2 de abril de 2014

En Navarra y País Vasco, el paraguas fue el rey

Textos: JT.
Fotos: Beatriz y JT

El plan original era visitar esas regiones del norte de España que en esta época del año, junto con Cantabria, Asturias y Galicia, ofrecen montañas y valles cubiertos por una alfombra de un verde intenso salpicado por variedades de flores que, al reflejar los rayos del sol, presentan un colorido espectáculo de luz y color, un paraíso para quienes gustamos de la fotografía al aire libre. Para disfrutar de ese panorama sólo hacía falta un requisito: que no lloviera. Pero....siempre hay un pero, ¡llovió! y con ganas, durante cuatro días. El quinto y último un sol radiante nos acompañó en el regreso.

Foto simbólica: comienzo y fin de viaje
Con este párrafo queda explicado el título de esta nota. La Naturaleza a veces es caprichosa y se divierte con los pobres mortales; esta vez nos tocó asumir el papel de víctimas. Sin embargo, el grupo decidió adoptar una actitud positiva y mirar "el vaso medio lleno en lugar de medio vacío". Bien es cierto que los pronósticos meteorológicos nos habían "preparado" para lo que nos íbamos a encontrar. Además, la mayoría subió al autocar con destino inicial Pamplona, munida de paragüas, ese adminiculo que unas veces molesta y otras resulta imprescindible.

Ayuntamiento de Pamplona 
Partimos a las seis de la mañana con la idea fija de no preocuparnos por nada, otros lo harían por nosotros: una guía acompañante que rezumaba optimismo dispuesta a cumplir con el programa de actividades contra viento y marea, como realmente fue, además de lluvia, granizo y nieve. Otra persona de la que dependíamos era obviamente el chófer, en este caso una mujer, que sólo debía preocuparse por hacer las paradas reglamentarias cada dos horas y media, en las que el autocar debía tener inmovilizadas las ruedas durante 45 minutos. Es una norma que rige aquí para camiones y transporte de pasajeros y que se respeta escrupulosamente.


Pamplona

Durante el viaje no llovió pero al ir acercándonos a Pamplona un cielo con varias tonalidades de gris presagiaba lo que temíamos. Resignación y buen humor parecía ser el sentimiento general, porque iban a ser cuatro días pasados por agua. El hotel y las comidas nos esperaban, ¿que ganábamos con protestar y caer en el pesimismo? Así que ¡ánimo! que después del almuerzo teníamos programada una visita a Pamplona, tan conocida por los Sanfermines que comienzan el 7 de julio y que atraen a miles de visitantes. Ernest Hemingway ayudó mucho a promocionar esta tradición a través de sus novelas y artículos periodísticos.


Iruña, que así se llama a Pamplona en euskera, guarda en sus calles estrechas y adoquinadas, sobre todo en el casco antiguo, un rico pasado histórico que se remonta al año 74 a.C. cuando fue fundada por el general romano Pompeyo sobre un poblado preexistente de supuesto origen vascón, según narran algunos historiadores. Sufrió la ocupación de los pueblos germanos, visigodos y musulmanes hasta que el rey Fernando el Católico la anexionó a la Corona española en 1521. Esto no es un repaso histórico pero algunos datos básicos debemos conocer sobre los sitios a visitar.


Al centro administrativo, comercial y financiero de Navarra llegamos entonces una tarde lluviosa, desapacible, en la que sus habitantes optaron por quedarse en sus casas, dejando las calles a disposición de los visitantes que debían cumplir un programa desafiando rayos y centellas. Como masa aborregada seguíamos a la guía que de tanto en tanto se detenía para dar algunas explicaciones. El recorrido inicial nos llevó hasta el edificio del Ayuntamiento desde cuyos balcones se lanza el chupinazo (cohete) que todos los 6 de julio a las 12 del mediodía da inicio a los Sanfermines. Poco después optó por lo más fácil: dar tiempo libre para que cada cual lo utilizase a su gusto. Por supuesto que la primera decisión fue buscar un bar y a través de los cristales observar a los viandantes esquivando charcos.

