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25 de noviembre de 2011

Romance con el tango (reedición)


José Trepat


Fue de menos a más, o aún más rotundo: de nada a mucho. Asó podría definir mi relación con el tanto, esa música que tanto identifica a un país hasta convertirse en artículo exportación a todo el mundo, incluido el tan lejano y diferente Japón, en las antípodas de la nación sudamericana, tanto en situación geográfica como en las costumbres.


Aunque bien es cierto, el tango es más conocido y aceptado mundialmente en su versión danzante, como baile de salón, un regalo para la visita y el oído cuando la pareja de bailarines se fusiona con los compases, sincronizando sus movimientos con la precisión de un reloj suizo.


En la mente tomará forma ahora la imagen de un escenario de categoría, con un piso reluciente sobre el que evoluciona la pareja; el hombre, con impecable esmoquin negro y si es posible cabello negro, lacio, engominado y peinado hacia atrás, y la mujer, perfectamente maquillada y enfundada en un vestido ceñido a sus caderas, con el detalle infaltable de la costura abierta en una de sus piernas, requisito indispensable para permitir la plasticidad de sus movimientos.


Ese es el tango de exportación, pero que en esencia no difiere mucho del mismo baile practicado con una vestimenta más sencilla y convencional como un traje cruzado y siempre abotonado en el hombre y una falda, eso sí, lo más ajustada posible, en su pareja.


Un sombrero ladeado y un pañuelo blanco al cuello del hombre podría ser otra diferencia entre esta versión popular y la más sofisticada del baile de salón que se detalla en los párrafos precedentes.


Hecha la ineludible presentación del tango bailado que ha recorrido el mundo entero, esta nota va a centrarse más bien en la música que en Argentina se llama “típica” (no sé por qué, que alguien me desasne), circunscripta a las tantas orquestas y sus cantores que tuvieron su época de esplendor en las décadas que van de 1950 a 1970, aproximadamente, tiempo en el que fueron gestándose mis preferencias por esta música tan particular.


Elegir ese período de tiempo es una opción muy personal y subjetiva, pero no excluye la mención de otros nombres anteriores o posteriores a esas fronteras del calendario. Como ejemplo, dos extremos fundamentales en la historia del tango: Carlos Gardel y Astor Piazzola.

Como se menciona al comienzo de esta nota, cuando llegué a Argentina mi rechazo hacia el tango era total. Me resultaban insoportables esos machacosos acordes del 2x4 que la orquesta del uruguayo Juan D’Arienzo remarcaba como ninguna otra.

En esa época, años 50, las emisoras de radio difundían una música también muy argentina que eran los valsecitos camperos, algo que ha ido desapareciendo con el tiempo. Me resultaba una música pegadiza que enseguida comenzó a gustarme. Un tema sobresalía del resto, el vals Desde el alma, aquel que comenzaba: “Alma, si tanto me has querido, dime por que te niegas al olvido…”.etc.

En las noches de verano en el campo, a un primo mío se le daba por cantar tangos a capella, con una voz que desafinaba bastante y era una verdadera tortura. ¿Cómo les puede gustar esto?, me decía. Mis oídos todavía estaban acostumbrados a las armoniosas y pegadizas coplas españolas y para mí, no existía otra música.

Con el paso del tiempo y ya radicado en Buenos Aires, el contacto con el escenario propio del tango me hizo ver paulatinamente que no era necesario que hubiese nacido en Argentina para que el tango llegara a convertirse en una de mis músicas preferidas. Es que había tantas orquestas y cantores que tenían sus espacios en las radios, que era imposible abstraerse y así poco a poco fue creciendo ese romance.

La idolatría que los argentinos sienten por Carlos Gardel y la continua difusión de sus temas, casi todos con letras que calaban hondo en los sentimientos, como el amor a la “vieja” (madre), la miseria, el amor, la amistad, la traición. Esas letras reflejaban el sentir de los argentinos, su manera de ser. Y como ya llevaba más años en ese país de los que había vivido en España, no es de extrañar que también me consustanciara con ellas.

Normalmente, los cantores de tango eran parte de una orquesta y algunos, o muchos, con el tiempo se transformaban en solistas, según sus condiciones. Una de las primeras voces que recuerdo es la de un tal Fiorentino (nombre o apellido de ascendencia italiana como tantos) que cantaba en la orquesta de uno de los grandes: Anibal “Pichuco” Troilo, por la que pasó también un músico genial e inicialmente resistido, Astor Piazzola, bandeonista de la orquesta.
Otro italiano de mitad de siglo, Alberto Marino, tenía un programa diario en la radio en el que el locutor lo presentaba como “La voz de oro del tango”. En mi casa la radio era el único entretenimiento y como el programa se difundía a la hora de la cena, había que escucharla, pero lo hacíamos con gusto. El tango ya comenzaba a ser parte de nuestras vidas.

