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18 de mayo de 2011

Tranquilidad + orden = Longevidad



José Trepat


Uno se acostumbra con el tiempo y ahora se ve como un ingrediente normal del paisaje cotidiano. Pero a un recién llegado a esta ciudad de Mataró, la capital de la comarca del Maresme, cerca de Barcelona, sin duda le llamará la atención la gran cantidad de ancianos (si se puede llamar así a quienes han cumplido 80 y 90 años) que van y vienen por su calles a su libre albedrío.

Y si no quieren caminar, todos los jubilados disponen de un pase totalmente gratuito para viajar en la red de autobuses que, haciendo las combinaciones necesarias, llegan a casi todos los puntos de esta ciudad de 140.000 habitantes. Los autobuses, que circulan en horarios establecidos que pueden consultarse en las paradas, se detendrán completamente junto al cordón de la vereda y extenderán una rampa para los que deban utilizar sillas de ruedas.

Los hay de todas las capas sociales; los de familias acomodadas que se identifican como tales por sus trajes, zapatos blancos o negros lustrosos, algunos con sombrero de ala y bastones de fina madera. También están los de clase media –que son los más- y los que a juzgar por su aspecto pertenecen a un escalón inferior, pues el traje ha sido reemplazado por pantalones y calzado gastados. Las arrugas en los rostros dejan traslucir en muchos casos que la vida no ha sido fácil para ellos.




Hablar de ancianos en masculino, indica solo un orden genérico, pues en igual cantidad, las mujeres que han atravesado la octava década de vida hacen también acto de presencia, muchas recién salidas de las peluquerías, luciendo caros vestidos y joyas, y otras, al igual que en el caso de los hombres, exhibiendo en su rostros un pasado de penurias, ahora aparentemente olvidadas.

Pero tanto hombres como mujeres tienen un denominador común: disfrutar de las facilidades y ventajas que les otorga la sociedad mataroní; son tantas que no sé si habrá muchas más similares. Tal vez sí, y tal vez aún mejores, pero uno tiene que hablar de lo que es testigo y esta realidad está a la vista de todos.

Los ancianos de hoy llegaron a esta etapa de sus vidas usufructuando la bonanza que vivió España antes de que estallara la actual crisis, de la que no sabemos como repercutirá para las futuras generaciones de longevos. Gracias a esos años de bonanza, los trabajadores españoles podían jubilarse –si así lo deseaban- a partir de los 55 años, frente a los 70 que deberán cotizar a partir de las nuevas medidas para salvar la economía del país.

Los que se retiraban a los 55 o 60 años de edad tenían por delante 20 o 30 años de vida “parasitaria” costeada integramente por la Seguridad Social. A partir de su temprano retiro, los jubilados y pensionistas gozaban –y siguen gozando- de enormes privilegios que sin duda favorecen los altos índices de longevidad.




Los ancianos se desplazan por la ciudad ayudados muchos por su inseparable bastón, de los que hay modelos también para las mujeres. Son tantos los bastones que a alguien se le ocurrió pensar que no sería mala idea dedicarse a la fabricación y venta de esos adminículos. Pero la idea seguramente se habrá esfumado de su mente cuando entre en un comercio chino y vea que se venden bastones a partir de tres euros.

Las caminatas, ya sea en solitario, paseando a su perro o en grupos, pueden hacerse en etapas ya que la ciudad está sembrada de bancos para hacer una pausa, descansar, recordar anécdotas de la guerra y criticar a los políticos. Después, a seguir caminando, con la seguridad de que al cruzar las calles los vehículos se detendrán apenas posan un pie en las líneas de cebra. Todo dentro de un orden absoluto y respeto total de los automovilistas.



Disponen de clubes sociales, por lo menos uno en cada barrio, para que puedan reunirse y pasar el día jugando a las cartas, al dominó (no ví, lamentablemente, grupos que practiquen el ajedrez), o apuntarse en los torneos de petanca, que parecen tener muchos adeptos.






Y lo que es más importante para quien carga con tantos años encima y quiere seguir acumulándolos: la atención médica. Cada barrio tiene su ambulatorio, con médicos, enfermeras y los equipos necesarios. A la menor molestia, el jubilado acude a esos centros para la visita al médico. Si el problema puede solucionarse allí, el paciente es enviado de regreso a su casa, y si no, es llevado al Hospital de Mataró, un dechado de orden y limpieza. Todo está a su disposición.

