21 de octubre de 2009

Nostalgias del campo argentino (III) -¡Pobres animales!

Pobres animales!

José Trepat

En las notas anteriores nos referimos a la prodigalidad de la ubérrima tierra a la hora de dar sus frutos, y a los rigores de la naturaleza en sus distintas e incontrolables manifestaciones.

En lo que es tan sólo una serie de apuntes sobre una etapa de la vida, los recuerdos están centrados hoy en la relación entre el hombre –genéricamente hablando- y los animales, y también la de éstos entre sí.





Hay mucho de crueldad, aunque a veces el fin justifica los medios, como se verá, pero también mucho de sufrimiento gratuito infligido a esos “seres inferiores” con el único propósito de diversión, por llamarlo de alguna manera.

Con el paso del tiempo algunas personas modifican su modo de ver la vida, suerte o desgracia. En mi caso, los años me han servido para conocer y querer a los animales en su conjunto, y seguramente no repetiría jamás lo que décadas atrás fue tan sólo producto de la inconsciencia infantil-juvenil. Y también del ejemplo de los mayores.

Mi contacto con el mundo animal en lo que se refiere a una relación personal ocurrió a los ocho años cuando recibí de regalo una perrita con un mes de vida, mientras estábamos en una chacra en Capitán Sarmiento, en Argentina. Me encariñé enseguida con la cachorrita de color negro con manchas blancas, y pasaba largas horas acariciándola mientras dormía.

Fuimos creciendo juntos y cuando dos años después la familia debió de separarse en busca de nuevos horizontes, a mí me tocó ir a vivir a una chacra de mis tíos en Arrecifes. Por suerte pude llevarme a Perla, que así la habían bautizado.

Mis tíos la aceptaron en principio, pero pronto comprendí que una perra, por el sólo hecho de ser hembra, tiene los días contados dónde deba convivir con sus congéneres del sexo opuesto. Como es de suponer, Perla enseguida quedó preñada por alguno de los perros, que no hicieron más que ceder a su instinto natural.

Las crías de mi perrita fueron regaladas a quienes quisieron aceptarlas, y mi tío se quedó con uno de los hijos, al que le puso el nombre de Capitán. La raza de Perla y sus descendientes era indefinida, de tamaño pequeño y patas cortas. Un aciago día llegó la fatídica decisión: la perra no podía seguir allí pues era causa de constantes riñas entre los machos, todos más grandes que ella, que se la disputaban enloquecidos. Es el destino de las pobres hembras caninas.

Llegó el día de deshacerse de ella. Nos subieron a un coche que avanzó varios kilómetros por caminos de tierra hasta que se detuvo en un paraje solitario en el que se veía sólo una casa a unos 500 metros. Se abrió la puerta del viejo Chevrolet de 1938 y Perla fue arrojada sin que importaran sus lastimeros ladridos, como si intuyera que estaba siendo abandonada.

La puerta se cerró y el coche se puso en marcha acelerando rápidamente. A través de la nube de polvo pude ver durante algunos segundos la última imagen de mi querida perrita que corría desesperadamente con sus patitas cortas tratando de alcanzar el vehículo. Lloré mucho y esa imagen no se me borró nunca de la memoria. ¿Por qué esa crueldad? Hubiera sido mejor un tiro en la cabeza.

Eso fue lo que hizo un día un primo mío con otro perro que estaba atacado de sarna. Nada de veterinario. No lo había ni se estilaba; animal enfermo era animal muerto. El perro en cuestión fue llevado a un espacio abierto junto a un hoyo cavado previamente. Allí, sentado sobre sus patas traseras y mirando fijamente a su verdugo, recibió los perdigones. Fue mejor así. Son escenas que no se olvidan fácilmente.

Poco a poco fui acostumbrándome a como es la vida real junto a los animales en un habitat compartido con el hombre. Lo que también aprendí de los perros es que son fieles a su amo, hasta la muerte, literalmente hablando.

Capitán consideraba que su amo era mi tio Francisco, pero esa fidelidad alcanzó niveles increíbles a raíz de un hecho que los unió indisolublemente. Un día, los perros corrían tras una liebre y Capitán no pudo esquivar una cerca de alambre de pua, en la que quedó enganchado y con un ojo salido de la órbita.

Mi tío lo encontró así y con unas tijeras cortó los nervios que mantenían el globo ocupar colgando. El perro, a pesar del dolor, se mantuvo inmóvil como comprendiendo que se le estaba haciendo un bien. La cuenca vacía fue curada día tras día por mi tío, hasta que el animal, ahora tuerto, sanó completamente.

A partir de entonces, Capitán, durante los años que vivió, no se separó jamás ni un metro de mi tío y ladraba amenazante a quién osara acercársele. Solo callaba cuando su amo le daba la orden. Por las noches dormía junto a la puerta de la casa, no importa que hiciera frío o lloviera. Nunca he visto tal muestra de fidelidad y amor de un perro hacia su amo. Otra lección del mundo animal.




7 comentarios:

Fer.T dijo...

Como te divertias de niño eh? ajjajaja!!!!!!
Pero buena, en esa epoca y viviendo en el campo, no habia otra cosa para hacer, seguro que toda la gente de tu generacion, hacia mas o menos lo mismo, no tenias ni tele, ni videojuegos ni nada de eso, asique habia que pasar el rato!!!!! jajaja!!!!!
Me gusto saber todo esto, a seguir contandonos cosas!!!!!

José T. dijo...

A Fer: Pero por suerte tenía libros y allí comenzó mi afición por la lectura, gracias a no tener ni tele ni videojuegos, sólo la radio. Habrá más; en una vida caben muchas anécdotas.

flaco dijo...

A Fer.T: Lo que dice tu viejo en la nota es totalmente real y comulgo con cada uno de sus ejemplos. Me parece que se quedó corto, pero dice que habrá más. Todo es herencia de algo o de alguien, ya que nada es por generación espontánea. La diversión parece cruel, sin embargo aparte de esas travesuras en algunos casos o de las "capadas" en otros con el "curavichero"(líquido blanco) había una conciencia y valor de vida, sobre todo en las familias humildes.Espero que Don Pepe cuente como se ordeñaba, se sembraba a pleno sol, se alambraba o poceaba,como conservaban los alimentos, que eran las fiambreras etc. El campo tiene ese "noseque" que te chupa y a lo largo de los años lo añorás.Me parece que que va a necesitar unas cuantas notas como esas. Estoy en contra de lo sádico y las muertes inútiles, pero no hay que sacar de contexto las situaciones contadas. Un beso. Roberto

José T. dijo...

A flaco: Excelente tu intervención y comentario. Te comento:
1) Celebro que no hayas cuestionado la veracidad de lo que escribo.
2) Los temas que sugerís para próximas notas los tengo en lista de espera; justamente había pensado comentar todos esos tópicos que sugerís, pues hay mucha tela para cortar y los jóvenes de mi entorno que nacieron y viven en ciudades, poco y nada saben lo que es la vida en el campo, en contacto con la naturaleza. Espero que a través de estas notas aprendan algo más (si es que se dignan leerlas). Nuevamente flaco, muchas gracias por tu presencia aquí; te estás ganando una visita guiada a Cubells!!! Abzs.

flaco dijo...

A José:La visita guiada a Cubells tiene incluido el viaje Argentina -España y viceversa????Amén

José T. dijo...

Sí, pero cuando Racing salga campeón.

José Patricio Sabatini dijo...

Espera sentado, como dice Felipe ( el de mi blog )