Precisamente, esa comunión con los receptores a válvulas que se recalentaban y por eso había que apagarlos cada tanto, marcó mi adhesión incondicional a esa “música ciudadana” a raíz de la presentación de una orquesta y sus dos cantores que desde entones están entre mis preferidos.



Todos los días, a las ocho de la noche, actuaba en vivo en Radio el Mundo el conjunto del maestro Héctor Varela y sus cantores Argentino Ledesma y Rodolfo Lesica (otro de apellido real italiano: Aiello). El esquema del programa era muy simple. Primero una pieza orquestal, y luego dos tangos cantados por Ledesma y Lesica.




La orquesta dirigida por Héctor Varela desde su bandoneón, siempre me gustó por su “prolijidad” y las voces de sus dos cantores habían dado en el clavo en materia de gustos. Los he escuchado centenares de veces y sigo haciéndolo, siempre con el mismo placer.

En la misma calle donde vivíamos en Buenos Aires, funcionaba una “boite” llamada “Rendez Vouz” que según supe después era propiedad de Osvaldo Fresedo, uno de los directores de orquesta de tango preferidos por la clase pudiente del Buenos Aires de entonces. Se lo consideraba un hombre “fino” seguramente por su impecable atuendo y por provenir de una familia acomodada.

En esa época de oro ocupaban espacio propio las orquestas de Osvaldo Pugliese (quien nunca negó su condición de comunista, aún en épocas difíciles), Alfredo de Angelis, Carlos di Sarli, Juan D’Arienzo, y entre muchos otros, un gordo idolatrado por todos los tangueros de ley: Aníbal Troilo, quien además de Fiorentino y Alberto Marino, tuvo entre sus cantores a otros dos que al transformarse en solistas, llegaron a lo más alto en las preferencias populares: Edmundo Rivero y Roberto Goyeneche.

Hablar de de Edmundo Rivero es hablar del lunfardo, esa especie de idioma tan propio de Buenos Aires que empleaba en casi todos sus temas, y que realmente lo hizo como ninguno, ayudado por una voz profunda y grave.

Roberto Goyeneche, apodado “el polaco” supo interpretar como pocos el alma del “porteño castigado por la vida” pareciendo que dejaba el alma en cada tema. Siguió cantando casi hasta el fin de sus días con lo que le quedaba de una voz que en sus primeras épocas había sido espléndida.

La cantante Adriana Varela, dueña de un estilo muy personal, de voz también grave y profunda, se refiere a Goyeneche en uno de sus temas como “garganta con arena”, que no es más que un homenaje al “polaco” que en sus últimos tiempos más que cantar “decía” los versos.

Entre los solistas, no mencionar al uruguayo Julio Sosa parece una herejía. Salido también de una orquesta (fue la de Leopoldo Federico por casualidad?) se consolidó luego como solista con su estampa varonil y recia voz. Su muerte prematura, en un accidente automovilístico, contribuyó a cimentar su leyenda.

Quedan muchos nombres en el tintero: Angel Vargas, Alberto Castillo, etc. etc. de Carlos Gardel ya se ha dicho todo.

Otra variante del tango, primero resistida en los círculos tradicionales de Buenos Aires, pero luego aceptada y reconocida mundialmente, fue introducida por el ex bandeonista de Troilo, Astor Piazzola (apellido italiano, no?) y marcó una verdadera revolución en lo que se conoce como música de Buenos Aires.

Ambos estilos pueden convivir perfectamente, cada uno de acuerdo a sus convicciones y acólitos, pero Piazzola trascendió los límites de Argentina y si hay alguien a quién no le gusta la música de Piazzola tal vez se abstenga de decirlo.

El tango más tradicional como yo lo conocí en su época de esplendor ha quedado más bien de fronteras para adentro como un tesoro que Argentina, y Buenos Aires en particular, guardan orgullosamente.

Tómese esta nota como un reconocimiento y a modo de homenaje. Sólo decir que no he consultado absolutamente ningún archivo; es sólo lo que la memoria se niega a desechar.

Por eso puede haber algún dato erróneo, cuya enmienda aceptaré con gusto.
*

9 de diciembre de 2010

JOHN LENNON



Este blog se hace (a veces) a golpe de sentimientos y de emociones. Todos/as no caben pero en alguna surge la necesidad de detenerse unos minutos y "dejar constancia".

Ayer hizo 30 años que un pobre enfermo descerebrado mató de un disparo a John Lennon, uno de los músicos más extraordinarios del siglo XX (basta con recorrer su discografía).

