8 de noviembre de 2009

PERSONAJES - Arturo Pérez-Reverte

José Trepat Que un miembro de la Real Academia Española y a la vez conocido y prolífico escritor –entre otras cosas- baje al llano y en un tono coloquial, directo y duro, califique a ciertos banqueros como “hijos de la grandísima puta”, llama la atención, por decirlo de alguna manera.

Pero la sorpresa ya no lo es tanto a medida que uno va interiorizándose de la personalidad y antecedentes de este apasionante personaje de nuestros tiempos que no trepida en lanzar verdades como puños a través de una columna firmada y con foto incluida en un suplemento dominical que distribuyen varios diarios españoles. Son verdades que uno quiere escuchar y pocos de aquellos que tienen la facilidad de hacerlo públicamente, se atreven a suscribir con su nombre y apellido. Pero los hay, sería injusto negarlo, aunque quizás ninguno lo hace con tal contundencia y lenguaje descarnado. Conocí, o tal vez debe decir que supe de la existencia de Arturo Pérez-Reverte, hace ya varios años, cuando una tarde de sábado en Buenos Aires, sentado frente al televisor, el conductor del programa entrevistó a un periodista español que hacía sus primeras armas como novelista, y seguramente realizaba una gira de promoción por América latina. De entrada, este hombre me cayó muy bien. Hablaba con una fluidez impresionante, casi de manera verborragica, con notable dominio del idioma y una pasión desbordante por la que era su profesión: la de escribir, ya sea como periodista o flamante novelista. Recuerdo que me cautivó su facilidad de expresión, que me hizo recordar a la del filósofo Julián Marías que por aquellos años ofrecía charlas televisivas sobre temas diversos, también con una notable precisión conceptual. Era un placer escuchar a estas personas que manejaban de manera tan soberbia el idioma castellano. El hijo de Marías, Javier Marías, es otro de mis columnistas favoritos en la actualidad, pero el tema de esta nota es Arturo Pérez-Reverte, por quién día a día crece mi admiración a medida que voy encontrando entrevistas que se le han hecho y sobre todo, por las columnas que firma en XLSemanal, dónde dice lo que le viene en gana y siempre a calzón quitado, cómo debe ser. Pérez-Reverte, el creador de la muy exitosa serie de novelas sobre Las aventuras del capitán Alatriste, no deja títere con cabeza en sus arremetidas contra los políticos, el gobierno, la oposición, los banqueros, el sistema educativo, la iglesia y todo lo que a su modo de ver, merezca ser criticado.



