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8 de mayo de 2010

¿Era realmente sordo?



Tal día como hoy del año 1824, según nos recuerda Google, se estrenó en Viena la que en mi modesta opinión personal, es la obra cumbre de Ludwig van Beethoven, ese sordo genial de oídos para afuera, que a pesar de ello concibió su gloriosa Novena Sinfonía.

Muchas veces hemos leído o escuchado esa remanida pregunta, tan descolgada de una probable situación real: ¿qué libro o que pieza musical te llevarías a una isla desierta, si tuvieras que elegir solo uno de cada?

Dejemos el libro para otra nota y centrémonos en la pieza musical, ya que es el leit motiv de estos párrafos. Indudablemente tendría que “sacrificar” muchas, pero finalmente, obligado a decidir, la elección se decantaría por esta maravillosa sinfonía que tiene la virtud de provocarme una sensación imposible de describir cada vez que la escucho.

¿Qué misterio tiene la llamada música clásica, acotada en un período tan breve de la historia de la humanidad? Ese período en el que pareció abrirse una caja mágica de la que salieron Mozart, Beethoven, Bach, Vivaldi, Teleman, Tchaikovsky, Chopin, Haydin, y en el campo de la ópera tenemos a Verdi, Puccini, Wagner y tantísimos más.

Ya que estamos con Beethoven, agrego que uno de los movimientos del Concierto para violín y orquesta, es otro retazo de belleza suprema de este gran compositor alemán.

No hace falta decir que no soy experto en música, sino un simple oyente que tiene la capacidad de poder elegir lo que desea escuchar, y eso intento hacer.

La Novena, con el aditamento del cuarto movimiento coral que le aporta la Oda a la alegría, de Schiller, marcó la primera vez que un gran compositor utilizaba la voz humana en una sinfonía al mismo nivel que los instrumentos.

De esa amalgama nació esta obra maestra, y al enterarme de este aniversario, sentí el impulso de expresar mi agradecimiento a su creador. Me parece que es la mejor manera de terminar el día.
La nota de Google es muy extensa y está al alcance de todos. No se trata aquí de transcribirla.

Una buena manera de homenajear la efeméride es incluir un fragmento de La Novena. Ese es el segundo movimiento, con Herbert von Karajan dirigiendo la Filarmónica de Berlín.









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25 de noviembre de 2009

Un gran desafío



Esto lo hacen sólo los que son grandes de verdad. Y Joan Manuel Serrat es uno de ellos, ¿quién puede dudarlo?

Serrat, cerca de los 70 años y quien a lo largo de varias décadas nos ayudó a muchos a entender mejor y ver de manera diferente las cosas de la vida a través de la música y la poesía, vuelve a sorprendernos con un gran desafío personal, aunque él tal vez no lo considere así.

La “excusa”, o como quiera llamársele es el centenario del nacimiento del poeta Miguel Hernández, que se cumplirá el 30 de octubre de 2010. A guisa de homenaje, el cantautor catalán ha puesto su música y su emoción a otros 13 poemas de la vasta obra de Hernández, al que muchos conocimos gracias a la inspiración de Serrat.

Cuesta pensar que aquel trabajo de 1972 –en paralelo con el dedicado a Antonio Machado- pueda ser superado. Los dos discos rozan la perfección y con toda justicia pueden calificarse de antológicos.

Serrat, en un aparente intento por despegarse de aquella obra maestra que se editó hace casi 40 años, dice en una entrevista con el diario El País, que “es diferente, pero me gustaría pensar que está a la altura”.

No se trata aquí de “robar” la nota de El País, la que puede leerse completa en este link, sino de recibir nuevamente en este espacio a una de esas personalidades que han aportado algo, o mucho, a la vida personal de cada uno.

Serrat no se juega aquí su prestigio, que ya está suficientemente consolidado, pero inevitablemente surgirán las comparaciones. De todas maneras, bienvenido sea este nuevo trabajo que tiene un título que me parece maravilloso: Hijo de la luz y de la sombra.

Con suerte, tal vez en un futuro podamos tener otro acercamiento a los versos de Antonio Machado a través del Nano. ¿Otro desafío?

Mientras eso sucede y a manera de cierre, va este video de “Para la libertad” interpretado por Serrat más o menos en la época de su primer homenaje a Miguel Hernández, muerto de tuberculosis a los 32 años en una cárcel franquista.