Todavía faltan algunos días para la Navidad, pero no obstante deseo unir este aniversario con la que en mi opinión es el tema musical navideño más conmovedor de cuantos se hayan compuesto, por el mensaje que lleva implícito teniendo en cuenta la situación en que el mundo se encontraba, no tan diferente a la de hoy; por eso tendrá siempre vigencia.

Aquí está el Happy Christmas (War is Over if you want it) de este músico genial.





Aquí están los versos, tan hermosos como la música

So this is Christmas
And what have you done
Another year over
And a new one just begun
And so this is Christmas
I hope you have fun
The near and the dear one
The old and the young

A very merry Christmas
And a happy New Year
Let's hope it's a good one
Without any fear
And so this is Christmas
For weak and for strong
For rich and the poor ones
The world is so wrong
And so happy Christmas
For black and for white
For yellow and red ones
Let's stop all the fight
A very merry Christmas
And a happy New Year
Let's hope it's a good one
Without any fear
And so this is Christmas
And what have we done
Another year over
And a new one just begun
Ans so this is Christmas
I hope you have fun
The near and the dear one
The old and the young
A very merry Christmas
And a happy New Year
Let's hope it's a good one
Without any fear
War is over over
If you want it
War is over
Now...

y 20 segundos finales que resumen la atrocidad de las guerras.





"A new year has begun and what have you done?"

"Un nuevo año ha comenzado y tú que has hecho?"

*







 




 

6 de diciembre de 2010

No me canso de repetirlo


En días recientes llegó a mi buzón de correo electrónico el enlace para ver y, sobre todo escuchar, una sesión de arias de ópera en un centro comercial de Buenos Aires.

En momentos en que numerosas personas realizaban sus compras o sólo paseaban, de pronto se vieron sorprendidos por los acordes de la ópera La Traviata, de Giuseppe Verdi, y acto seguido las voces de varios cantantes líricos del Teatro Colón que pusieron sus voces al inmortal Libiamo.

Es una versión más de esta experiencia que desconozco dónde inició, dirigida a trasladar el género operístico (sus arias) desde los grandes y selectos escenarios, a un ambiente popular como puede ser un centro comercial, un mercado, un restaurante o una terminal aérea.

Feliz idea que, de manera sorpresiva, conecta este género musical con el gran público, muchas veces renuente a tomar contacto con ésta, la expresión suprema de la amalgama de voces y música.

Primero, la gente se sorprende, luego los rostros comienzan a dibujar sonrisas de aceptación y finalmente, hasta puede verse rodar alguna lágrima de emoción, porque definitivamente, en materia musical, no hay nada más sublime que un aria de opera.

A continuación el video del centro comercial, y después algo que no es ópera sino una canzonetta (O sole mío), pero que adquiera una dimensión notable en esta versión de tres grandísimos tenores, con un acompañamiento musical incomparable (sinfónica dirigida por Zubin Metha).











*

5 de marzo de 2010

El genio de Mozart



No descubro nada al decir que el vocablo genio se ajusta perfectamente a lo que fue/es Wolfgang Amadeus Mozart en el mundo de la música. Vamos a recordar un fragmento de la maravillosa película Amadeus, en cuanto a su banda sonora y no tanto a la caracterización de un Mozart, demasiado hollywoodense.

Explicación de la escena para quienes no vieron la película de Milos Forman.

Antonio Salieri, el compositor de la corte del emperador Francisco José, escribe un tema breve para el soberano, buscando la inspiración divina, como deja traslucir su mirada a Cristo en la cruz mientras la pieza va tomando forma.

En la escena siguiente, Salieri presenta la composición a Francisco José, amante de la música, y este se sienta al piano para ejecutarla. En ese momento aparece el joven Mozart, quien se sorprende al ver al emperador y a su séquito de adulones, junto a Salieri, aparentemente satisfecho con su creación.

El emperador pide a Mozart que se acerque y le muestra la partitura musical de lo que estaba ejecutando, e invita al joven músico a que haga lo propio, para lo cual le entrega la partitura.



“No es necesario, ya la memoricé”, dice Mozart, que había visto el pentagrama apenas unos segundos.

Todos se miran extrañados, incluso Salieri, pues no podían entender que la hubiese aprendido en tan poco tiempo.

“Demuéstrelo!”, le ordena el emperador.

Mozart se sienta al piano y comienza a tocar de memoria la melodía, pero enseguida se interrumpe y dice mirando a Salireri: “Esto no suena muy bien, no le parece?”. Salieri, con gesto ofendido no dice nada y los demás quedan expectantes.

“¿Y si intentamos esto?”, pregunta Mozart con total ingenuidad. Y a continuación sus dedos comienzan a moverse sobre el teclado introduciendo variaciones floridas y un nuevo ritmo a la pieza escrita por Salieri con tanto esfuerzo.