Despojándose de esa clase de nacionalismo que unas veces resulta patético y otras imbécil, el académico y escritor nacido hace 52 años en Cartagena, Murcia, dispara su artillería contra los responsables de la educación en España, a quienes –son sus palabras- “hacéis posible que este autocomplaciente país de mierda sea un país de más mierda todavía”. Son epítetos fuertes sin duda, pero es su manera de decir las cosas: “ Lo mío es una mirada sobre el mundo, a veces un pensamiento, otras un cabreo. Es un ajuste de cuentas semanal. Un ajuste muy subjetivo; no pretendo para nada informar, ni educar, ni transmitir, sólo expresar según esté cabreado, feliz, simpático o de mala leche. Por eso digo que no es periodismo. La columna es un ejercicio de literatura que utiliza el periódico como medio. El periodismo es una cosa tan seria, tan cabal, tan concreta, tan nobilísimamente objetiva que no tiene ninguna vinculación con lo que hago”. La crítica dura, hiriente, va acompañada de un concepto sobre la educación, que encontramos en una de las entrevistas. “Yo soy jacobino y creo que los estados deben ser fuertes y que la educación debe ser férrea y medieval. Digo que los estados deben ser fuertes, no autoritarios ni totalitarios. Entre los jacobinos no hay nacionalismos posibles, sino un país solidario y a marcar el paso; y el que no quiera ser libre, lo va a ser a garrotazos”. Para refrescar la memoria sobre el término Jacobino, recurro al diccionario de la Real Academia, que lo define como un partido francés de la época de la Revolución, partidario de dirigir la educación de los ciudadanos. Para que quede bien claro lo que entiende por Educación, señala que debe ser férrea y medieval. “Y el que no quiera estudiar, a trabajar: a ser un dignísimo fontanero, un dignísimo albañil, un dignísimo agricultor. La educación debe ser accesible a cualquiera, pero cuando estudias, hay que esforzarse”. Se podrá discrepar pero que su mensajes claro, no hay duda. Su ingreso en la Real Academia se produjo en el 23 de enero de 2003 con 21 votos a favor y cuatro en blanco. Nadie votó en contra. Sin haberlo buscado, dice que su ingreso aportará el contacto con la realidad. "No soy un renovador del lenguaje, ni de la novela, ni de nada. Sólo soy un tipo que cuenta historias lo mejor que puede. Así que lo único que puedo aportar son mis novelas y mis lectores de aquí, de América y de otro países". La opinión que Pérez-Reverte tiene de los políticos, o por lo menos de algunos de ellos, queda reflejada en otra de sus columnas cuando relata que a veces suele pasar frente al edifico de Las Cortes en el momento en que salen los diputados , “encorbatados ellos y peripuestas ellas…con los aires que pueden ustedes imaginar. "No identifico a casi ninguno, y apenas veo los telediarios; pero al pájaro se le conoce por la cagada. Van pavoneándose graves, importantes, seguros de su papel en los destinos de España, camino del coche o del restaurante donde seguirán trazando líneas maestras de la política nacional y periférica. No pocos salen arrogantes y sobrados como estrellas de la tele, con trajes a medida, zapatos caros y maneras afectadas de nuevos ricos…. Diputados, nada menos. Sin tener, algunos, el bachillerato". El párrafo precedente puede aplicarse también otros países, muchos de América latina, pero quien lo dice en este caso es español y se refiere a España. Nada de barrer la basura debajo de la alfombra; al pan pan y al vino vino. Admite sin embargo que entre los políticos hay gente honrada cuya existencia es necesaria. Sus 21 años como corresponsal de guerra en conflictos como la guerra de Irak, de las Malvinas y de los Balcanes, le permite hablar con propiedad sobre los responsables y consecuencias de esas contiendas. “Estuve en los bosques de cruces de madera, en los callejones sin salida a donde llevan sus irresponsabilidades, sus corruptelas, sus ambiciones…. Algún día, si tengo la cabeza lo bastante fría, les detallaré a ustedes cómo se lo montan. Cómo y dónde comen y a costa de quién. Cómo se reparten las dietas, los privilegios y los coches oficiales”. Nada nuevo bajo el sol don Arturo, pero es saludable que estas cosas se digan y que estos personajes queden desenmascarados. ¿Por qué esta gente tiene derecho a su jubilación después de haber estado apenas siete años en un escaño frente a los 35 de trabajo honrado que se le exige a un ciudadano común? Con su bisturí en forma de metafórica pluma de escribir, Pérez-Reverte sale en defensa de aquellas personas mayores que han perdido sus viviendas porque en un momento dado las pusieron como aval para las hipotecas que sus hijos no pueden pagar debido a la crisis económica de la hasta hace poco pomposa “octava potencia del mundo”. ¿Qué padre no hubiera hecho eso por un hijo?. “Y ahora que se están ejecutando las hipotecas los responsables de que esto haya sido así miran para otro lado. Y sonríen, porque puede haber un fotógrafo de prensa cerca y la moda es salir sonriendo. Nadie ha ido a la cárcel por la crisis, pero la han merecido muchos, porque ha hecho mucho daño, sin contar los suicidios que debe de haber provocado”, leemos en un blog que comenta una columna del escritor, y que suscribimos. Las palabras que cierra el primer párrafo de esta nota hacen alusión a la campaña de entidades bancarias que ofrecen a los jóvenes “dinero fácil” para cumplir los sueños de tener coche nuevo –no usado para trabajar, sino nuevo- viajar y comprarse lo que quieran. Lo que muchas veces los jóvenes no analizan es que sucumbir a esa tentación los tendrá “enganchados” durante muchos años con el banco para saldar su deuda. “Hace mucho tiempo que no llamaba hijo de puta a nadie en esta página”, dice Pérez-Reverte en su columna dominical. “Pero hay días en que el impulso resulta más poderoso que las buenas intenciones”, y a continuación pone el colofón a su nota. *


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