Las eventuales operaciones y todos los medicamentos que requiera su condición física, son absolutamente gratuitos; en salud no desembolsan un solo céntimo, en una etapa de vida que suele contabilizar el mayor número de visitas a la farmacia.


Los que aún tengan espíritu viajero, disponen de un servicio especial que les permite hacer turismo dentro y fuera de España a precios risibles. Un jubilado viudo se apuntó ya tres veces para unirse a contingentes que pasaron una semana en Praga,con todo incluido, por 180 euros.

Las malas lenguas dicen que los ancianos/as reciben tantas atenciones porque cuando llega al momento de elecciones, son quienes concurren a las urnas con más asiduidad.


Otro ominoso dicho popular se refiere al tramo final ineludible. En la época del año que suele producirse la mayor cantidad de decesos, a un anciano enfermo se le dice: “Aguanta un poco más que el tanatorio está colapsado”.


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20 de diciembre de 2010

De prisión a pesebre

José Trepat

Bajando por La Riera, la arteria central de Mataró, se levanta en una de sus esquinas una construcción de ladrillos rojos, altos muros y muy bien conservada no obstante su antigüedad. Archiconocida por viandantes y vecinos de esta ciudad, es Monumento Histórico desde el año 2001.

Detrás de sus gruesas paredes, ventanas enrejadas y portones de hierro, la antigua prisión de Mataró guarda una parte importante de la historia de esta población, que el caminante puede indagar a poco que se lo proponga.



En contraposición a su pasado seguramente siniestro, como el de toda prisión, hoy, por esas paradojas del destino, ofrece al visitante una exposición de pesebres navideños, el símbolo de amor y paz para la grey católica. Y éste es el motivo de esta nota, atendiendo a la proximidad de la celebración navideña.

Un poco de historia. Pero antes de comenzar la visita a la exposición, conozcamos algo sobre el lugar que la hospeda.

La prisión de Mataró fue construida por el arquitecto Elies Rogent en 1851 e inaugurada en 1863, siguiendo el diseño de “prisión ideal” que ideó en 1791 el filósofo inglés Jeremy Bentham, conocido como panóptico, o sea construido de modo que toda su parte interior se pueda ver desde un solo punto.

La de Mataró fue la primera prisión de este tipo construída en España, y la idea de Bentham inspiró también a George Orwell en su novela “1984”, donde describe un estado totalitario dominado por un gran hermano que todo lo ve.


Pasando al plano más humano y en relación con esta prisión, los mataronianos de buena memoria y algún interés por la historia, refieren orgullosamente que su ciudad ha sido en fecha reciente -23 de enero de 2010- el escenario de la primera beatificación que se celebró en Cataluña desde el siglo XII, tras las nuevas disposiciones del Vaticano, que permiten que esta ceremonia se haga en el lugar de origen.

La beatificación fue para José Samsó i Elías, sacerdote y mártir durante la persecución religiosa en España en los años previos a la Guerra Civil y en los primeros tiempos de la contienda fratricida. Por su condición de sacerdote fue ejecutado el 1 de septiembre de 1936.
Cuentan los documentos históricos que el Sacerdote diocesano y archipreste de la Basílica de Santa Maria, el templo principal de la ciudad, fue encarcelado en la prisión de Mataró por su actividad religiosa.


Durante su encierro de un mes, confesó y catequizó a sus compañeros de celdas. Llegado el momento fue llevado atado de manos hasta el cementerio de Mataró y allí cayó bajo las balas de un pelotón de fusilamiento, tras negarse a que se le vendaran los ojos.

Al visitar al patio interior del edificio, el visitante tiene que pensar forzosamente en cuántos acontecimientos trágicos alberga ese recinto, utilizado ahora para exponer la serie de pequeñas maravillas hechas por la Asociación de Pesebristas de Mataró.

Se trata verdaderamente de un trabajo minucioso totalmente artesanal, en el que con infinita paciencia se han armado escenas navideñas en las que no se ha descuidado ningún detalle. Las figuras de personas, animales, casas, árboles, establos, herramientas, utensillos, etc., están cuidadas al máximo, y todo en pequeña escala, lo que tal vez dificulta aún más el trabajo.