Los gestos de los presentes son de aprobación total a los arreglos del joven Amadeus y la cámara enfoca el rostro de Antonio Salieri, en el que podían notarse la frustración y la envidia.

He aquí el fragmento.







*

27 de septiembre de 2009

Romance con el tango




José Trepat




Fue de menos a más, o aún más rotundo: de nada a mucho. Así podría definir mi relación con el tango, esa música que tanto identifica a un país hasta convertirse en artículo de exportación a todo el mundo, incluido el tan lejano y diferente Japón, en las antípodas del país sudamericano en situación geográfica y costumbres.

Aunque bien es cierto, el tango es más conocido y aceptado mundialmente en su versión danzante, como baile de salón, un regalo para la vista y el oído cuando la pareja de bailarines se fusiona con los compases, sincronizando sus movimientos con la precisión de un reloj suizo.

En la mente tomará forma ahora la imagen de un escenario de categoría, con un piso reluciente sobre el que evoluciona la pareja; el hombre, con impecable esmoquin negro y si es posible cabello negro, lacio, engominado y peinado hacia atrás, y la mujer, perfectamente maquillada y enfundada en un vestido ceñido a sus caderas con el detalle infaltable de la costura abierta en una de sus piernas, requisito indispensable para permitir la plasticidad de sus movimientos.


Ese es el tango de exportación, pero que en esencia no difiere mucho del mismo baile practicado con una vestimenta más sencilla y convencional como un traje cruzado y siempre abotonado en el hombre y una falda, eso sí, lo más ajustada posible, en su pareja.

Un sombrero ladeado y un pañuelo blanco al cuello del hombre podría ser otra diferencia entre esta versión popular y la más sofisticada del baile de salón que se detalla en los párrafos precedentes.

Hecha la ineludible presentación del tango bailado que ha recorrido el mundo entero, esta nota va a centrarse más bien en la música que en Argentina se llama “típica” (no sé por qué, que alguien me desasne), circunscripta a las tantas orquestas y sus cantores que tuvieron su época de esplendor en las décadas que van de 1950 a 1970, aproximadamente, tiempo en el que fueron gestándose mis preferencias por esta música tan particular.

Elegir ese período de tiempo es una opción muy personal y subjetiva, pero no excluye la mención de otros nombres anteriores o posteriores a esas fronteras del calendario. Como ejemplo, dos extremos fundamentales en la historia del tango: Carlos Gardel y Astor Piazzola.


Como se menciona al comienzo de esta nota, cuando llegué a Argentina mi rechazo hacia el tango era total. Me resultaban insoportables esos machacosos acordes del 2x4 que la orquesta del uruguayo Juan D’Arienzo remarcaba como ninguna otra.

En esa época, años 50, las emisoras de radio difundían una música también muy argentina que eran los valsecitos camperos, algo que ha ido desapareciendo con el tiempo. Me resultaba una música pegadiza que enseguida comenzó a gustarme. Un tema sobresalía del resto, el vals Desde el alma, aquel que comenzaba: “Alma, si tanto me has querido, dime por que te niegas al olvido…”.etc.

En las noches de verano en el campo, a un primo mío se le daba por cantar tangos a capella, con una voz que desafinaba bastante y era una verdadera tortura. ¿Cómo les puede gustar esto?, me decía. Mis oídos todavía estaban acostumbrados a las armoniosas y pegadizas coplas españolas y para mí, no existía otra música.

Con el paso del tiempo y ya radicado en Buenos Aires, el contacto con el escenario propio del tango me hizo ver paulatinamente que no era necesario que hubiese nacido en Argentina para que el tango llegara a convertirse en una de mis músicas preferidas. Es que había tantas orquestas y cantores que tenían sus espacios en las radios, que era imposible abstraerse y así poco a poco fue creciendo ese romance.

La idolatría que los argentinos sienten por Carlos Gardel y la continua difusión de sus temas, casi todos con letras que calaban hondo en los sentimientos, como el amor a la “vieja” (madre), la miseria, el amor, la amistad, la traición. Esas letras reflejaban el sentir de los argentinos, su manera de ser. Y como ya llevaba más años en ese país de los que había vivido en España, no es de extrañar que también me consustanciara con ellas.

Normalmente, los cantores de tango eran parte de una orquesta y algunos, o muchos, con el tiempo se transformaban en solistas, según sus condiciones. Una de las primeras voces que recuerdo es la de un tal Fiorentino (nombre o apellido de ascendencia italiana como tantos) que cantaba en la orquesta de uno de los grandes: Anibal “Pichuco” Troilo, por la que pasó también un músico genial e inicialmente resistido, Astor Piazzola, bandeonista de la orquesta.
Otro italiano de mitad de siglo, Alberto Marino, tenía un programa diario en la radio en el que el locutor lo presentaba como “La voz de oro del tango”. En mi casa la radio era el único entretenimiento y como el programa se difundía a la hora de la cena, había que escucharla, pero lo hacíamos con gusto. El tango ya comenzaba a ser parte de nuestras vidas.

