Mostrando entradas con la etiqueta Los 100. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Los 100. Mostrar todas las entradas

14 de abril de 2013

Los 100 (II) - Crimen y castigo


Segunda nota sobre las 100 novelas que muchos consideran como las mejores de la literatura universal. Claro que todas las opiniones son subjetivas. En todas las entradas se transcribe la primera página de esas obras. 

Crimen y castigo es una novela de carácter psicológico dividida en seis partes más el epílogo. Fue publicada por primera vez en un diario llamado El mensajero ruso, en 1866, en doce partes, y después se editó como novela.

El protagonista es Rodion Raskolnikov, un estudiante de Derecho que vive en San Petersburgo y que apenas tiene para sobrevivir, a pesar de la ayuda que recibe de su madre Pulqueria y su hermana Dunia. Rodion se indigna con Dunia porque quiere casarse con un abogado, sólo por interés, para ayudarle a él. De modo que urde la idea de asesinar y robar a una vieja malvada y usurera que guarda una importante cantidad de dinero en su casa.

Crimen y castigo está escrita en tercera persona a través de un narrador omnisciente. Su lectura requiere un poco de concentración, por su densidad. El siguiente párrafo permite vislumbrar el contenido de la novela:
“No he matado para poder ayudar a mi madre, no; ni tampoco para erigirme en bienhechor de la humanidad, después de haber adquirido los medios. No; he matado sencillamente, he matado para mí solo y no me preocupaba saber, en aquel momento, si llegaría a ser algún bienhechor o si pasaría mi vida como una araña atrapando víctimas en mi tela para saciarme con su vitalidad. Sobre todo, no era la necesidad de dinero lo que me afectaba más cuando maté; necesitaba menos dinero que otras cosas… Necesitaba saber otra cosa, otra cosa empujaba mi brazo; quería saber, lo más pronto posible, si era un parásito como los demás o un hombre."

Dato interesante: Los diálogos mantenidos entre el protagonista, Raskolnikov, y el inspector de policía, son considerados por algunos autores, como el prestigioso literato austríaco Stefan Zweig, como una de las cimas de la literatura universal.


CRIMEN Y CASTIGO  (Fedor Dostoyevski)  


Primera página

PRIMERA PARTE I 
Una tarde extremadamente calurosa de principios de julio, un joven salió de la reducida habitación que tenía alquilada en la callejuela de S... y, con paso lento e indeciso, se dirigió al puente K... 
  Había tenido la suerte de no encontrarse con su patrona en la escalera. 
  Su cuartucho se hallaba bajo el tejado de un gran edificio de cinco pisos y, más que una habitación, parecía una alacena. En cuanto a la patrona, que le había alquilado el cuarto con servicio y pensión, ocupaba un departamento del piso de abajo; de modo que nuestro joven, cada vez que salía, se veía obligado a pasar por delante de la puerta de la cocina, que daba a la escalera y estaba casi siempre abierta de par en par. En esos momentos experimentaba invariablemente una sensación ingrata de vago temor, que le humillaba y daba a su semblante una expresión sombría. Debía una cantidad considerable a la patrona y por eso temía encontrarse con ella. No es que fuera un cobarde ni un hombre abatido por la vida. Por el contrario, se hallaba desde hacía algún tiempo en un estado de irritación, de tensión incesante, que rayaba en la hipocondría. Se había habituado a vivir tan encerrado en sí mismo, tan aislado, que no sólo temía encontrarse con su patrona, sino que rehuía toda relación con sus semejantes. La pobreza le abrumaba. Sin embargo, últimamente esta miseria había dejado de ser para él un sufrimiento. El joven había renunciado a todas sus ocupaciones diarias, a todo trabajo. 
En el fondo, se mofaba de la patrona y de todas las intenciones que pudiera abrigar contra él, pero detenerse en la escalera para oír sandeces y vulgaridades, recriminaciones, quejas, amenazas, y tener que contestar con evasivas, excusas, embustes... No, más valía deslizarse por la escalera como un gato para pasar inadvertido y desaparecer. 
Aquella tarde, el temor que experimentaba ante la idea de encontrarse con su acreedora le llenó de asombro cuando se vio en la calle. «¡Que me inquieten semejantes menudencias cuando tengo en proyecto un negocio tan audaz! pensó con una sonrisa extraña . Sí, el hombre lo tiene todo al alcance de la mano, y, como buen holgazán, deja que todo pase ante sus mismas narices... Esto es ya un axioma... Es chocante que lo que más temor inspira a los hombres sea aquello que les aparta de sus costumbres. Sí, eso es lo que más los altera... ¡Pero esto ya es demasiado divagar! Mientras divago, no hago nada. Y también podría decir que no hacer nada es lo que me lleva a divagar. Hace ya un mes que tengo la costumbre de hablar conmigo mismo, de pasar días enteros echado en mi rincón, pensando... Tonterías... Porque ¿qué necesidad tengo yo de dar este paso? ¿Soy verdaderamente capaz de hacer... "eso"? ¿Es que,......
*

Otras portadas
*


10 de abril de 2013

Los 100 - Cien años de soledad

Muchos hemos visto en diarios, revistas y blogs, artículos que se refieren a "Los mejores 100 libros jamás escritos", "Los cien mejores libros de la historia", "Los 100 libros que todos deberían leer antes de morir", y así por el estilo. Se trata de opiniones subjetivas que, sin embargo, son bastante coincidentes en cuanto a los autores y títulos elegidos. Algunos los he leído y otros no, por motivos diversos y que también hacen a la subjetividad en cuanto a los gustos personales de cada uno.