Ha sido imposible resistirse al impulso de tomar una serie de fotografías que sin embargo no alcanzan a reflejar cabalmente estas pequeñas maravillas de artesanía pura. (Olvidé llevar un trípode).

Pero quedémonos con la intención de dejar este pequeño homenaje a estos verdaderos artistas.

Para que vean que este blog también tiene espíritu navideño, a pesar de que la jerarquía eclesiástica de monseñores y cardenales….. hummmmm. Dejémoslo ahí.


Todos los elementos de la colina que se ve al fondo -piedras, árboles son sus ramas y hojas, arbustos, senderos, personas, animales, etc., fueron hechos uno a uno en escala acorde con las figuras que se ven en primer plano. La sensación de espacio y profundidad está perfectamente lograda.










No son pinturas. Todas las figuras y detalles están hechos a mano. Estas fotos muestras sólo algunas de las escenas.

En otra de los escenarios, apretando un botón, comienza a llover y a circular agua por un pequeño rio y cascadas mientras en el cielo se ven relámpagos y se escuchan los truenos. Todo muy bien logrado; una pequeña maravilla artesanal.

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15 de marzo de 2009

Mataró, un lugar para vivir


Reportaje fotográfico
(Texto y fotos: José Trepat)

Radicarse y comenzar a echar raíces –temporales o definitivas, nunca se sabe- en un minúsculo punto geográfico del globo terráqueo, despierta en algunos el deseo de indagar y conocer más sobre ese lugar determinado, al que se ha llegado ya sea por el azar o por circunstancias diversas.

Desde los albores de la vida, la Tierra se halla en constante mutación, ya sea por los caprichos ingobernables de la naturaleza y también por la evolución de la raza humana. Hay lugares que en épocas ancestrales eran páramos y hoy siguen siéndolo, pero en otros la presencia del hombre ha dejado su sello.

¿Qué otra cosa, sino, son las grandes ciudades y centros urbanos que han dado y dan cobijo a quienes buscan un lugar para vivir, sea por elección o por necesidad?. Estas líneas previas son apenas un esbozo de introducción al tema de la nota, que es intentar transmitir un cúmulo de impresiones sobre uno de esos puntos determinados: la antigua villa romana de Iluro, hoy llamada Mataró.



Restos romanos en Torre Lauder
Todo comenzó en RomaHace un par de años, las excavaciones para remodelar la arteria principal de esta ciudad de 120.000 habitantes, debieron interrumpirse cuando las palas mecánicas chocaron con algo más duro que la tierra apisonada, a menos de dos metros de profundidad.

Las obras se paralizaron de inmediato y el sitio quedó bajo el control de un grupo de arqueólogos que con fruición pero también meticulosidad, dejaron expuestos los restos de una construcción del siglo I antes de Cristo, plena época romana, a la que se remontan los orígenes conocidos de esta población, situada 30 kilómetros al norte de Barcelona y poco más de 100 de la frontera con Francia.

Muchos restos de la primigenia Iluro se hallan a la vista en algunas plazas del casco antiguo, pero los más importantes están concentrados en el centro arqueológico Torre Llauder, dónde pueden apreciarse vasijas, paredes y hasta pisos de mosaicos originales de la que fuera la segunda villa romana más grande de Cataluña.

En este fugaz repaso histórico vemos que en la época medieval, Siglo XVI, Mataró era una pequeña villa edificada alrededor de la iglesia de Santa María, y en el año 1480 el rey Fernando el Católico otorgó el privilegio de incorporarse a la Corona, lo cual representó la formación definitiva del municipio de Mataró.

Iglesia de Santa María
Desde Barcelona se puede llegar a Mataró por la carretera nacional NII, y también por autopista, en automóvil o en modernos autobuses, que prestan servicio diario, excepto los domingos o festivos (una lástima).

Entrada a Mataró por autopista
Claro que también en tren, que circula a pocos metros del Mediterráneo. En cualquier época del año la visión del mar es un bálsamo para el espíritu, no exento de envidia en el verano cuando el viajero observa las concurridas playas , incluyendo en algunas lugares reservadas para nudistas, ¿por qué no?

Al principio llama la atención el desprejuicio de estos amantes de la naturaleza, que despojados de todo pudor conviven pacíficamente sin distinción de sexo entre el azul del cielo y el impactante color verde del agua.

Playa vista desde la escollera 

Junto a la playa se encuentra el puerto deportivo, en el que amarran unas mil embarcaciones.


