Mostrando entradas con la etiqueta Bogart. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Bogart. Mostrar todas las entradas

11 de marzo de 2013

42 veces



José Trepat

Se dice que a cierta edad se comienza a vivir de recuerdos. ¿Pero alguien puede poner un número a esa “cierta” edad? Creo simplemente que los recuerdos –buenos y malos- acuden a la mente en cualquier momento, y que por instinto de supervivencia se tiende a descartar los desagradables y dar preferencia a los que nos han dejado un sabor dulce.

Pero no quiero decir que dulce signifique sólo risas o alegrías, sino que incluye también emociones gratificantes que nos llegan a través de gestos o acciones de solidaridad, altruismo, gratitud, etc., en la vida real, y que recibimos también de libros y películas, medios que absorben la mayor parte de mi tiempo libre. Pero como siempre, lo importante es la calidad.

Hay libros maravillosamente escritos pero que llevados al cine han quedado literalmente destrozados. Es cuestión de saber hacer las cosas con oficio y con esmero. En esta entrada, para hastío de algunos seguidores, vuelvo con….. SÍ, CASABLANCA, que después de verla 42 veces se ha convertido ya en una obsesión casi religiosa.

Mi obsesión por CASABLANCA tal vez responda a motivos personales de tiempo, lugar, tema, entorno) que no tienen por qué ser compartidos. El guión, el mejor de la historia según la Asociación de Guionistas Estadounidenses, y la idolatría por Humphrey Bogart e Ingrid Bergman, se aúnan para que sea mi preferida. No me olvido de Ciudadano Kane y de El Padrino, pero que quieren que les diga? CASABLANCA tiene ese no sé qué …( y pensar que el papel de Bogart iban a dárselo al pétreo Ronald Reagan …! Seguramente ahora no estaría escribiendo esto.

Para quienes no han visto CASABLANCA, digamos sucintamente que el guión fue adaptado de una obra teatral, y que la acción transcurre mayormente en el principal Café de la ciudad, cuyo propietario es Rick (Bogart), un aventurero norteamericano de pasado dudoso.

Estamos en la Segunda Guerra Mundial y la ciudad de Casablanca forma parte del territorio francés no ocupado por los nazis. Al café de Rick acude todas las noches una variada gama de personajes, desde altos oficiales militares alemanes, el colaboracionista jefe de policía francés (notable Claude Rains), refugiados políticos, contrabandistas, delincuentes, combatientes de la resistencia contra la opresión nazi.

Muchos quieren salvoconductos para viajar a Lisboa y de allí a Occidente, a la libertad. La película tiene muchos momentos para recordar pero para no extender en demasía esta nota, encontré tres que pueden verse en imágenes.

El reencuentro con Lisa

Una noche llega Lisa (Bergman) al café de Rick acompañado de su marido, jefe de un grupo de la resistencia, que quiere salir de Casablanca para continuar su lucha contra los nazis. Lisa y Rick habían vivido en el pasado un intenso romance en París y Lisa no acudió al encuentro cuando ambos debían partir juntos. Rick se sintió abandonado por Lisa y le guardaba rencor.

Esa noche, Lisa se acercó al piano de Sam y le pidió que tocara Según pasan los años (As time goes by) el tema que la había unido con Rick. Nunca dijo “Tócala otra vez Sam”, sino “Tócala Sam. Toca “Según pasan los años”. Sam primero se negó pero luego accedió. Entonces, Rick sale de su despacho para increparlo y ve a Lisa.



La Marsellesa

La siguiente escena memorable, que me emociona cada vez que la veo y escucho, es cuando una noche, los oficiales alemanes, con los vasos de cerveza en alto comienzan a cantar marchas militares. El marido de Lisa, saliendo de la oficina de Rick, se dirige hacia el estrado de la orquesta y ordena a los músicos: “Toquen La Marsellesa!”. Estos miran a Rick, que observaba la escena desde la puerta de su despacho y éste asiente con la cabeza.

La orquesta comienza con los acordes de La Marsellesa (el himno más hermoso que existe, independientemente de la nacionalidad de cada uno). Poco a poco los presentes en el Café van tapando las voces de los alemanes. Hay que ver esta escena y aquí está. Obsérvese el rostro de Ilsa durante los 27 segundos en que mira a su marido con orgullo y admiración; para coleccionar.


La despedida en el aeropuerto

Otro pasaje protagonizado por Humphrey Bogart e Ingrid Bergman, una pareja que en la vida real no congeniaba pero que sin embargo aquí parece que uno no puede vivir sin el otro (mérito de capacidad actoral). A último momento, Rick dispone que los salvoconductos sean extendidos a nombre de Lisa y su marido. Lisa lo mira con sorpresa y le dice que eso no era lo que habían acordado. Lisa insiste: ¿y nosotros?. “Siempre nos quedará París”, otra de las frases que inmortaliza Bogart. Los rostros de ambos transmiten con notable elocuencia la emoción del momento.

 

Algunas curiosidades de CASABLANCA

 Los guiones se escribían "sobre la marcha" y la pareja protagonista no los tenía hasta poco antes de la filmación.

 La película ganó tres Oscars: Mejor película, Mejor director, Mejor guión. Bogart era de menor estatura que Ingrid Bergman, así que el director tuvo que utilizar ladrillos y cojines para equipararlos.

 Ingrid Bergman obligaba siempre a los cámaras a tomarla de su lado izquierdo, el que más la favorecía.

 En su estreno tuvo escaso éxito. Con el tiempo se ha convertido en una de las tres mejores películas de la historia del cine (junto con Ciudadano Kane y El Padrino).

