un beneficio económico ya que difícilmente se desprenderán de ellos. Por el contrario, querrán que la colección crezca; ¿hasta dónde? Sólo ellos lo saben.


El coleccionista que nos ocupa no hace distinción entre miniaturas usadas o nuevas, en buen o mal estado; lo que le interesa es que pueda identificarse su año, modelo y marca. 


Como observadores de este fenómeno, podemos intuir que el interés va más allá de poseer un objeto de metal fundido. Cada modelo representa un esfuerzo creativo y de producción; desde el momento de su concepción ha sido testigo mudo de un capítulo de la historia del hombre y su entorno social. Sentirse atraído por un determinado auto y sus circunstancias, es también una manera de adquirir cultura.

Todos tenemos preferencias por algún tipo de autos (antiguos, clásicos, modernos, deportivos, de lujo, etc). Los coleccionistas seguramente también las tienen y hacia ellas vuelcan sus esfuerzos.   

En la colección de P. tampoco faltan los coches antiguos
El coleccionista P., desde niño mostró un interés especial por todo lo que se refiere al automóvil; seguramente los "cuatro ruedas" fueron su juguete preferido. Antes de comenzar la colección de miniaturas que ahora ocupan varias estanterías construidas especialmente, leía con avidez las revistas especializadas, tanto españolas como extranjeras (inglesas, francesas, alemanas, etc.). Pero en algún momento algo debió haber ocurrido para tomar la decisión de dedicarse "contra viento y marea" a este hobby tan apasionante para muchos.

Es una suerte (para su bolsillo) que esa pasión se haya orientado finalmente hacia las réplicas a escala, porque su inicio como coleccionista fue "a lo grande". Y nunca mejor dicho, ya que una de las primeras piezas fue un Mercedes Benz 300 de TAMAÑO NATURAL y en perfecto funcionamiento que adquirió en Madrid y trajo a su casa de Premiá de Mar, conduciéndolo orgullosamente a lo largo de 600 kilómetros. Habrá entendido que por razones de "espacio", esa limusina Mercedes Benz habría de ser comienzo y final de una -obviamente fantasiosa- ilusión de poseer algunas joyas mecánicas solo al alcance de millonarios excéntricos. Como símbolo, con uno ya está bien.

Es dable suponer que P. compra coches nuevos para su hijo de cinco años, con la advertencia "se mira pero no se toca!", mientras agranda su colección con asiduas visitas al conocido batiburrillo Dels Encants, en Barcelona, donde bajo capas de polvo muchos pasan de largo pero otros descubren verdaderos "tesoros" como puede serlo un modelo de auto de colección de los que no se consiguen, cualquiera sea su estado..como el escarabajo del comienzo.

¡Última adquisición antes del cierre!


En una redacción periodística diríamos: "Estamos sobre la hora de cierre, hay que entregar la nota!".

A mí me sirve de excusa para el punto final. Por ahora....

- J.T.
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