10 de diciembre de 2011

Johnny


Ocurrió el 26 de octubre, pero recién ayer, a través de Facebook, supe de la muerte de Juan Javier Zeballos, un colega periodista pero, más que eso, un querido amigo, otro de los muchos que han sido apartados injustamente de este mundo a edades tempranas en las que debía comenzar para ellos el mejor período de sus vidas.

Digo el mejor período de sus vidas porque me los imagino en una reunión social de periodistas "retirados", con un vaso de whisky en una mano y un cigarrillo o habano en la otra, intercambiando mil anécdotas y chistes sobre presentes y ausentes; nadie quedaba a salvo.

Es claro que al escribir lo anterior mi pensamiento está puesto en esos personajes que para mí serán siempre inolvidables aunque fisicamente ya no estén: Manuel José Martínez, Enrique Aleson, Simón Muller, Hugo Infantino, Stewart Russell, René Villegas, y ahora Juan Javier Zeballos, "Johnny" para todos los que éramos sus colegas en Reuter. Otros compañeros también se han ido, pero menciono estos nombres porque formaban parte de la Mesa de Redacción de aquella época imposible de olvidar.

No recuerdo quién lo "bautizó" Johnny, pero seguramente habrá sido porque cuando lo conocimos allá por los años 70, su aspecto era todo lo opuesto a un "johnny", como se llamaba en Argentina a los norteamericanos.

En la época en que llegó a Buenos Aires para incorporarse a Reuter, Johnny se nos apareció un día con el cabello hasta los hombros, bigote a lo Emiliano Zapata y un poncho multicolor para guarecerse del frio invernal. No había dudas: era boliviano cien por ciento y muy orgulloso de serlo. Yo también me sentí siempre orgulloso de mis dos grandes amigos bolivianos, como lo eran Johnny y el incomparable René Villegas.

¿Cómo comenzó mi amistad con Johnny Zeballos? Por un hecho fortuito: Johnny vivía en Buenos Aires y yo en Munro, a 20 kilómetros. Un sábado me llamó a casa muy preocupado porque su hijo pequeño tenía fiebre muy alta y no sabía que hacer. Le dije que se quedara tranquilo, que yo iba a buscarlo con mi auto y lo llevaríamos al pediatra que atendía a nuestros hijos. Dicho y hecho. El niño (¿o era niña?) se recuperó y asunto terminado.

Pero Johnny no se cansó nunca de reiterar su GRATITUD (hermosa palabra) por lo que yo había hecho, que en realidad no fue nada del otro mundo, no me adjudico mérito alguno. Pero Johnny era de esas personas que agradecen sinceramente estos pequeños gestos y a partir de entonces se inició una amistad sincera, aunque nuestros caminos luego fueron diferentes.

Con Johnny Zeballos compartí viajes y cobertura de distintos eventos, sobre todo deportivos, como los Juegos Panamericanos en Medellín y Puerto Rico y el campeonato mundial de fútbol de 1978 en Argentina, cuando convivimos 40 dias en la ciudad de Mendoza. Ese contacto diario nos dio la posibilidad de conocernos a fondo y de cimentar una amistad que se prolongó en el tiempo.

Me reencontré con Johnny no hace mucho a través de Facebook. Alguien lo localizó y allí él se enteró de que yo había sufrido un infarto estando en Turquía. Tuvo palabras de aliento y dijo que él también había estado “cerca de la otra orilla” por un problema pulmonar. Me entristece ahora pensar que esas palabras estaban tan cerca de hacerse realidad.

El Johnny Zeballos con el que me reencontré en Facebook no tenía nada que ver con aquel joven boliviano de pelo negro y vestimenta informal. Por medio de fotos publicadas en Internet ví que se había transformado en todo un señor bien trajeado y de cabello blanco prolijamente peinado. Intercambiamos algunos mensajes siempre en tono de broma, pero él, una vez más, después de transcurridos 30 años, dijo que nunca había olvidado la visita a mi pediatra; así era de agradecido.

Hoy, antes de escribir estas líneas, quise saber un poco más sobre el fallecimiento de este querido amigo, y para ello, qué mejor que Internet. En la red me encontré con varias necrológicas que hablan sobre la intensa actividad que desarrolló hasta pocas horas antes de su muerte, a causa de una embolia pulmonar. Las notas destacan su trayectoria profesional a lo largo de tres décadas de periodismo, pero todas ponen énfasis en su integridad profesional y su ética personal. Coincido totalmente.
*

4 comentarios:

flaco dijo...

La mejor forma de homenajear a los afectos es recordándolos y vos tenés una gran virtud para hacerlo.
Amén

ALEIVE dijo...

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Saludos cordiales.

Martín dijo...

Querido José T.,

¿Para qué te escondés en el anonimato de la inicial y el puntito? Los que sabemos mirar una página web enseguida descubrimos quién sos.

Vos y esos muchachos ya eran veteranos cuando yo llegué a Reuters, y nunca fui de esa trenza.

Alguno en particular, sin conocerme, juró que me iba a hacer la vida imposible...

Y al año siguiente o poco más me estaba buscando para ver si yo podía darle trabajo en otra parte.

¿Qué vueltas tiene la vida, verdad?

Cordialmente,

Martín

JotaT. dijo...

Querido Martín ¿?
No me escondo,mi nombre y apellido están en muchas notas firmadas. El blog nació así y así se quedó. Estás haciendo lo mismo que me criticás. Pasó mucha gente por Reuter y yo me acuerdo de un Martín sibarita, de un Martín Y. ¿Serás ese? Me queda la duda. Anyway, te mando un abrazo.