*
La última escena doblada al castellano


*





*

15 de febrero de 2013

Recomendaciones (4)


Hace unos días, en un momento de ocio, decidí ver una película: El sueño eterno (The Big Sleep), la versión fílmica de la conocida novela "negra" de Raymond Chandler. Me instalé cómodamente frente a la pantalla del ordenador (PC) y puse en marcha la proyección (quien piense en Humphrey Bogart y Lauren Baccall, tenga un poco de paciencia que ya llegarán en esta nota).

Esta versión es del año 1978, con guión y dirección de Michael Winner (no lo conozco), y con el pétreo Robert Mitchum en el papel del detective Philip Marlowe. También está un muy avejentado James Stewart en una aparición intrascendente. La "Lauren Bacall" es aquí Sarah Miles. Se dice que segundas partes nunca fueron buenas y esta película es una prueba de ello.

Pero sigamos con orden. La película es en color y ha sido adaptada a la época en que se filmó y no en la que transcurre la acción de la novela, que por cierto también había leído. No me disgustaba y tampoco me sorprendió el Mitchum de 60 años que aquí hace de detective privado. Sabemos que el rostro de Robert Mitchum será el mismo tanto si se le dice que tiene una mancha en la camisa, como si se entera de que acaba de caer una bomba atómica a dos calles de su casa.

Transcurrían los minutos y poco a poco me iba acordando del argumento. De repente, al llegar al minuto veinte recordé que tenía archivada la versión que en 1946 dirigió Howard Hawks, con el insuperable Humphrey Bogart (el de "Casablanca") y la muy sugestiva Lauren Bacall, su esposa en la vida real. Detuve la proyección, fui a los archivos y puse en marcha la versión en blanco y negro filmada 32 años antes. Para comparar.



Prácticamente las mismas escenas, pero que diferencia abismal entre una y otra. Pobres Sarah Miles y Michael Winner al lado de Lauren Bacall y Howard Hawks! Pero sobre todo, pobre el buenazo de Robert Mitchum, comparado con el "petiso" pero gran Bogart! No le llega ni a los talones, como suele decirse.

La fotografía en blanco y negro es de una calidad que averguenza al color de la versión más reciente. Los planos y encuadres del director Hawks son de un nivel que su colega Winner dificilmente pueda superar aunque filme diez versiones más. La iluminación de las escenas nocturnas con lluvia y los coches de época son un regalo para la vista. Y que decir de los diálogos! En la versión de 1978 el propio Winner se aventuró a escribir el guión, mientras que en la película dirigida por Hawks trabajaron tres guionistas, entre ellos WILLIAM FAULKNER, nada menos! Por eso los diálogos son tan brillantes.

¿Queda alguna duda en cuanto a cual es la versión que sugiero para esta RECOMENDACIÓN (4)?
- J.T.


Recomendaciones anteriores

Cosmos (Carl Sagan) Divulgación
Homeland, serie de TV
El artista, película 

*

14 de septiembre de 2012

Sí, soy fanático de Casablanca

En estos días, el diario EL PAIS está realizando una encuesta para determinar cual ha sido la mejor película de la historia del cine (en opinión de sus lectores, claro está). Una de las finalistas es El Padrino, sobre lo cual no tengo ninguna objeción, y la otra.....Blade Runner, que en la otra semifinal "eliminó" a.....Casablanca. Los votantes habrán tenido sus razones para elegir a una y rechazar a la otra, pero que Blade Runner haya sido considerada mejor que Casablanca me ha molestado, por decirlo de manera suave. Nada puedo hacer al respecto, obviamente, pero sí exponer a través de la siguiente nota -como un desagravio personal- por qué digo en el título que soy fanático de Casablanca.
-J.T.

Si una película ha sido vista 42 veces es que algo debe tener; algo irresistible que atrae como un imán la atención de ese fanático que al instalarse cómodamente en su sillón y disponerse a dedicar 102 minutos de su vida a seguir el desarrollo de la obra que ya conoce de memoria, piensa que en ese momento es lo que más le gustaría hacer, lo que más le apetece.

Claro que es una opinión cargada de subjetividad; es lo que esa persona siente, es lo que captan sus sentidos y obedece a sus gustos puramente personales. Así es como una y otra vez me he sentido atrapado por esta película filmada en 1942, en pleno desarrollo de la Segunda Guerra Mundial, el período de la historia que ha alimentado tal vez la mayor cantidad de películas y libros sobre un tema en particular.

Una obra de ficción, ya sea literaria o cinematográfica, queda grabada en la retina y la memoria de quien la transita según se inserte en el entorno de lo que ha sido su vida, de los elementos que han ido girando a su alrededor en circunstancias determinadas de su tiempo. No recuerdo cuando fue la primera vez que ví Casablanca pero algo me debe haber impresionado para que a lo largo de más de 40 años disfrutara –y sigo disfrutando- de esta película hecha con prisas, a los tropezones y un presupuesto mínimo.

Al intentar buscar los motivos de la pasión –quizás desmedida- por esta película, afloran varios elementos que, unidos, son más que suficientes para colmar mis apetencias. Contiene todo lo que necesita una trama y su desarrollo: amor, odio, decepción, muerte, suspenso, gratitud, desengaño, virtud, renunciamiento, bajeza moral, grandeza de espíritu, etc. Todos esos elementos están reunidos en un escenario sugerente, la ciudad marroquí de Casablanca, perteneciente entonces a la parte de Francia no ocupada por los nazis.

Un guión excepcional basado en una obra de teatro que nunca llegó a estrenarse (Todos vienen al café de Rick – Everybody Comes to Rick’s) fue entregado al director Michael Curtiz y este fue amalgamando los fragmentos de una manera tan precisa que el resultado es una obra maestra.

La música

Cuántas películas son recordadas por su banda sonora. El consagrado Max Steiner hilvanó el hilo musical de Casablanca en torno al tema central “As time goes by” (Según pasan los años)- Película y música parecen una unidad indisoluble.