Precisamente, esa comunión con los receptores a válvulas que se recalentaban y por eso había que apagarlos cada tanto, marcó mi adhesión incondicional a esa “música ciudadana” a raíz de la presentación de una orquesta y sus dos cantores que desde entones están entre mis preferidos.



Todos los días, a las ocho de la noche, actuaba en vivo en Radio el Mundo el conjunto del maestro Héctor Varela y sus cantores Argentino Ledesma y Rodolfo Lesica (otro de apellido real italiano: Aiello). El esquema del programa era muy simple. Primero una pieza orquestal, y luego dos tangos cantados por Ledesma y Lesica.



La orquesta dirigida por Héctor Varela desde su bandoneón, siempre me gustó por su “prolijidad” y las voces de sus dos cantores habían dado en el clavo en materia de gustos. Los he escuchado centenares de veces y sigo haciéndolo, siempre con el mismo placer.

En la misma calle donde vivíamos en Buenos Aires, funcionaba una “boite” llamada “Rendez Vouz” que según supe después era propiedad de Osvaldo Fresedo, uno de los directores de orquesta de tango preferidos por la clase pudiente del Buenos Aires de entonces. Se lo consideraba un hombre “fino” seguramente por su impecable atuendo y por provenir de una familia acomodada.

En esa época de oro ocupaban espacio propio las orquestas de Osvaldo Pugliese (quien nunca negó su condición de comunista, aún en épocas difíciles), Alfredo de Angelis, Carlos di Sarli, Juan D’Arienzo, y entre muchos otros, un gordo idolatrado por todos los tangueros de ley: Aníbal Troilo, quien además de Fiorentino y Alberto Marino, tuvo entre sus cantores a otros dos que al transformarse en solistas, llegaron a lo más alto en las preferencias populares: Edmundo Rivero y Roberto Goyeneche.

Hablar de de Edmundo Rivero es hablar del lunfardo, esa especie de idioma tan propio de Buenos Aires que empleaba en casi todos sus temas, y que realmente lo hizo como ninguno, ayudado por una voz profunda y grave.

Roberto Goyeneche, apodado “el polaco” supo interpretar como pocos el alma del “porteño castigado por la vida” pareciendo que dejaba el alma en cada tema. Siguió cantando casi hasta el fin de sus días con lo que le quedaba de una voz que en sus primeras épocas había sido espléndida.

La cantante Adriana Varela, dueña de un estilo muy personal, de voz también grave y profunda, se refiere a Goyeneche en uno de sus temas como “garganta con arena”, que no es más que un homenaje al “polaco” que en sus últimos tiempos más que cantar “decía” los versos.

Entre los solistas, no mencionar al uruguayo Julio Sosa parece una herejía. Salido también de una orquesta (fue la de Leopoldo Federico por casualidad?) se consolidó luego como solista con su estampa varonil y recia voz. Su muerte prematura, en un accidente automovilístico, contribuyó a cimentar su leyenda.

Quedan muchos nombres en el tintero: Angel Vargas, Alberto Castillo, etc. etc. de Carlos Gardel ya se ha dicho todo.



Otra variante del tango, primero resistida en los círculos tradicionales de Buenos Aires, pero luego aceptada y reconocida mundialmente, fue introducida por el ex bandeonista de Troilo, Astor Piazzola (apellido italiano, no?) y marcó una verdadera revolución en lo que se conoce como música de Buenos Aires.

Ambos estilos pueden convivir perfectamente, cada uno de acuerdo a sus convicciones y acólitos, pero Piazzola trascendió los límites de Argentina y si hay alguien a quién no le gusta la música de Piazzola tal vez se abstenga de decirlo.

El tango más tradicional como yo lo conocí en su época de esplendor ha quedado más bien de fronteras para adentro como un tesoro que Argentina, y Buenos Aires en particular, guardan orgullosamente.



Tómese esta nota como un reconocimiento y a modo de homenaje. Sólo decir que no he consultado absolutamente ningún archivo; es sólo lo que la memoria se niega a desechar.

Por eso puede haber algún dato erróneo, cuya enmienda aceptaré con gusto.


Copiar un libro sobre la historia del tango no tiene valor alguno para lo que he pretendido aquí: dedicar algunos minutos al tango según yo lo recuerdo y siento.



*

28 de diciembre de 2008

Personajes - LUIS CARLINO










José Trepat



La Caja de Pandora que es Internet se me abre cada día con nuevas sorpresas, y ésta es una de ellas, agradable por cierto, aunque no para dejarme boquiabierto, pues los antecedentes del personaje en cuestión hacían presagiar que esto algún día podría ocurrir.