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8 de octubre de 2009

Momentos para volver a ver y escuchar


Hablar de Joan Manuel Serrat, por lo menos para mí, es hacerlo desde una admiración que pocos artistas me han generado.

En este blog se ha publicado una nota-recuerdo personal sobre este cantautor tan catalán y universal, un verdadero orgullo para mi generación pues tenemos casi la misma edad. (Ver la nota cliqueando aquí. )

A Serrat lo relaciono más con la melancolía, nostalgia y tristeza que con la alegría, aunque también ha incursionado en ese aspecto de la vida con muchos temas pegadizos no carentes de humor. Pero si tuviera que elegir tres palabras para definir la obra de Serrat como autor de letras y musicalizador, estas serían: amor, sufrimiento y libertad.

El recuerdo de hoy evoca un tema que reúne esas tres palabras. Forma parte del album dedicado a poemas de Miguel Hernández, que junto con el de Antonio Machado y Mediterráneo, es para mí lo mejor de su obra.

El tema es harto conocido, pero siempre que se lo escucha sacude las fibras íntimas y deja un halo de la tristeza mencionada más arriba. Para conjugar esto se han unido tres vertientes: el poema de Miguel Hernández escrito desde la prisión, la musicalización de Alberto Cortez y su difusión masiva gracias a la maravillosa interpretación de Serrat.

Por cierto, Serrat le puso música a todos los poemas de Hernández, con excepción de éste, y pone énfasis siempre en explicarlo y reconocerlo. Antes de comenzar puntualiza a su auditorio: “La música corresponde a mi amigo y compañero Alberto Córtez”. Un detalle más de su personalidad.

Si quieren ponerse un poco tristes vean y escuchen este video.
No todo en la vida es risa y alegrías.


El video corresponde a una presentación en Buenos Aires.







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30 de julio de 2009

Mi recuerdo de Jorge Cafrune



José Trepat



Siempre con los sentidos dispuestos a percibir alguna señal que nos estimule a llenar el espacio vacío que es para quienes hacemos un blog la página que aún no ha sido escrita cuando abrimos el sitio que hemos creado en Internet, nos toca hoy intentar un ensayo de interacción con un trabajo elaborado por uno de nuestros seguidores más constantes.

A modo de metáfora, me da la sensación de que nos encontramos ante un campo virgen que nos disponemos a roturar y sembrar con nuestras modestas herramientas para recoger luego la cosecha que será buena o mala, según la calidad de las simientes y la dedicación que hayamos puesto en el proceso.

Nuestro seguidor es merecedor del afecto personal de quién esto escribe por su dedicación a una disciplina que siempre hemos alentado desde aquí, y que es nada más ni nada menos que la afición a la lectura como medio de enriquecernos como personas. Y como es una afición nada onerosa, al alcance de cualquiera, seguiremos predicándola contra viento y marea.

Es encomiable también su intención de compartir el fruto de su investigación para ayudar a conocer hechos y personajes que considera deben ser difundidos. En el caso particular que nos ocupa, el personaje elegido por el seguidor –autodidacta, como se autodefine- ha sido el cantor de temas folclóricos argentinos Jorge Cafrune.

Y ahora sigamos con la nota en primera persona.

Casualmente, el “turco” Cafrune, de origen sirio-libanés, fue y es sin lugar a dudas mi folclorista preferido, a tal punto que en mi coche siempre llevo una veintena de sus temas, entre los cuales la joya de la corona es “Zamba de mi esperanza”, del que ha hecho una versión única e irrepetible.

Por eso mi adhesión a la nota-homenaje que ha publicado en su blog, y a la que, con su anuencia, me permito aportar algunos recuerdos y reflexiones personales.

La primera mención que escuché de Cafrune fue a mediados de la década de 1960 cuando trabajaba como Supervisor de Telex en International Telephone and Telegraph (ITT). Un día, una operadora de Telex llamada Gunta (sueca ella) comentó orgullosamente que había comprado un equipo de audio en el que una y otra vez hacía girar un “long-play” de Jorge Cafrune.

La sueca estaba maravillada por la fidelidad de su equipo en el que, decía, se escuchaba “hasta la respiración” de Cafrune. Con el paso del tiempo el estilo personal del barbado cantor con su frondosa caballera negra cubierta con un sombrero de ala recta, fue consolidándose nítidamente entre mis preferidos.