El elenco

Y los actores. Los actores! ¿Qué pareja ha superado a la formada por Ingrid Bergman (Lisa) y Humphrey Bogart (Rick)?. Los une y los separa alternadamente una historia de amor muy simple, pero las actuaciones son tan soberbias que sus personajes llegan a calar muy hondo en el alma del espectador. Su primer encuentro en París (que se inserta como backstage durante el transcurso de la película, el posterior abandono por parte de Lisa, que deja a Rick esperándola infructuosamente en la estación de tren, su reencuentro en el Rick's Café Americain , en Casablanca, y su última despedida en el aeropuerto cuando Lisa se dispone a abordar el avión que la llevará a Lisboa y a la libertad, son de antología.

Allí se produce una de las frases que han quedado grabadas en la historia del cine, cuando Rick le dice a Lisa –ambos mirándose a los ojos: “Siempre nos quedará París” («We'll always have Paris»). El resto del elenco no desentona; quizás la excepción sea Paul Henreid, a quien se ve un poco acartonado en su papel de Victor Lazslo, líder de la resistencia checa. Lo llamativo es que Henreid se sentía una estrella del séptimo arte al exigir que su nombre figurara en la cabeza del reparto junto a los colosales Bogart y Bergman.

En el rubro actores de reparto se destaca la actuación de Claude Rains como el capitán Louis Renault, un corrupto policía de la Francia de Vichy que se esfuerza por complacer a los nazis mientras por otro lado obtiene pingües beneficios económicos en la forma de un sobre diario con parte de las ganancias que dejan las mesas de juego del Café de Rick.

Este actor londinense recibió una nominación al Oscar por esta película. Peter Lorre, un actor judío austrohúngaro, siempre en papeles de delincuente de poca monta, no defrauda en su recreación del señor Ugarte, lo mismo que Sydney Greenstreet, como el obeso propietario de un club de la competencia que finalmente se queda con el Rick’s Café. Ambos actores habían trabajado junto a Bogart en la recordada “El halcón maltés”.

Insustituibles 

Volvamos a la pareja central. La belleza de Ingrid Bergman se ve favorecida por una fotografía en blanco y negro que proporciona a su rostro lo que se pretendía: una apariencia inefablemente triste, tierna y nostálgica. Por obra y gracia del director de Fotografía, en sus ojos aparecen destellos luminosos en el momento adecuado, lo cual da a su personaje un halo de verosimilitud que roza la perfección. Cada primer plano de la actriz sueca es una obra de arte.

Humphrey Bogart venía precedido por papeles de gangster, pero en Casablanca esa imagen de “duro” se conjuga perfectamente con un tinte de romanticismo, que es lo que el director seguramente buscaba: en lo externo, un hombre cínico, amargado e insensible, pero en su interior, un sentimental. ¡Pensar que en un primer momento se consideró al pétreo Ronald Reagan para interpretar el personaje de Rick!

La trama 

Para entender un poco mejor la conjunción de genialidades que se han plasmado en esta joya del cine, hagamos algunos extractos de su trama argumental. Durante la Segunda Guerra Mundial, Rick Blaine, un estadounidense de pasado dudoso, es el propietario del local nocturno y salón de juego más popular de Casablanca, el Rick’s Café. Allí se da cita noche tras noche una clientela variada: gente de la Francia de Vichy, oficiales de la Alemania nazi, asilados políticos y delincuentes. Rick aparenta ser neutral pero en el transcurso de la película se revela que estuvo involucrado en el tráfico ilegal de armas para combatir la ocupación italiana de Etiopía, y que participó también en la Guerra Civil española, en el bando republicano. 

Un delincuente menor conocido como Señor Ugarte (Peter Lorre), llega una noche al local portando dos salvoconductos obtenidos tras asesinar a dos mensajeros alemanes. Los documentos permiten al portador el libre tránsito por la Europa ocupada y llegar incluso a la neutral Lisboa, y desde allí al mundo libre. Ugarte quiere vender los salvoconductos pero es arrestado por la policía local al mando del capitán Louis Renault (Claude Rains). El delincuente se las ingenia para dejar los documentos en manos de Rick.

Bogart-Rick, impecable siempre con chaqueta blanca, pantalón negro y un cigarrillo, ya en sus labios o entre los dedos, se ve sorprendido por la llegada al local de su ex amante, Ilsa Lund, quién le había abandonado en París sin explicación alguna. Ilsa está acompañada por su marido Victor Lazslo, interesado en comprar los salvoconductos para poder abandonar Casablanca y continuar su lucha contra los nazis.

En una de las escenas tal vez más recordadas de la película, Rick exhibe en su rostro el dolor que le ha producido la presencia de Ilsa mientras en su mente desfilan los momentos vividos por ambos en Paris y el triste final de esa relación. Se acerca al piano de Sam y pide a éste que ejecute el tema que los había unido, “Según pasan los años”. El fiel Sam se resiste pero Rick le ordena que lo haga . "Si ella puede soportarla, ¡yo también puedo! Tócala”. 

A la noche siguiente, Lazslo se reune con Rick pues sospecha que éste tiene los documentos. En este punto la película ofrece la escena que personalmente más me ha impactado de todas las que he visto en el cine. Me es imposible no emocionarme cada vez que la veo, y eso que ya son 42! Mientras están hablando en el despacho de Rick, un grupo de oficiales nazis sentados en una mesa frente a grandes jarras de cerveza comienzan a cantar a voz en cuello un himno patriótico de la Alemania nazi. Al escuchar sus voces, Lazslo reacciona y sin poder contenerse, se dirige al estrado de la orquesta del local y ordena al director que interprete La Marsellesa.