Lo cierto es que navegando por la sección Imágenes de Google se me apareció de pronto un rostro que me resultaba familiar a pesar de que el paso de los años había modificado en parte la fisonomía que guardaba en la memoria.

Ya no estaba el pelo rubio largo y lacio que era una de sus características físicas más visibles cuando lo conocí en la redacción de la agencia de noticias Reuters a comienzos de la década de 1970. La melena que lucía a los veinte y tantos había dejado paso a un pelo cortado a cepillo con una marcada tonalidad gris.

Las pocas dudas que tenía se disiparon completamente al bajar la vista y ver en la misma página de Internet una fotografía de la carátula de un CD con las palabras LuisCarlino.com, y más abajo el título: Emotional Exile.

La sorpresa mayor fue la relación que había entre el personaje y el tipo de música (pop/rock) pues yo tenía catalogado a Luisito, como le llamábamos en la redacción, como un fanático de la ópera y la música clásica, tema en el que se lo notaba muy versado.

Recuerdo que en la redacción comentaba que había instalado en su apartamento de un piso alto, un valioso piano en el que practicaba horas y horas no sin antes revestir las paredes de gruesos cortinados para “no molestar” a sus vecinos.

En cuanto a la lírica, durante la guerra de las Malvinas, matizaba la espera de noticias para transmitir a Londres leyendo los textos de alguna ópera como otros podían leer una novela de suspenso. Así recuerdo a Luisito Carlino, graduado en Filosofía que nunca hizo alarde de ello y se comportó siempre como un excelente colega.

Al leer parte de una breve biografía que publica en su página Web, me entero de que a los cuatro años comenzó a estudiar guitarra clásica, y un año después, a los cinco, viendo a Elvis Presley en televisión descubrió dos amores que perdudarían a lo largo de su vida: el rock n’ roll y el idioma inglés.

Dice también la nota biográfica que a los 17 años comenzó a escribir sus primeras canciones -en inglés, y que antes, a los 14, formó un grupo musical que basaba su repertorio en temas de los Rolling Stones. Todo esto era desconocido para mí cuando hablábamos de fútbol, política, cine, etc. en la redacción de Buenos Aires.

Luis Carlino fue enviado como corresponsal a Panamá y con ello tuvo la suerte de estar fuera de Argentina durante los años de la sangrienta dictadura militar.

A mediados de los 80 fue designado corresponsal en Madrid y allí, influenciado en parte por Peter Gabriel y Paul Simon, comenzó a escribir los 10 temas que componen el CD Emotional Exile, que pueden escucharse en la misma página, y que por cierto suenan muy bien.

Dice su biografía que tiene tres divorcios y una preciosa hija. Esto último lo supe cuando hablamos Madrid-Barcelona, a mi llegada a España en 2002. Su voz era exactamente la misma de más de 20 años atrás. Y hablando de la voz, debo suponer que es él mismo quién interpreta los 10 temas del CD?
No puedo asegurarlo, me queda la duda. Pero si debo jugarme, digo Sí.

Además de lo interesante del “personaje” de esta nota-recuerdo, hubo un hecho que me relaciona directamente con Luisito Carlino.

Cuando fue enviado a Madrid después de la Guerra de Malvinas, lo hizo en sustitución de otro miembro de Reuter que ya había sido designado para ello. Ese “otro” era yo.

Pocos días antes de la fecha prevista para la partida, el entonces Jefe de Redacción de Reuters en América latina, Hugo Infantino, me convoca a su despacho y me dice directamente (recuerdo sus palabras). Pepe –me llamaba así- tengo que decirte que estamos muy complacidos de que te quedes con nosotros…..etc.”, y que a Madrid debían enviar a Luis Carlino.

Después del shock inicial escuché y entendí las razones internas de la Agencia que habían motivado ese cambio. Como “compensación” me ascendieron a Sub Jefe de Redacción, y la vida siguió su curso.

Vuelvo al comienzo. Gratamente sorprendido de “redescubrir” esta faceta de mi apreciado ex colega, a quién le deseo suerte y éxito, para lo cual tiene sobrados merecimientos.


*

7 de diciembre de 2008

Personajes - NINO BRAVO y "Libre"








José Trepat



Poco después del mediodía del 16 de abril de 1973, el repiqueteo de campanillas de la teletipo alertó a los redactores de la mesa de noticias de la agencia Reuter, sobre la inminente aparación de un despacho URGENTE.



Dos segundos después, una escueta línea quedó impresa en la máquina receptora. “Spanish singer Nino Bravo was killed today in a car accident” (El cantante español Nino Bravo murió hoy en un accidente automovilístico).