Es un hecho irrefutable que la muerte prematura transforma al personaje en mito, sobre todo cuando ocurre en el momento de plenitud de sus posibilidades. Basta recordar a Eva Perón, Carlos Gardel, James Dean, Che Guevara y otros. Cafrune fue uno de ellos. La trascendencia de una muerte u otra queda librada al juicio de la historia, y también la incógnita de que hubiera sido de ellos de no haber tenido un final trágico.

Pero lo que sí es verdad es que todos acopiaron méritos para ingresar en el rincón de los elegidos.

Como en tantos otros casos en Argentina –ya que de un argentino estamos hablando- las circunstancias de la muerte de Jorge Cafrune quizás algún día puedan saberse. Hay alguien que lo sabe sin duda. Pero por el momento es un misterio, aunque para muchos no es tal, pero como no hay pruebas, nada puede afirmarse.

Yo trabajaba en la Agencia Reuters cuando una noche llegó a nuestra redacción un despacho de una agencia local de noticias, informando que el folclorista Jorge Cafrune había sido atropellado por un vehículo junto con su cabalgadura. Ahí quedó la información y allí quedó Cafrune con las costillas perforándole los pulmones. Al día siguiente moría por no haber recibido atención médica rápida.

Para la policía había sido un accidente. Nada de investigación, eso quedaría para tiempos de democracia. Era 1978, año del Mundial de Fútbol en el que Jorge Rafael Videla y su Junta Militar gritaban a voz en cuellos los goles de Mario Kempes, haciéndole coro miles de gargantas.

Años después su hija, Yamila Cafrune, abogada y también cantante, dijo que la familia había llegado a un punto muerto con respecto a las circunstancias de la muerte de su padre, pero aventuró algunas conjeturas de que podría haber sido obra de la Gendarmería o la Triple A, la tenebrosa organización creada por el ex ministro de Perón, José López Rega, quien habría dicho que “Cafrune era más peligroso con una guitarra que un ejército con armas”. Esta frase queda en condicional.

Lo que sí se comentaba en esa época era que sus discos estaban prohibidos, entre ellos Zamba de mi esperanza. La razón? Por contener la palabra esperanza.

En su época de éxito, Jorge Cafrune promovió a figuras del folclore de la talla de Mercedes Sosa y José Larralde.

Como ocurrió con la muerte del Che Guevara, finalmente se supo quien había apretado el gatillo. En el caso de Cafrune tal vez se sepa quien estaba al volante, y de ser válidas las conjeturas, quién había dado la orden.

Como parte de sus éxitos, “el turco” legó a sus hijos quizás lo más importante: una vida honorable.

Así lo resume su hija Yamina: Como me dijo una vez (Horacio) Guarany, yo nunca voy a tener que bajar la vista cuando hable de mi viejo.

NOTA: Los datos biográfricos de Jorge Cafrune están en la nota que originó estos párrafos (http://diadelprimo.blogspot.com/)
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22 de junio de 2009

Perdón troesma, casi se me pasa



jose trepat


(Escrito en “argentino”, la única forma posible para esta nota en especial)

¡Cachen Dié! Casi se me pasa troesma! Menos mal que en una pausa de mis quehaceres diarios, un programa de televisión dedicado a Argentina me avivó de que se cumple un nuevo aniversario de tu encuentro con el barba. Fue en el 35 pero no importan los años porque siempre es lo mismo; el sentimiento no cambia.

Soy jovato pero no tanto, o sea que te conocí a través de la radio que pasaban esos discos de 78, con los surcos rayados de tantas púas, y después por las películas en las que, como actor, eras de cartón pero cuando empezabas a cantar tu voz y gracejo en el decir llegaba a lo más hondo de los sentimientos. No sé si vos mismo le ponías música a las letras de Le Pera, o de dónde corno salieron esas melodías, pero en conjunto era algo único.

Unico fuiste también cuando cambiabas la N por la R y cuando reflejabas el modo de ser de los argentinos y de los porteños en especial, con ese dejo de melancolía y nostalgia, a las que la gente de tu Buenos Aires querido era y sigue siendo tan afecta.



Qué difícil es para el argentino el desarraigo, cómo les cuesta adaptarse a otras culturas, y de eso tenés en parte “culpa” Carlitos porque calaste muy hondo en el alma de tus compatriotas de adopción y de otros que llegaban desde otras latitudes. De esto doy fé, pues lo viví en carne propia.