El director busca a Rick con la mirada y éste, desde la puerta de sus despacho, hace un leve gesto de asentimiento con la cabeza. Al comenzar a escucharse los acordes del himno nacional de Francia, Lazslo comienza a cantar, sólo al principio, pero enseguida lo secundan las voces de parroquianos y empleados del local –muchos refugiados políticos- que ahogan el canto de los alemanes. El oficial nazi y su séquito suben a más no poder el volumen de sus voces, pero el largamente reprimido fervor patriótico de los parroquianos vuelve a taparlos.

Una sucesión de primeros planos muestra rostros encendidos y ojos brillosos mientras desgranan los versos de La Marsellesa. El oficial nazi se da por vencido y en venganza ordena el cierre del local, orden que hace cumplir –no podía ser de otra manera- el obsecuente capitán Renault. Cuando se le pregunta cual es motivo para la clausura, Renault dice que es debido al juego ilegal. En ese momento un empleado le entrega un sobre diciendole: “sus ganancias del día capitán”. La escena es un poco rebuscada, pero evidencia la doble moral en la que se desenvolvía el capitán Renault.

Esa noche, con el local ya clausurado, Ilsa llega para hablar con Rick. Le confiesa que sigue amándolo y le explica que cuando ambos se conocieron en París, pensaba que su marido había muerto en un campo de concentración nazi. Pero en cuanto supo que Lazslo en realidad había logrado escapar, decidió no acudir a la cita con Rick y regresó junto a su marido. Rick entiende la actitud de Ilsa y piensa que ella se quedará con él cuando Lazslo abandone Casablanca mediante uno de los salvoconductos. Lazslo llega al Café una vez que se ha ido Ilsa y le dice a Rick que se ha dado cuenta de que algo sucede entre ella y Rick. Con el propósito de salvar la vida de ella, pide a Rick que salga de Lisboa junto con Ilsa.

El final

Ya en la parte final, los personajes centrales confluyen en el aeropuerto y cuando Ilsa está dispuesta a abordar el avión junto con Rick, éste finalmente cede el salvoconducto a Lazslo. Ilsa se resiste a irse, pero Rick la convence de que si se queda se arrepentirá. “Tal vez no hoy. Tal vez no mañana, pero pronto y para el resto de tus días”. La escena de la despedida de ambos, en medio de una densa niebla, es memorable. El oficial alemán, advertido por Renault llega al aeropuerto para impedir la partida. Rick, con la pistola en el bolsillo de su gabardina, lo mata de un disparo. Cuando los soldados alemanes, atraídos por el estampido, se aproximan al lugar, el capitán Renault, sacando a relucir sus verdaderos sentimientos, salva la vida a Rick ordenando a sus hombres: “Arresten a los sospechosos de siempre”.

Una vez que el avión levanta vuelo llevando a Ilsa y su marido hacia Lisboa, ambos hombres se alejan caminando, tomados desde un plano elevado y casi tragados por la densa niebla. Se escucha entonces otra de las frases memorables en la historia del cine: “Louis, creo que este es el comienzo de una hermosa amistad”. ("Louis, I think this is the beginning of a beautiful friendship")
*


31 de julio de 2011

Un sábado blanco y negro




Fin de semana con un cielo enlutado de opaco poncho de nubes (parafraseando a la hermosa zamba). Por momentos, lluvias torrenciales en Barcelona y su área de influencia. Si miramos el calendario vemos que normalmente, en estas fechas, España “vende” a sus vecinos del norte de Europa, días de sol, calor y playa.

Parecería que el país no es creíble tampoco en este aspecto, sin que por supuesto haya relación alguna entre las agencias de calificación y los fenómenos meteorológicos, siempre tan veleidosos.

Quienes en las últimas horas se lanzaron a las autopistas para iniciar sus ansiadas vacaciones, tienen la opción de rezar, si creen que así se solucionan los problemas, o resignarse y apañarse con las posibilidades a su alcance.

Quienes “por suerte” no salimos ahora de vacaciones pero estamos en condiciones de pasar todo el día en la playa, lo tenemos más fácil, pues no gastamos dinero en traslados, etc. y, si bien la frustración existe, podemos pensar en alguna actividad dentro de casa.

En lo personal, el sábado lluvioso me pareció una ocasión excelente para ver cine por televisión. Pero no busqué los estrenos ni las producciones recientes, sino que fui a mi archivo y elegí dos películas en blanco y negro hechas en la década de 1940. Siento especial predilección por las producciones de esa época, muchas de las cuales fueron realizadas en plena Segunda Guerra Mundial, un período de la historia que ejerce en mí una seducción especial.

A ver esas películas no busco otra cosa que entretenimiento, porque ya sabemos quienes han de ser los buenos y los malos, si observamos cual es el país de origen de la mayoría de esas producciones (Estados Unidos), y de que lado estaba posicionado en el conflicto bélico.

La estúpida idea de colorear algunas películas filmadas en blanco y negro, fue afortunadamente un fracaso total. ¿A quién se le pudo ocurrir, por ejemplo, aplicarle esos colores tan lavados a la incomparable Casablanca, o a Nido de Ratas, Viñas de ira y A la hora señalada, entre tantas otras?

Dejemos estas digresiones y vamos con la primera parte del programa del sábado: Enviado especial, dirigida por Alfred Hitchcock, y Joel Mc Crea como corresponsal extranjero, con el trasfondo, claro está, de la Segunda Guerra Mundial. Eran los comienzos de la carrera del gran director y eso se nota.

Es una película de tantas con algunos toques de ingenuidad y puntos flojos, que Hitchcock fue corrigiendo en sus siguientes films. Un ejemplo?. El protagonista persigue a un terrorista en una calle londinense entre una maraña de automóviles y gente. De pronto, bajo una fuerte lluvia, sube a un taxi y emprende la huída. Nuestro héroe, al verlo, abre la puerta del primer coche que encuentra y, oh casualidad! estaba ocupado por “su chica” y otro periodista amigo. Estas “casualidades” son difíciles de tragar.