Se me ha ocurrido esta nota como una manera de compartir con seguidores y visitantes de este blog, una especie de acercamiento a esas magnas obras de la literatura. Si alguno se ve "tentado" a aventurarse en esos textos, el objetivo principal habrá sido logrado. Otro de los propósitos es acercarnos, aunque sea por curiosidad, a esos libros y sus autores. ¿Cómo? A través de datos, portadas de la obra y la transcripción de la primera página.

Por alguno tenemos que empezar, no porque sea el más importante ni por orden alfabético. Aquí va el primero; otros irán desfilando sin un orden establecido. 

CIEN AÑOS DE SOLEDAD  (Gabriel García Márquez)   

Considerada una obra maestra de la literatura hispanoamericana y universal, es una de las más traducidas y leídas en castellano. 


La primera edición de la novela fue publicada en Buenos Aires en mayo de 1967 por la editorial Sudamericana con un tirada inicial de 8.000 ejemplares; hasta la fecha se han vendido más de 30 millones y ha sido traducida a 35 idiomas. Los originales fueron enviados por correo en dos partes porque el escritor no tenía dinero suficiente para pagar el paquete entero.

"Yo creo que esa novela no va a tener éxito" fue lo que dijo el editor Carlos Barral a Gabriel García Márquez cuando éste le presentó Cien años de soledad a mediados de los años 60. Seix Barral era entonces la editorial de vanguardia en lengua castellana.

La novela fue escrita en 18 meses, entre 1965 y 1966, en Ciudad de México. La idea original surge en 1952 durante un viaje que realiza el autor a su pueblo natal, Aracataca, en compañía de su madre. En su cuento Un día después del sábado publicado en 1954, García Márquez hace referencia por primera vez a Macondo, y varios de los personajes aparecen en algunos de sus cuentos y novelas anteriores.

Las 471 páginas del libro están divididas en 20 capítulos no titulados, en los cuales se narra una historia con una estructura cíclica temporal, ya que los acontecimientos del pueblo y de la familia Buendía, así como los nombres de los personajes se repiten una y otra vez, fusionando la fantasía con la realidad. En los tres primeros capítulos se narra el éxodo de un grupo de familias y el establecimiento del pueblo de Macondo, desde el capítulo 4 hasta el 16 se trata el desarrollo económico, político y social del pueblo, y los últimos cuatro capítulos hablan de su decadencia.
- J.T.

La primera edición. 5 de junio de 1967

Primera página 

Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo. Macondo era entonces una aldea de veinte casas de barro y cañabrava construidas a la orilla de un río de aguas diáfanas que se precipitaban por un lecho de piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos. El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarías con el dedo. 
Todos los años, por el mes de marzo, una familia de gitanos desarrapados plantaba su carpa cerca de la aldea, y con un grande alboroto de pitos y timbales daban a conocer los nuevos inventos. Primero llevaron el imán. Un gitano corpulento, de barba montaraz y manos de gorrión, que se presentó con el nombre de Melquiades, hizo una truculenta demostración pública de lo que él mismo llamaba la octava maravilla de los sabios alquimistas de Macedonia. 
Fue de casa en casa arrastrando dos lingotes metálicos, y todo el mundo se espantó al ver que los calderos, las pailas, las tenazas y los anafes se caían de su sitio, y las maderas crujían por la desesperación de los clavos y los tornillos tratando de desenclavarse, y aun los objetos perdidos desde hacía mucho tiempo aparecían por donde más se les había buscado, y se arrastraban en desbandada turbulenta detrás de los fierros mágicos de Melquíades. «Las cosas, tienen vida propia -pregonaba el gitano con áspero acento-, todo es cuestión de despertarles el ánima.»
 José Arcadio Buendía, cuya desaforada imaginación iba siempre más lejos que el ingenio de la naturaleza, y aun más allá del milagro y la magia, pensó que era posible servirse de aquella invención inútil para desentrañar el oro de la tierra. Melquíades, que era un hombre honrado, le previno: «Para eso no sirve.» Pero José Arcadio Buendía no creía en aquel tiempo en la honradez de los gitanos, así que cambió su mulo y una partida de chivos por los dos lingotes imantados. 
Úrsula Iguarán, su mujer, que contaba con aquellos animales para ensanchar el desmedrado patrimonio doméstico, no consiguió disuadirlo. «Muy pronto ha de sobrarnos oro para empedrar la casa», replicó su marido. 
Durante varios meses se empeñó en demostrar el acierto de sus conjeturas. Exploró palmo a palmo la región, inclusive el fondo del río, arrastrando los dos lingotes de hierro y recitando en voz alta el conjuro de Melquíades. Lo único que logró desenterrar fue una armadura del siglo xv con todas sus partes soldadas por un cascote de óxido, cuyo interior tenía la resonancia hueca de un enorme calabazo lleno de piedras. 
Cuando José Arcadio Buendía y los cuatro hombres de su expedición lograron desarticular la armadura, encontraron dentro un esqueleto calcificado que llevaba colgado en el cuello un relicario de cobre con un rizo de mujer. 
 En marzo volvieron los gitanos. Esta vez……..
*