Mi viejo, un inmigrante que como tantos otros miles –mayormente procedentes de España e Italia- habían dejado todo atrás para encontrar una nueva vida en Argentina, te escuchaba con los ojos húmedos cada vez que la radio dejaba escuchar tu nunca superado Volver, todo un himno dedicado a todos aquellos que soñaban con el terruño lejano. En la versión fílmica, cuando apoyado en la baranda de un barco, empezabas con “yo adivino el parpadeo de las luces que a lo lejos van marcando tu retorno….”, eso, eso fue la apoteosis.

Andá a saber que pasaba por la mente de esa gente pobre y derrotada, pero sea como fuere, ese sentimiento me fue transmitido y, te juro Carlitos, que cada vez que escucho Volver, se me hace un nudo en la garganta. Eso no me ocurre cuando la cantan otros intérpretes; de ahí lo de “único”.

En mi época de periodista, un viaje me llevó a Medellín, y que fue lo primero que hicimos? claro! visitar el lugar fatídico, dónde entraste en la leyenda.


Lo mismo que con Volver ocurre con El día que me quieras. No hay nada hacer querido Zorzal. Cada uno nace predestinado para algo. Algunos –millones- pasamos desapercibidos, pero otros, como en tu caso vienen para dejarnos algo, o mucho. Tu prematura muerte ayudó, que duda cabe, a crear el mito en que te convertiste, pero eso forma parte de la hoja de ruta que es la vida de cada uno.

Roberto Carlos, Plácido Domingo (nada menos), y otros GRANDES de la música, tienen su versión digna y decorosa de tus temas, pero como dijiste en alguna oportunidad: “para cantar el tango no basta con una voz melodiosa, hay que sentirlo”.


Cuesta abajo, Leguisamo sólo y tantos otros temas ... nadie te pudo pisar el poncho.

Tuviste imitadores, como el honesto Horacio Duval, hoy poco recordado pero que –como me dijo personalmente en una cantina de La Boca- su deseo era imitarte lo mejor posible, con respeto y dignidad, pero sólo por la admiración que te tenía.

Vinieron otros cantores de tango, todos con su estilo propio y muchos muy buenos, pero que querés que te diga maestro. Lo único que se me ocurre es lo que vengo repitiendo todos los años desde hace ya más de 50: “Cada día cantás mejor”

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28 de agosto de 2008

Personajes -- JOAN MANUEL SERRAT




José Trepat


Una tarde de sábado del año 1969 en Buenos Aires marcó el comienzo de una de esas relaciones en las que un artista proyecta su entonces incipiente magnetismo hacia el alma y los sentimientos de quienes sin saberlo íbamos a convertirnos a partir de ese momento en seguidores fieles de una trayectoria que a lo largo de más de 40 años mantuvo una coherencia ejemplar como suerte de Marca Registrada única e irrepetible.

Mi esposa y yo estábamos vistiéndonos para ir a algún evento social, mientras como fondo, la televisión emitía el largo programa “Sábados Circulares” conducido por el periodista Nicolás “Pipo” Mancera.

En un momento dado, el presentador anunció a un joven cantautor español –catalán más precisamente- cuyo nombre nos decía muy poco: Joan Manuel Serrat.



Con su pelo largo, rostro algo enjuto y pantalones ajustados, el artista (posiblemente acompañado de su guitarra, no lo recuerdo), comenzó a desgranar sus temas, de los cuales dos me han quedado grabados nítidamente en la memoria: “Tu nombre me sabe a hierba” y “Fiesta” .

La música pegadiza de ambas canciones prendió rapidamente en el público. Me llamó la atención lo enfervorizadas que se habían puesto algunas muchachas, que llegaron hasta el escenario y estiraban sus brazos queriendo tocar al cantante. Algo especial debía tener ese joven.

Rememorando esos momentos llego a la conclusión –personal y subjetiva- de que se había producido un giro en cuanto a lo que se consideraba “música española” en Argentina. Hasta entonces se identificaba a España con pasodobles, jotas, flamenco y otros estilos tradicionales.

Las canciones de Joan Manuel Serrat rompieron el esquema y a partir de ese momento se abrió un espectro de nuevos vientos procedentes de la vieja España, pues a él siguieron otros cantantes con esa misma línea renovadora. Muchos incursionaron sólo en el campo musical y el éxito les acompañó, pero Serrat fue más allá: iba a convertirse en el icono de los artistas comprometidos social y políticamente con su época.