La segunda sección sabatina estuvo dedicada a una película que es un “clásico” del género: El halcón maltés, sobre la novela de Dashiel Hammett, y en la que el también inimitable Humphrey Bogart da vida al detective Sam Spade. Junto al gran Boogie están dos inseparables colegas de algunos de sus filmes, Peter Lorre, el pequeñín de ojos saltones, y el obeso Sidney Greenstreet.


El halcon maltés fue una reposición porque, obviamente, ya la había visto antes, al igual que muchas otras, sin contar las 40 proyecciones de Casablanca. Fin de la función.
-José Trepat




*

13 de noviembre de 2009

Momentos para recordar - La Reina de Africa

Muchos tenemos nuestra cinemateca, videoteca, o como quiera llamársele, personal. Puede estar en algún anaquel en forma de DVD, o archivo digital, o simplemente en la memoria.

A la película La Reina de Africa la tengo en todos esos sitios. Debe ser por el tema, la ambientacón, la dirección y los intérpretes, sobre todo uno de ellos, mi admirado Humprhrey Bogart, que dicho sea de paso, ganó el Oscar por este trabajo, la única estatuilla de su carrera.

Para este espacio de Momentos para recordar, encontramos en youtube un fragmento de la película en la que Bogart comparte rol estelar con Katherine Hepburn, ambos dirigidos por John Huston. En la narración del video de 4:19 minutos se ofrece una sinopsis de la película y algunas anécdotas de su rodaje.






Algunas curiosidades de la película


En sus Memorias, Katherine Hepburn comenta que durante el rodaje todos enfermaron de disentería menos Bogart y Huston... que en ningún momento probaron el agua.

Aunque las sanguijuelas que cubren el torso de Bogart en una de las escenas eran falsas, John Huston le hizo creer que, debido a un error del encargado de efectos especiales, algunas podían ser auténticas. Bogart, horrorizado, rodó la secuencia lo más deprisa que pudo con gesto de genuina repugnancia, cosa que aprovechó Huston para dotar de realismo a la escena. (Curiosidad aportada por Arturo Zafra )

Durante el rodaje en el Congo, el calor era tan sofocante que los técnicos tenían que enterrar las latas con la película filmada en fosas subterráneas para evitar que el sol y la humedad la destruyera. (Dato aportado por Arturo Zafra)

Ciertas o no, estás anécdotas resultan interesantes y vale la pena refrescarlas.

(Si alguno de los visitantes se anima a decir cual ha sido su película favorita, podría ser tema para una nota/encuesta).
*

23 de octubre de 2009

Voces que no pueden ser dobladas

*Humphrey Bogart y Frank Sinatra*

La voz es un excelente medio de comunicación. Tiene matices, inflexiones, tonos agudos y graves y puede transmitir emociones, como felicidad, desprecio, ira, amor.

Se dice que la voz humana es el instrumento musical más perfecto. Cada ser humano tiene su propio registro, pero algunos nacieron con cuerdas vocales privilegiadas, que las hace únicas e imposibles de imitar.

Al hablar de voces que no pueden ser dobladas, el único ejemplo al que recurro en esta breve nota para que no se extienda en demasía, es por supuesto la de Humphrey Bogart.

Ver una película de Bogart en la que su voz real no se escucha es algo que me cuesta aceptar y por lo tanto opto por la versión original con subtítulos, cuando ello es posible. Esto dicho con todo respeto hacia los profesionales del doblaje.

Para ilustrar estos párrafos, quedan todos invitados a cliquear en el siguiente video, un fragmento de la película El motín del Caine, en la que por cierto, dicho sea de paso, Bogart brinda una actuación magistral, que lo hizo candidato al Oscar que finalmente obtuvo el formidable Marlon Brando por La ley del silencio (On the water front) conocida también como Nido de Ratas.

Que pena que hayan coincidido en el mismo año!. La estatuilla debió haber sido partida por la mitad.

En este corto video puede apreciarse también la expresión de Bogart en su caracterización de un capitán paranoide de la marina de los Estados Unidos. Ya hablaremos más extensamente sobre El motín del Caine.

(No hace falta saber inglés, basta con escuchar su voz y ver sus expresiones)







Otra voz única e inimitable es la de Frank Sinatra, pero en este caso como cantante.

Sus versiones de My way, Three coins in the fountain, Strangers in the night, por citar sólo tres, son insuperables. Pero hay una canción que en mi modesta opinión NO PUEDE SER interpretada por nadie más.

Se trata de Let me try again. Es como si le perteneciera, como si hubiese sido compuesta exclusivamente para él. Es además, para mí, una de las más hermosas melodías que he escuchado, y cada vez que lo hago, consique lo que pocas: me emociono, como suele decirse.

Aquí está el video en la versión de LA VOZ.








Algunas personas se destacan por diversas cualidades, como presencia, belleza, carácter, personalidad, etc. pero en cuanto a voces, Bogart y Sinatra están en el Olimpo.



Estos personajes -en este caso del mundo del espectáculo- hacen la vida un poco más llevadera.

Y para quienes tengan conocimientos de inglés y quieran seguir la letra, aquí está.