Imagen de la desolación causada por lluvia, lluvia y más lluvia
Eso mismo hicimos al salir. Había que emplear el tiempo de alguna manera hasta la hora del encuentro en una plaza céntrica, así que no teníamos otra opción que caminar bajo los paragüas y observar la variedad de pintxos que ofrecían los numerosos bares y restaurantes, prácticamente uno al lado de otro en esa zona céntrica y turística. ¿Qué son los pintxos? Es lo que en Barcelona se conoce como tapas, platitos que suelen reemplazar un almuerzo o una cena, optando por tentadoras
Pintxos
combinaciones de productos (pan, anchoas, bacalao, salmón, pimientos, aceitunas, quesos, tortilla, etc. etc.), que se acompañan con vino o cerveza. Cuatro o cinco de esos suslen ser suficientes.

Los relojes marcaban las siete de la tarde y comenzaba a oscurecer. Esta visita inicial a Pamplona había concluido, de modo que al autocar y regreso al hotel, donde la cena nos esperaba a las ocho y media, el horario habitual. Al día siguiente debíamos ir a San Sebastían, unos 120 kilómetros al norte. ¿Alguien tenía esperanzas de que no lloviera? No, nadie. Todos acertamos.

San Sebastián

Para la revista estadounidense Conde Nast Traveller, especializada en Viajes y Turismo, es la QUINTA MEJOR CIUDAD DEL MUNDO, según la votación de sus lectores. Dice la publicación: ¿Que ciudad puede ser llamada con toda justicia la capital gastronómica de Europa? No París, No Copenhague, sino San Sebastián! 

San Sebastián, o Donostia en euskera, es una ciudad de gran atractivo. Su icono es la Playa de la Concha en la bahía del mismo nombre, con arena que se descubre o se oculta según los vaivenes de la marea. Una isla, Santa Clara, en medio de la bahía hace que las olas lleguen mansamente a la orilla, mientras que en otras zonas costeras los embates del Mar Cantábrico se hacen incontenibles, como ocurrió hace un par de meses cuando olas de hasta diez metros -algo pocas veces visto aquí- vencieron las defensas ocasionando grandes destrozos.



Rodeada de montañas verdes y con el mar en el lado opuesto, San Sebastián, con medio millón de habitantes es uno de los sitios más buscados y caros de España. No es para menos. El entorno natural y sus calles limpias son la envidia de muchas grandes capitales. El festival internacional de cine que se realiza anualmente le proporciona también renombre internacional, y ni que hablar de su gastronomía; sus famosos cocineros distribuidos en varios sectores de esta ciudad, llamada La Perla del Cantábrico, acaparan entre todos 16 estrellas Michelin. Los entendidos saben lo que esto significa.



Nuestro grupo había sido despertado a las siete de la mañana y después del desayuno partimos hacia
Donostia. Durante el trayecto la guía nos ofrecía algunos datos someros, ya que a las diez nos esperaba una guía local que nos hablaría de la ciudad y su historia. La lluvia, que seguía cayendo implacable, no hizo perder el buen humor de los visitantes y así escuchamos atentamente la "clase" que impartía nuestra anfitriona. Nos explicó que la arquitectura de la ciudad tenía influencia francesa por hallarse a sólo 20 killómetros de la frontera con los vecinos del norte. El primer recorrido a pie fue hasta El peine del viento, tres esculturas de hierro de diez toneladas cada una, obra del artista Eduardo Chillida, en uno de los extremos de la Playa de la Concha. El fuerte viento vencía la resistencia de los paraguas si no se sostenían debidamente, pero estábamos allí y no podíamos irnos sin las consabidas fotografías de esas singulares obras artísticas.




Subimos en funicular hasta lo alto del Monte Igueldo y desde allí nos llevamos las dos panorámicas que se ven más arriba

Terminada esa parte de la visita, el autocar nos llevó hasta el centro de la ciudad, más precisamente su Parte Vieja. Otra caminata en medio de un fuerte viento que derribaba las motos aparcadas en la calle. Mi castigado órgano cardíaco no se sentía cómodo aspirando el aire frío, pero las previsiones al hacer el equipaje dieron sus frutos, como puede verse en la pequeña foto de la derecha. Cada cual se protegía como le parecía más conveniente. A quienes no llevaban paraguas se les aplicaba el viejo refrán "ajo y agua", muy apropiado para el caso. 

Para el almuerzo nos llevaron a una vieja Sidrería-Restaurante cuyo propietario nos ofreció una detallada explicación sobre la elaboración de la sidra que se almacena en grandes toneles  con una espita en su parte delantera para que los comensales se sirvieran ellos mismos. Habló de las bondades de "su" sidra enfatizando que era un producto totalmente natural y así nos pareció en efecto: tenía gusto a zumo de manzana sin gasificar y sin el sabor dulce al que estamos acostumbrados. De tan natural que era algunos comensales optaron por el vino para acompañar la comida.