Epoca de convulsión



El joven cantautor nacido en un barrio barcelonés de clase media, de padre catalán y madre aragonesa, llegó a Buenos Aires en momentos de convulsión política en América latina. Argentina estaba bajo el régimen militar del dictador Juan Carlos Onganía, que pretendía quedarse 20 años en el poder en un intento de imitación del Caudillo de España por la gracia de Dios, Francisco Franco.

Brasil y Perú soportaban también gobiernos militares. El general boliviano René Barrientos murió en un extraño accidente de helicóptero en abril de 1969, y Uruguay padecía un continuo proceso de deterioro social y económicos con agitación de sectores gremiales de izquierda y la aparición de una de las organizaciones guerrilleras más importantes de la región, los Tupamaros.

En Chile iban a producirse al año siguiente las elecciones que llevarían al poder al presidente socialista Salvador Allende, derrocado y asesinado en 1973 en el golpe encabezado por el Augusto Pinochet, uno de los más sanguinarios dictadores latinoamericanos.




Contra todos ellos luchó Serrat a través de sus canciones y su presencia en países dónde oficialmente no era bienvenido; todo un ejemplo de coherencia en la defensa de sus ideales. Un año antes, en 1968, la capital de México había sido escenario de la matanza de Tlatelolco.

Ese compromiso contra el autoritarismo del poder fue calando muy hondo entre los jóvenes –y no tan jóvenes- latinoamericanos que lo veían como la voz de lo que muchos no podían expresar.

Serrat supo manejar con notable maestría las dos vertientes que le han granjeado la admiración a lo largo de tantos años y que aún perdura: su resistencia al poder ejercido por medios ilegítimos y su vena de poeta y músico. En sus más de 400 composiciones ha plasmado todas las facetas de la condición humana.





Antonio Machado y Miguel Hernández



Además de sus propios temas –algunos antológicos- musicalizó e hizo cobrar nueva dimensión a poetas monumentales como Antonio Machado y Miguel Hernández, que a través de su voz y su música llegaron y se instalaron para siempre en el gran público. Es que al “leer” a Machado y Hernández en los discos de Serrat, es imposible sustraerse a la belleza de esos textos, algunos costumbristas, otros desgarradores. También puso música y voz a poemas de Federico García Lorca, Rafael Alberti y Mario Benedetti, entre otros.

En esa su primera visita a América latina, Serrat se quedó seis meses en la región, tiempo en el que germinó una semilla que iba siendo regada año tras año por la adhesión incondicional de una generación de jóvenes que fueron creciendo junto a él cautivados por el mensaje de sus canciones.

La alquimia fue que el Nano veía la vida de la misma manera en que lo hacían miles de personas no sólo en América latina sino también en la España de la larga y oscura era franquista. Eso lo convirtió en una especie de voz que expresaba lo que muchos no podían, cualquiera fuese el motivo. Pintó, como pocos, escenas y momentos de la vida cotidiana. Sus descripciones en “Fiesta” y “Pueblo blanco”, por mencionar sólo dos, son harto elocuentes.

El impacto que provocó la presentación de su “long play” dedicado a Antonio Machado no tiene parangón en los anales de la música popular en castellano y uno de sus temas, “Cantares” debe utilizarlo por fuerza como comienzo y final de la mayoría de sus conciertos, siempre masivos.

El disco que dedicó a Miguel Hernández reveló al gran público la existencia de un poeta que murió muy joven, de tuberculosis, en una prisión franquista. Fue otro gran mérito de Serrat: dar a conocer y difundir la obra de alguien que entregó su vida, o le fue arrebatada, sólo por expresar lo que sentía.




Su versión de “Nanas de la cebolla”, musicalizada, creo, por el cantautor argentino Alberto Córtez, refleja de manera conmovedora el sufrimiento del poeta, consciente de que nunca más podría volver a ver a su pequeña hija.

Otro de los versos de Miguel Hernández, “Para la libertad” se transformó en la voz de Serrat en una especie de himno de libertad coreado por la multitud cada vez que el Nano lo incluye en su repertorio.

Los comentarios y definiciones de Serrat sobre temas de la vida misma es otro de los imanes le ha granjeado al cantante catalán tamaña adhesión popular.