I know I said that I was leaving
But I just couldn't say good-bye
It was only self-deceiving
To walk away from someone who
Means everything in life to you

You learn from every lonely day
I've learned, and I've come back to stay

Let me try again - let me try again
Think of all we had before - let me try once more
We can have it all - you and I again
Just forgive me or I'll die - please let me try again

I was such a fool to doubt you
To try to go it all alone
There's no sense to life without you
Now all I do is just exist
And think about the chance I've missed

To fake is not an easy task
But pride is such a foolish mask

Let me try again - let me try again
Think of all we had before - let me try once more
We can have it all - you and I again
Just forgive me or I'll die - please let me try again
*

11 de septiembre de 2009

Momentos para recordar (2) (Casablanca)



Se dice que a cierta edad se comienza a vivir de recuerdos. ¿Pero alguien puede poner un número a esa “cierta” edad? ¿O la misma comienza precisamente cuando ya no hay alicientes para acometer alguna iniciativa que mantenga latente la ilusión de vivir? En fin, el tema es un poco complicado y no tengo la intención de internarme en esos vericuetos.

Creo simplemente que los recuerdos –buenos y malos- acuden a la mente en cualquier momento, y que por instinto de supervivencia se tiende a descartar los desagradables y dar preferencia a los que nos han dejado un sabor dulce.

Pero no quiero decir que dulce signifique sólo risas o alegrías, sino que incluye también emociones gratificantes que nos llegan a través de gestos o acciones de solidaridad, altruismo, gratitud, etc., en la vida real, y que recibimos también de libros y películas, medios que absorben la mayor parte de mi tiempo libre.

En Momentos para recordar (1), en base a una muy buena historia, una muy buena dirección y actores admirables, hemos visto apenas 5:56 minutos de una película que seguramente emocionó a todos. Claro que para esto es imprescindible contar con los elementos tecnológicos (youtube) porque una cosa es relatar ese fragmento y otra muy distinta verlo.

Pero como siempre, lo importante es la calidad. Hay libros maravillosamente escritos pero que llevados al cine han quedado literalmente destrozados. Es cuestión de saber hacer las cosas con oficio y con esmero.

En esta segunda entrada de Momentos para recordar vuelvo sobre la película que PARA MI es la mejor que visto (36 veces): CASABLANCA, pero esta vez con fragmentos de videos que no pueden describirse como intenté hacerlo en la nota publicada hace algún tiempo
( ¿Por qué CASABLANCA? ).

Mi obsesión por CASABLANCA tal vez responda a motivos personales de tiempo, lugar, tema, entorno) que no tienen por qué ser compartidos. El guión, el mejor de la historia según la Asociación de Guionistas Estadounidenses, y la idolatría por Humphrey Bogart e Ingrid Bergman, se aúnan para que sea mi preferida.

No me olvido de Ciudadano Kane y de El Padrino, pero que quieren que les diga? CASABLANCA tiene ese no sé qué …( y pensar que el papel de Bogart iban a dárselo al pétreo Ronald Reagan …! Seguramente ahora no estaría escribiendo esto.

La película tiene muchos momentos para recordar pero para no extender en demasía esta nota, encontré tres que pueden verse en imágenes.

Para quienes no han visto CASABLANCA, digamos sucintamente que el guión fue adaptado de una obra teatral, y que la acción transcurre mayormente en el principal Café de la ciudad, cuyo propietario es Rick (Bogart), un aventurero norteamericano de pasado dudoso.

Estamos en la Segunda Guerra Mundial y la ciudad de Casablanca forma parte del territorio francés no ocupado por los nazis.

Al café de Rick acude todas las noches una variada gama de personajes, desde altos oficiales militares alemanes, el colaboracionista jefe de policía francés (notable Claude Rains), refugiados políticos, contrabandistas, delincuentes, combatientes de la resistencia contra la opresión nazi. Muchos quieren salvoconductos para viajar a Lisboa y de allí a Occidente, a la libertad.



El reencuentro con Lisa


Una noche llega Lisa (Bergman) al café de Rick acompañado de su marido, jefe de un grupo de la resistencia, que quiere salir de Casablanca para continuar su lucha contra los nazis. Lisa y Rick habían vivido en el pasado un intenso romance en París y Lisa no acudió al encuentro cuando ambos debían partir juntos. Rick se sintió abandonado por Lisa y le guardaba rencor.

Esa noche, Lisa se acercó al piano de Sam y le pidió que tocara Según pasan los años (As time goes by) el tema que la había unido con Rick. Nunca dijo “Tócala otra vez Sam”, sino “Tócala Sam. Toca “Según pasan los años”. Sam primero se negó pero luego accedió. Entonces, Rick sale de su despacho para increparlo y ve a Lisa.

http://www.youtube.com/watch?v=HM-E2H1ChJM&feature=related

La Marsellesa


La siguiente escena memorable, que me emociona cada vez que la veo y escucho, es cuando una noche, los oficiales alemanes, con los vasos de cerveza en alto comienzan a cantar marchas militares. El marido de Lisa, saliendo de la oficina de Rick, se dirige hacia dónde está la orquesta y ordena a los músicos: “Toquen La Marsellesa!”.

Estos miran a Rick, que observaba la escena desde la puerta de su despacho y éste asiente con la cabeza. La orquesta comienza con los acordes de La Marsellesa (el himno más hermoso que existe, independientemente de la nacionalidad de cada uno). Poco a poco los presentes en el Café van tapando las voces de los alemanes. Hay que ver esta escena y aquí está:



http://www.youtube.com/watch?v=-KL76edqCKc&feature=related

Faltaría un video del diálogo de despedida entre Rick y Lisa en el aeropuerto, cuando ella se dispone a partir junto con su marido con el salvoconducto que Rick tenía reservado para sí mismo. En la escena se pronuncia la famosa frase de Rick “Siempre nos quedará París”. Los rostros de ambos transmiten con notable elocuencia la emoción del momento.

Y por último, el final con la también archifamosa “Este puede ser el comienzo de una gran amistad”..

http://www.youtube.com/watch?v=cfxJCdBFuLk&feature=related

Estos han sido momentos para recordar que no podían faltar en este espacio.
J.T.