Cabe recordar que la primera línea ferrea tendida en España fue precisamente el tramo Barcelona-Mataró en el año 1848. Los trenes actuales son modernos y cómodos, y se viaja por medio de billetes integrados, es decir que por el mismo precio se pueden hacer combinaciones con otros medios de transporte, en las dos horas siguientes al inicio del viaje. Cualquiera fuese el medio utilizado para llegar, el visitante se encuentra en una ciudad de ubicación privilegiada –entre la montaña y el mar, o sea, el ideal para muchos.

Agraciado con un clima benigno, sin los rigores del invierno que se padecen en el norte de España y sin los calores agobiantes que en verano suele calcinar el sur de la península.

Desde varios hipermercados (Auchan, Carrefour y próximamente El Corte Inglés) hasta un moderno centro comercial con 12 salas cinematográficas al tono, la vida en Mataró transcurre en un medio de un orden establecido donde los delitos son escasos y la fuerza policial propia canaliza sus esfuerzos en una “persecución” implacable a los automovilistas trasgresores de las normas.

Una de las ferias o mercadillos
Una vez aplicada la multa ya sea por mal estacionamiento u otros descuidos, es impensable llegar a un “arreglo”.

La corrupción en España tiene lugar en niveles superiores y con muchos millones de euros de por medio, tal como dan cuenta las crónicas periodística. Es un mal de nuestro tiempo, del que no se salva prácticamente ningún país.

La población fija de Mataró está constituída por familias tradicionales que han venido sucediéndose generación tras generación que exhuman un “tufillo” conservador que sin embargo parecen aceptar de buen grado la presencia de corrientes inmigratorias de origen diverso.

Los latinoamericanos y negros subsaharianos –estos con sus coloridas vestimentas y comportamiento discreto y respetuoso- se instalan donde pueden, pero los marroquíes, por cantidad, están agrupados en el barrio de Rocafonda, que ya le es casi propio.

Calle adoquinada del sector antiguo
Todos los habitantes empadronados tienen derecho a la asistencia sanitaria gratuita, en centros de la Seguridad Social habilitados en cada uno de los barrios y también en el moderno Hospital de Mataró, un dechado de limpieza y orden, donde tienen lugar los partos y también complicadas operaciones quirúrgicas.

Los medicamentos expedidos con receta se adquieren en farmacias con descuentos del 70 por ciento. Uno de los orgullos de Mataró es su Biblioteca Pública Pompeo Favra, que funciona en un amplio edificio construído hace 10 años y alimentado por energía solar. El visitante amante de los libros y de la cultura en general tiene allí un ámbito incomparable para satisfacer todas sus inquietudes en la materia.

Biblioteca pública de Mataró
El usuario, además de utilizar sus instalaciones, puede llevarse a casa todo el material que desee.

El término “usuario” es importante, tal como me lo explicó una empleada al visitar la biblioteca por primera vez. “Quisiera hacerme socio”, le dije. “No. Socio no puede ser. Usted será usuario, porque no paga absolutamente nada”, me respondió. Y así es
efectivamente. Un verdadero paraíso cultural.

Llama la atención en Mataró la cantidad de personas de avanzada edad que caminan tranquilamente por calles y parques acompañados muchos de ellos por sus perros mascota.


La expectativa de vida es muy alta; debe ser por la tranquilidad de saber que sus pensiones o jubilaciones les son depositadas mensualmente en sus cuentas bancarias y porque la atención médica, medicamentos y movilización en el transporte público es para ellos absolutamente gratuita.

Una de las fiestas tradicionales en Mataró es la de los "castellers", torres humanas en las que la altura máxima es de nueve hileras de personas que se apoyan en los hombros de quien tienen debajo. Antes de comenzar se "fajan" firmemente la cintura para soportar en mejores condiciones el peso de quienes van ascendiendo hasta completar las columnas de nueve por cuatro. Logicamente, los más fornidos se colocan como base. Una verdadera exhibición de fuerza y equilibrio.

Ya no se ven en Mataró los enjambres de torres de construcción que había en los últimos años. Es que la crisis ha llegado también aquí en ese importante sector de la economía, y en esto no se diferencia de otras ciudades de España, pero como dice la canción de Serrat “…en la ladera de un monte más alto que el horizonte quiero tener buena vista….”

Mataró la tiene.
*