La tarde se completó con una visita a la cercana ciudad de Vitoria, de calles anchas y limpias, como todas las del País Vasco. Otro paseo bajo la lluvia y regreso al hotel en Pamplona, que de agua estábamos ya hasta la coronilla. Cena y a dormir que a la mañana siguiente iríamos a Bilbao.

Bilbao 

Beatriz y un servidor habíamos estado en Bilbao hace unos 40 años y no nos gustó nada. Fábricas y polígonos industriales con sus emanaciones de humo y hollín invitaban a pasar de largo en busca de sitios más acogedores. Esta opinión es compartida por muchos que la conocieron en esa época, pero muchos afirman también que en la actualidad el cambio es notable. Mucho mérito se le adjudica a Iñaki Azkuna, fallecido en estos días y alcalde durante trece años. Fue distinguido como mejor alcalde de Europa.

Camino a Bilbao, no solo llovió sino que también nevó
Y es así realmente. Las fábricas y polígonos han desaparecido o han sido traslados a otros sitios más alejados. Ahora Bilbao es una ciudad limpia, con edificaciones modernas, atravesada por el rio Nervión, cuyas aguas vuelven a tener peces, expulsados antaño por la contaminación. Los cambios producidos aquí son obra de las personas que demuestran honestidad y voluntad de trabajar; los vascos son un ejemplo. El alcalde Azkuna era licenciado en Medicina y Cirugía, especializado en Cardiología y Radiología, además de desempeñarse como profesor de Medicina Física y Radiología.

No puedo evitar comparar a este hombre con algunos "alcalduchos" elegidos a dedo por los políticos de turno.


Estas visitas turísticas como la nuestra están bien organizadas pero son muy comprimidas, o sea que de cada lugar se eligen dos o tres elementos emblemáticos y para el resto.... a buscar en los libros o hacer un viaje personal. Por lo tanto, en Bilbao teníamos marcado el Museo Guggelheim de Arte Contemporáneo, una caminata por el casco antiguo (esto es infaltable en todos los paquetes turísticos) algunos monumentos que se ven de pasada, el puente colgante más antiguo del mundo, y poco más. Es como esos "tours" a Florencia que incluyen la estatua de David pero no la Gallería degli uffizi, por ejemplo. Para los organizadores el tiempo es oro, ni más ni menos.

El bacalao
La relación entre Bilbao y el bacalao es tan estrecha que algunos han designado a esta ciudad como la capital mundial de la elaboración de este pescado. Las dos recetas tradicionales más conocidas del bacalao son al pilpil y a la vizcaína. La verdad es que nos quedamos con ganas de degustarlas....

En relación con lo dicho anteriormente sobre la tiranía del tiempo, no queda otra que resignarse y pensar que "por lo menos algo vimos".

Me parece que esta nota está siendo muy larga, así que sólo queda agradecer a quienes nos han acompañado en esta suscinta narración y despedirnos hasta nuestro próximo destino.

Una gran estructura de titanio, piedra y cristal diseñada por el arquitecto norteamericano Frank O. Gheri, e inaugurado en 1997

Esta obra, que se levantó sobre las ruinas de un antiguo almacén de ferrocarriles, ocupa una superficie total de 24.000 m2, de los cuales 11.000 están destinados a salas de exposiciones. Su estructura se forma a partir de varios bloques interconectados que quieren sugerir la forma de un enorme buque


El perro Puppy, mascota de la pinacoteca del Guggelheim está construído con una estructura de acero recubierta por variedades de flores naturales que se cambian dos veces al mes. Su creador: Jeff Koons.
El puente colgante más antiguo del mundo (1887) en pleno funcionamiento. Cruza personas y vehículos entre las dos márgenes del rio Nervión

Orgullosos con sus boinas vascas 
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2 comentarios:

Noemi dijo...

Hermoso paseo, fotos, y con el relato, me moje, con el viento quede totalmente despeinada, y casi me caigo del puente del rio Nervion ,Felicitaciones, hasta el proximo viaje

José T. dijo...

Grande Noemi!!!! ¿que haría sin tu apoyo? Muy bueno tu comentario. Gracias y hasta el próximo.