A poco de cumplir los 60 años hizo un breve balance de su vida. “El camino me ha servido para aprender cosas, faltaría más; hubiera sido una tragedia que no hubiera aprendido. El discurrir del tiempo te deteriora, pero es un deterioro del que vas sacando un aprendizaje. Tampoco sé si este aprendizaje es muy útil, porque siempre te llega un poco más tarde de cuando te hubiera hecho falta. Uno aprende a ser padre cuando ya es abuelo... La experiencia es un peine que te dan cuando ya no tienes pelo”, dijo en una entrevista con el periodista Juan Cruz.

Serrat se niega a que se lo considere una referencia ni ha tenido nunca la pretensión de serlo. “No explico otra cosa que mi punto de vista y aspiro a que ese punto de vista sea respetado. Pero a veces ocurre que las cosas por las que me muevo coinciden con las cosas que conmueven, empujan y hacen que funcione mucha gente”.

La coherencia de pensamiento que ha mantenido durante tantos años le ha llevado a manifestar que tiempos pasados que ya se creían superados vuelven a presentarse y se manifiestan vestidos con otros hábitos. “Han cambiado los uniformes por el traje y la corbata, pero están ahí constantemente”.

De los reportajes, otro de sus puntos fuertes, por la claridad de conceptos, dice que se los toma muy seriamente. "Es una forma de comunicación, la que yo tengo para llegar de otro modo a la gente”.





Mediterráneo






Haciendo un recorrido personal por la vasta obra de Serrat se me hace difícil seleccionar unos pocos para una eventual lista de preferidos, pero en el vértice de la pirámide están sin duda sus trabajos sobre Antonio Machado y Miguel Hernández, y entre sus temas propios, el consagrado “Mediterráneo”, triunfante en una reciente encuesta sobre el mejor tema de la canción popular española.

Con el respaldo de su pegadiza banda sonora, la letra de Serrat es todo un prodigio de poesía descriptiva; recordemos sólo un par de párrafos:




…A tus atardeceres rojos
se acostumbraron mis ojos
como el recodo al camino...



o …



si un día para mi mal
viene a buscarme la parca
, empujad al mar mi barca con un levante otoñal
y dejad que el temporal desguace sus alas blancas.
Son solo dos ejemplos, todos los versos parecen insuperables. ¿De dónde sale tanto talento?

Confieso, mi admirado Joan Manuel, que me emociono cada vez que sigo estos versos al compás de la música.

Serrat confiesa que no sabe de donde la viene la música. En su juventud se recibió de ingeniero agrónomo, tal vez para dar una satisfacción a unos padres que pasaron penurias como tantos otros para criar una familia de tres hijos en una época difícil.

Una de sus mayores satisfacciones al ingresar al mundo de la canción fue, según sus propias palabras, poder comprarles un piso y jubilarlos. Pero además de poder contribuir a la economía familiar su éxito inmediato le permitió acercarse a las muchachas.

El éxito me dio una facilidad para poder desarrollar lo que hasta entonces quedaba limitado al mundo de mi instinto. Y esto es algo muy serio, el que lo tome a broma se está equivocando: es algo muy importante, basta con que quien lo dude se mire al espejo”, dijo en la entrevista, de la que hemos usurpado un par de párrafos para esta nota.

En Argentina, con cuyo público llegó a establecer un romance que ya es imperecedero, tuvo acceso al escenario del Teatro Colón, uno de los más importantes del mundo dedicado a la ópera y la música clásica.

Pero Serrat tiene una mejor relación con su público en los conciertos populares, donde la música y la poesía se mezcla con la política y las injusticias sociales.

No hace mucho actuó en España y Latinoamérica con el marco de una orquesta sinfónica como nueva experiencia artística. Pero muchos preferimos al Serrat más intimista, acompañado sólo por su guitarra o el piano de su magnífico arreglador y amigo Ricardo Miralles. Allí es dónde cobran verdadera dimensión los versos articulados por una voz tan personal.

Serrat ha sabido rodearse de amigos que sintonizan su misma onda y visión del mundo. Por ser quienes más conozco, rescato a los que conoció en Argentina, y por momentos he fantaseado con una mesa de café con Roberto Fontanarrosa (lástima grande que se fue), Alejandro Dolina, Joaquín Sabina y el propio Serrat.




Que hablen de cualquier cosa.




Que bueno sería escucharlos!


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