*

7 de junio de 2009

La fábrica de sueños



José Trepat
Hemos dicho en alguna oportunidad que si tuviésemos que elegir sólo tres palabras para definir los valores que consideramos esenciales en el ser humano, esos vocablos serían Gratitud, Solidaridad y Tolerancia, además de los clásicos Amor y Paz, que surgen espontáneamente cuando se pide a alguien que sintetice sus anhelos en dos o tres palabras.
Gratitud es lo que más se aproxima al espíritu de esta nota pergeñada en una mañana de domingo que nos ofrece un par de horas para aprovecharlas de la manera que más nos apetezca.
Pero Gratitud desde un punto de vista un tanto ingenuo pues estas líneas, que no son más que un rosario de recuerdos, se remontan a la época de nuestra adolescencia, cuando todo parecía posible, por lo menos en los sueños.
Y a una fábrica de sueños se refiere la nota, a la mayor que quizás haya existido: el cine, o más precisamente el Hollywood de sus años dorados. La formación de un adolescente va forjándose con lo que tiene a su alcance – el ejemplo de los padres, el entorno, lo que recibe a través de los libros y otros medios, y lo que alimenta sus ilusiones.

Algunas décadas atrás, el cine era para muchos nuestra ventana al mundo, a través de la cual echábamos a volar nuestra imaginación, corporizada en los “héroes” que descubríamos en la pantalla, convertidos en paradigma de todas las cualidades que nos hubiese gustado tener: audacia, valor, carácter, y un don irresistible para el sexo opuesto. Esos son los sueños, antes de chocar con la realidad y aceptar que en este valle de lágrimas y alegrías no todo es fácil de alcanzar.

No nos interesaba la vida privada de nuestros ídolos ni teníamos tanto acceso como hoy a su intimidad a través de la proliferación de tantas revistas “del corazón” y programas televisivos, dónde en cuestión de horas se desmitifica a quien sea y como sea –con razón o sin ella.

Hecha la salvedad de que la idealización tomaba forma sólo a través de lo que recibíamos de la pantalla mágica, vamos a ejercer la gratitud en función de ello, dejando bien en claro que la inocencia ya pasó y estamos enterados de que sus vidas privadas tenían poco que ver con lo que nos transmitían en el celuloide.

Hay una lista muy extensa de nombres pero tomaremos a solo cinco, una lista personal y subjetiva, por los que sentí verdadera admiración e idolatría en los años juveniles. Todos están en la historia grande del cine: Errol Flynn, Gary Cooper, Humphrey Bogart, James Dean y Marlon Brando.


El orden es cronológico, salvo en el caso de los dos últimos que fueron contemporáneos y salieron de la misma escuela, la del Actor’s Studio.

A los 14 o 15 años, en el cine buscábamos la aventura y la acción, en las que Errol Flynn sintetizó de manera incomparable la imagen del héroe de capa y espada, vencedor en todos los duelos y conquistador siempre de la muchacha de turno, con finales felices, como era de esperar.

Quienes tengan los años suficientes recordarán tal vez películas memorables como, El halcón de los mares y Las aventuras de Robin Hood, y si alguien no las ha visto, las recomendamos. Son películas de AVENTURAS con mayúsculas, de evasión y entretenimiento.

El propio Flynn actuaba en las escenas de riesgo y obviamente en los duelos de espada. Allí dio lo mejor cuando estaba en su plenitud. Fuera de la pantalla su vida fue un tanto caótica, con una irrefrenable pasión por las mujeres y más tarde por las drogas. Murió con sólo 50 años. Se llegó a decir que había sido agente de la CIA y algunas cosas más, pero todo eso no lo sabíamos ni nos interesaba.

Tampoco nos importaba mucho el trasfondo político de las películas en las que, oh casualidad!, los americanos blancos siempre eran los buenos y siempre ganaban, como en Murieron con las botas puestas donde Flynn interpretó el papel del general George Custer. En la batalla final Custer muere como un héroe y los sioux eran muy, pero muy malos. El rigor histórico ofrece otras opiniones al respecto. Pero como cine de aventuras, chapeaux Errol.

Se nos aparece ahora en la lista la figura alta y desgarbada de Gary Cooper, más taciturno y no tan “lindo” como el anterior. En la memoria aparecen dos películas de aventuras cien por cien –Beau Geste (1939) y Tres lanceros de Bengala (1935), ambientada en la India cuando era colonia británica y dónde, por supuesto, los ingleses también eran los buenos.

Luego llegaron Veracruz y El árbol de la horca, hasta que con A la hora señalada (o Solo ante el peligro), Gary Cooper, ya mayorcito, dio vida al personaje que catapultó a este actor a uno de los sitiales más elevados entre mis preferidos.

La película de 85 minutos que transcurre en tiempo real, tiene todos los aditamentos que la ubican entre los mejores (tal vez el mejor) westerns jamás salidos de Hollywood. Quien la ha visto nunca podrá olvidar la melodía que se escucha en el comienzo mismo cuando un pistolero va acercándose a una pequeña estación de ferrocarril teniendo como fondo musical aquella balada interpretada por Tex Ritter, que comienza con Do not forsake me O my darlin', On this our wedding day….

El rostro de Gary Cooper trasunta de manera magistral la amargura que siente cuando su esposa (de religión cuáquera) decide abandonarlo, subiendo al mismo tren en el que llega el pistolero que ha jurado matarlo junto con otros tres que lo aguardan en la estación. En su mirada triste se ve también el miedo y a la vez su voluntad de quedarse sólo ante el peligro, a medida que los habitantes del pueblo –sus amigos- se esconden y le retacean su apoyo.