Me correspondió a mí procesar la información urgente y más tarde la ampliación de la noticia. A medida que iban llegando los datos nos enteramos de que el flamante BMW 2.800 conducido por el cantante se había salido de la carretera en una curva y dio varias vueltas de campana, cuando se dirigía a Madrid desde Valencia, su tierra. Tenía 28 años y estaba en la plenitud de su carrera.

Después de un comienzo con altibajos, su carrera de cantante que le deparó varios premios y ser considerado la mejor voz de España y de Europa, se consolidó definitivamente con el tema que le compuso Augusto Algueró: “Te quiero, te quiero”.

Luis Manuel Ferri Llopis, tal su verdadero nombre, se casó en 1971 con María Amparo Martínez Gil. Tuvo dos hijas pero no llegó a conocer a la segunda.





A poco de casarse en secreto viajó a Argentina dónde actuó en el Canal 9 junto al cantor de tangos Argentino Ledesma. Dueño de una voz excepcional, era muy conocido en América, y su canción “Libre” ocupaba y ocupa un importante lugar entre mis preferidos.

Precisamente “Libre”, un canto a la libertad, ha sido el disparador de esta nota, y ya se verá por qué.

Tres años después, en 1976 la agencia me envió a Santiago de Chile para la cobertura de la Asamblea General de la Organización de Estados Americanos (OEA) que iba a realizarse en el vecino país, controlado por los militares de Augusto Pinochet tras el golpe militar que derrocó al presidente constitucional Salvador Allende.

Instalado en el hotel Sheraton junto con el resto del equipo de periodistas, nuestra tarea se desarrollaba sin problemas serios en un marco de extremas medidas de seguridad que incluían un riguroso control del movimiento de extranjeros. Estaban en el país representantes de todos los países de América latina y también la delegación de Estados Unidos.

La comitiva norteamericana estaba encabezada por el Secretario de Estado Henry Kissinger, a quién tiempo después se señaló como el instigador del golpe que acabó con el gobierno y la vida del socialista Allende. Kissinger estaba custodiado por decenas de agentes del Servicio Secreto estadounidense que no permitían que nadie se le acercara a menos de tres metros.

En ese tenso ambiente desarrollábamos nuestro trabajo de unas doce horas diarias; así era la vida de los periodistas, siempre alertas y con pocas ocasiones de “desconectarnos” de lo que sucedía a nuestro alrededor.

Sin embargo una noche, el gerente general de Reuters que había llegado desde Buenos Aires para supervisar el trabajo, invitó a nuestro grupo de cuatro o cinco periodistas, a cenar en un restaurante de la zona céntrica de Santiago.

El salón comedor estaba en el subsuelo y mientras nos dirigíamos a ocupar nuestra mesa observábamos la ambientación del lugar. Con luces difusas y velas encendidas en las mesas, los comensales llenaban el recinto con sus voces mientras en un pequeño escenario un reducido conjunto de músicos amenizaba el momento.

La cena transcurría normalmente hasta que una mesa próxima se convirtió en el centro de la atención. Siete u ocho militares chilenos, todos con rangos de oficiales, hablaban y reían cada vez a mayor volumen mientras levantaban sus copas de vino y jarras de cerveza con un brindis tras otro. Sólo ellos sabían lo que habían bebido hasta ese momento.

La animación en la mesa de los militares, con sus uniformes impecables que semejaban en cierta manera a los de los oficiales alemanes de la época de Hitler, creció en intensidad hasta que uno de ellos ordenó poner la música del tema “Libre”.

Al comenzar los acordes, se pusieron de pie y a voz en cuello desgranaban las estrofas de la canción que de manera tan notable había popularizado Nino Bravo.

La música, las luces difusas, los enrojecidos rostros de los militares y las jarras de cerveza por sobre sus cabezas me hicieron recordar a la película “Cabaret” y también a “Casablanca” en la escena que las canciones de guerra de los oficiales nazis son acalladas por las voces de los parroquianos que cantan al unísono “La Marsellesa”.

Cada vez que veo un anuncio o leo alguna referencia sobre la película “Cabaret”, me viene a la mente la imagen de esa cena en Santiago de Chile.

Los militares chilenos buscaban probablemente el acompañamiento del resto de los comensales en ese tema que según supe después, había sido elegido por los oficiales de Pinochet como una especie de himno a la libertad que los identificara.

Los ocupantes de las otras mesas no los secundamos y creo que Nino Bravo tampoco lo hubiese hecho. Es más, no lo creo, estoy seguro.




El tema puede verse/escucharse en






*


7 de septiembre de 2008

Invitación a la música





En esta segunda invitación, le toca el turno a Wolfgang Amadeus Mozart. En la columna de la derecha se puede escuchar "Pequeña serenata nocturna". Duración: 6'29''.