La escena final, cuando después de haber acabado con los cuatro, los cobardes salen de sus madrigueras para rodearlo y felicitarlo, es de antología. Cooper, que era el sheriff Will Kane, los mira despectivamente, se quita la estrella, la arroja al suelo y parte sin decir palabra. Cuesta pensar en otro actor para ese papel, tal vez Clint Eastwood, quien junto a Cooper, ha sido para muchos el arquetipo del americano perfecto.

Ya un poco alejados de la adolescencia, el cine nos presenta a otro de sus “monstruos”. De baja estatura, facciones no muy agraciadas pero poseedor de una personalidad y una voz que nadie ha podido imitar: Humphrey Bogart, inigualable en su papel de “duro” pero a la vez con un toque sentimental. Muchos de sus personajes fueron extraídos del submundo del hampa neoyorquina, al menos en sus comienzos, pero ha quedado en la historia grande por El tesoro de Sierra Madre, El halcón maltés y sobre todo la mitológica Casablanca.

Al Bogart ya en edad madura, lo recuerdo y valoro especialmente en dos actuaciones memorables –La Reina Africana y El motín del Caine.

James Dean, con sólo tres películas, fue el modelo de lo que todos queríamos ser cuando teníamos casi 20 años. Rebelde, rubio, ojos azules y buen actor parecía ser suficiente, pero si a ello se le agregaba su carácter introvertido y un halo triste y solitario, todo eso, en conjunto era una marca registrada, algo único. Su trágica muerte al volante de un Porsche fue la frutilla del postre y lo convirtió en mito.
Su debut en Al ese del Edén lo lanzó al estrellato de manera fulminante. Había aparecido un actor distinto. El delirio de las veinteañeras llegó al paroxismo con su segunda aparación, Rebelde sin causa. Y luego Gigante, que ni siquiera pudo terminar de rodar, puso el colofón a su efímera carrera, antes de entrar en la leyenda.

Su primera escena en Gigante, donde se lo ve sentado en un viejo coche con las piernas extendidas sobre el parabrisas y el sombrero echado sobre los ojos como si no le importara nada de lo que pasaba a su alrededor, es una de las imágenes mejor logradas por el director George Stevens.
La mirada huidiza y gestos como a la defensiva en busca siempre de protección y afecto, despertaba en las adolescentes una sensación de ternura y amor pocas veces vista en el cine. La palabra icono le sienta muy bien a James Dean.

Y esta secuencia de recuerdos asociados a una etapa de sueños e ilusiones, tiene que finalizar con quien en mi modesta opinión, ha sido el más grande actor de todos los tiempos, Marlon Brando.

Polifacético como el Robert de Niro de nuestros días, Brando se acomodaba a todos los papeles, los exprimía al máximo y les ponía el sello de su propio estilo, tan personal e inconfundible que hizo escuela, aunque jamás los imitadores pudieron superar al modelo original.

Brando y Dean salieron del Actor’s Studio, al igual que Montgomery Clift, quien según algunos fue el creador de esa manera tan particular de enfrentar a las cámaras. Pero Montgomery Clift no tuvo el magnetismo personal que sus colegas derrochaban a raudales. Los tres eran los símbolos inconformistas de su generación.

El ocaso de Marlon Brando fue triste y lamentable, con una vida personal signada por relaciones conflictivas con sus hijos y sus mujeres. Al morir, su figura distaba años luz de la apolínea imagen que ofreció en la parte inicial de su carrera.

Su debut en Un tranvía llamado deseo representado a un polaco bruto y colérico, con un físico y rostro envidiables, le abrió el camino al estrellato y a una legión de admiradores. Sus películas más memorables son creaciones tan personales e impactantes que cuesta encontrar un parangón del nivel que alcanzó para interpretar a personajes tan disímiles.

Su recreación del guerrillero mexicano Emiliano Zapata me impactó sobremanera, sin entrar a considerar el rigor histórico del guión que se le encomendó. Estamos hablando de cine, o sea de una gran dosis de ficción.

En Nido de Ratas (1954) (On the waterfront), una de las mejores películas que jamás he visto, Brando, aquí un ex boxeador- se convierte en una especie de líder sindical ad-hoc que enfrenta a los poderosos que controlaban el trabajo en el puerto de Nueva York. La película tiene muchas connotaciones políticas que atañen a la vida personal de su director Elia Kazan, pero repetimos que sólo hablamos de Marlon Brando como actor y lo que transmitía desde la pantalla.

Un año antes, caracterizado como Marco Antonio en la película Julio Cesar, Marlon Brando había ofrecido una actuación descollante al traducir en palabras, ante el cadáver de Cesar, el monólogo salido de la pluma de William Shakespeare, nada menos. Ello le valió la nominación al Oscar, que finalmente obtuvo por Nido de Ratas y El Padrino.

Que mejor que precisamente El Padrino para aplaudir a este grande del cine cuyo estilo podrá imitarse pero habrá de crearse algún otro diferente para quedar en la historia por mérito propio.

¿Alguien le habrá indicado como debía componer el personaje o eso quedó librado a su creatividad? Difícil saberlo, o no tanto para quienes están más interiorizados del tema, pero lo cierto es que su Don Corleone salido del libro de Mario Puzo, se resume en una palabra: inolvidable!

Estos hacedores de sueños, tal vez contra su voluntad, tuvieron vidas difíciles pero nos acompañaron en nuestro crecimiento a través de la única faceta que nos llegaba de ellos, la pantalla mágica.

Estos párrafos han sido escritos desde el punto de vista masculino. El cine nos ofreció mujeres bellas y grandísimas actrices, pero claro, a éstas no queríamos imitarlas. Además de admirarlas, recreaban nuestros sueños de amor platónico en algunos casos, y más terrenal, en otros. Honor también a ellas, porque ¿qué es un “héroe” sin una mujer a la que vayan destinadas sus “hazañas”?.
*