Compositor austriaco del periodo clásico. Uno de los más influyentes en la historia de la música occidental. Nació el 27 de enero de 1756 en Salzburgo, y lo bautizaron con el nombre de Johannes Chrysostomus Wolfgang Amadeus Mozart. Estudió con Leopold Mozart, su padre, conocido violinista y compositor que trabajaba en la orquesta de la corte del arzobispo de Salzburgo.


A los seis años Mozart era ya interprete avanzado de instrumentos de tecla y eficaz violinista, a la vez que hacía gala de una extraordinaria capacidad para la improvisación y la lectura de partituras. Todavía hoy se interpretan cinco pequeñas piezas para piano que compuso a esa edad.


Mozart murió en Viena el 5 de diciembre de 1791, se cree que por una dolencia renal crónica. Sólo unos pocos amigos fueron a su funeral. La leyenda por la cual el compositor italiano Antonio Salieri pudo haber asesinado a Mozart carece de todo fundamento.


A pesar de su corta vida y malograda carrera, Mozart se encuentra entre los grandes genios de la música. Su inmensa producción (más de 600 obras), muestra a una persona que, ya desde niño, dominaba la técnica de la composición a la vez que poseía una imaginación desbordante.


El tema de hoy


La "Serenata para cuerdas en Sol mayor" K 525, más conocida como "Eine Kleine Nachtmusik" (Una pequeña serenata nocturna), es una de las composiciones más populares de Wolfgang Amadeus Mozart. Está fechada en Viena el 10 de Agosto de 1787, coincidiendo con el período de la composicón de la ópera "Don Giovanni".


Sin embargo, no se sabe para quién o por qué la compuso Mozart . Originalmente constaba de cinco movimientos, de los que se han se han conservado cuatro. Su instrumentación es la de un pequeño conjunto de cámara: Dos violines, viola, violonchelo y un contrabajo opcional.


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Invitaciones previas:


Nessum dorma, de Giacomo Puccini. Voz: Luciano Pavarotti.


http://www.youtube.com/watch?v=j_eUCLewLtA


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5 de septiembre de 2008

El blogger invita a escuchar (y ver en algunos casos)


El blogger está convencido de que un aria de Opera es lo más sublime en cuanto a expresión musical.



En esta nueva sección que inauguramos hoy invitamos a nuestros visitantes a internarse en el mundo de la Opera y la Música Clásica. Con ese propósito sugerimos escuchar (y también ver en algunos casos) fragmentos que forman el repertorio de las preferencias del blogger.



Inauguramos este espacio con Nessum dorma, de Giacomo Puccini, en una versión excepcional a cargo de Luciano Pavarotti grabada en las Termas de Caracalla, en Roma, durante el Mundial de fútbol de 1990. La orquesta, bajo la batuta del indio Zubin Metha.



Nessum dorma es un aria del acto final de la ópera Turandot de Giacomo Puccini, cuyo título se traduce del italiano como "Nadie duerma". Sigue a la proclamación de la princesa Turandot de que nadie debe dormir hasta hallar el nombre del príncipe desconocido, Calàf, quien ha lanzado el desafío de que si su nombre no es descubierto, la fría Princesa Turandot se casará con él. Calàf canta, indicando su certeza de que sus esfuerzos por descubrir su nombre serán en vano.



Letra original de este fragmento vocal:



Nessun dorma! Nessun dorma!
Tu pure, o Principessa,
Nella tua fredda stanza
Guardi le stelle
Che tremano d'amore e di speranza.
Ma il mio mistero è chiuso in me,
Il nome mio nessun saprà!, no, no
Sulla tua bocca lo dirò!...
(Puccini: Quando la luce splenderà!)
Quando la luce splenderà,
(Puccini:No,no,Sulla tua bocca lo dirò)
Ed il mio bacio scioglierà il silenzio
Che ti fa mia!...
Voci di donne
Il nome suo nessun saprà...
E noi dovremo, ahimè, morir, morir!...
Il principe ignoto
Dilegua, o notte!... Tramontate, stelle! Tramontate, stelle!...
All'alba vincerò!
vincerò! vincerò!



Giacomo Antonio Domenico Michele Secondo Maria Puccini, (22 de diciembre de 1858 - 29 de noviembre de 1924)



Compositor italiano considerado entre los más grandes, de fines del siglo XIX y principios del XX. Nació en Lucca, localidad toscana.
Es uno de los pocos compositores de ópera capaces de usar brillantemente las técnicas operísticas alemana e italiana. Se le considera el sucesor de Giuseppe Verdi. Algunas de sus melodías como "O mio babbino caro" de Gianni Schicchi y "Nessun Dorma" de Turandot forman parte hoy día de la cultura popular.



El link es:





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