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24 de mayo de 2010

¿Hasta cuando?

Esta fotografía -que muy bien puede ser la foto periodística del año- dice más que mil palabras.

Pobre torero (Julio Aparicio). Ojalá se recupere y reflexione al ver estas imágenes, si esta salvajada puede ser considerada una "fiesta". ¿Cual es el público que se regocija con este llamado "arte de la tauromaquia"? . ¿Es arte ver como un pobre animal ensangrentando por banderillas y picaneado por el rejoneador, se defiende con lo único que tiene, sus cuernos y su fuerza ciega?

¿Es arte ver como el diestro (si fuera zurdo, ¿sería siniestro?) le atraviesa el corazón con su espada? o cuando el toro le abre el vientre con una cornada, fruto de su desesperación?

Llegará el día en que el toreo desaparecerá y dejará de ser "cultura". Es inevitable. ¿Por qué entonces no acelerar ese momento y terminar de una vez por todas con esta animalada? (con perdón a los animales).

(Lo de diestro debe aplicarse a destreza, supongo).

Acotación final: no nos alegramos cuando un torero es corneado. Sólo bregamos para que esa situación no tenga que producirse.


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29 de enero de 2010

¡Exactamente!



Gracias al escritor Juan José Millás por poner en palabras tan bien enlazadas lo que uno piensa exactamente.

La siguiente es una transcripción de la columna que publica hoy en el diario EL PAIS.

http://www.elpais.com/articulo/ultima/Verdad/palmaria/elpepuult/20100129elpepiult_1/Tes


Juan José Millás


VERDAD PALMARIA

Los toros, pueden gustar o no gustar, claro, cada uno es cada uno. Pero sería estimulante que los aficionados a esa expresión cultural hicieran una crítica del gusto. En otros ámbitos admitimos sin problemas que disfrutamos con pasatiempos detestables y nos aburrimos con distracciones admirables. ¿Qué hay de malo en aceptar los aspectos oscuros o mal considerados de nuestras inclinaciones? El maltrato a los animales está mal visto (ya era hora), incluso hay leyes que lo persiguen, aunque estableciendo salvedades. Nada que objetar a las salvedades, la vida es así, no lo he inventado yo, etcétera. También la tortura está prohibida, a menos que la ejerzas en Guantánamo, con gente cuya piel es más oscura que la tuya. Y el terrorismo se persigue de manera implacable, excepto cuando se trata de bombardear Irak. Anomalías culturales, qué le vamos a hacer, lo que no quita para darse cuenta de que el terrorismo es terrorismo incluso si lo practico yo.


Parece evidente que al toro de lidia se le maltrata. ¿Que a usted le gusta? Nos parece muy bien, no lo vamos a censurar. Pero hombre, hombre, reconozca que las banderillas, las puyas, el estoque y demás instrumentos quirúrgicos hacen daño (además de humillar). En el acto de arrojar una cabra viva desde un campanario hay belleza, no vamos a negarlo. A mí al menos me sobrecoge esa lucha titánica entre el cuerpo del animal y la fuerza de la gravedad (de la que siempre sale vencedora, por cierto, la última), por no mencionar la precisión matemática del movimiento uniformemente acelerado, que se cumple con todas y cada una de las cabras, no importa su condición. Todo eso está muy bien y si a uno le gusta le gusta. Pero hay tortura, hay maltrato, hay vilipendio. ¿Por qué a los taurinos, muchos de ellos intelectuales de pro, les cuesta tanto admitir esta verdad palmaria?















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16 de septiembre de 2009

Tradición? Cultura? Pobre mundo!



José Trepat



En un lugar de España de cuyo nombre no quisiera ni acordarme y en el que con seguridad jamás pondré un pie, se “celebra” anualmente una fiesta con trasfondo religioso que consiste en atravesar con lanzas hasta matarlo, a un pobre toro, el convidado de piedra que es utilizado como pretexto para exhibir lo más brutal y repugnante de la condición humana.

Y esta “celebración” se realiza en homenaje a la Virgen de la Peña con el apoyo y regulación del Ayuntamiento de una ciudad de un país que se jacta de estar entre los más avanzados del mundo. Es una tradición que data del medioevo y para algunos es una expresión cultural. Evidentemente, con gente que piensa así, el mundo está podrido.

Pero una precisión necesaria. No es que un país haga esto o lo otro, sino que son seres llamados humanos que no deben ser tomados como la imagen de un país. Son los menos, porque la mayoría de los españoles, si nos atenemos a las estadísticas, está en contra de estas prácticas brutales.

Inclusive, las organizaciones de defensa de los animales constituyen el lado opuesto de estos grupos de ciudadanos que disfrutan torturando a un animal, en este caso el toro. En otras “festividades” se martiriza a otras especies, como perros, cabras y gansos. Todo en pro de la tradición. Que asco!

Para escribir estas líneas he debido interiorizarme, pero lo he hecho con repugnancia y no me extenderé aquí en detalles sobre estas “fiestas” tradicionales.

Además del hecho en sí mismo, me indigna la tibieza con que algunos medios critican –es loable que lo hagan- estas expresiones de cultura popular, como le llaman algunos.
¿Cómo las autoridades de una ciudad pueden permitirlo?
¿Cómo las autoridades provinciales pueden permitirlo?
¿Cómo el gobierno de un país puede permitir estas prácticas aberrantes?
¿Cómo las autoridades religiosas aceptan impertérritas que la Virgen sea homenajeada de esta manera?

Otras personas con mayor capacidad intelectual podrán decir lo suyo. Lo único que pretendo es dejar constancia de mi indignación y vergüenza. Es un grano de arena en defensa de los animales, y si al menos UNA persona que ha leído esto se siente “tocado”, habrá valido la pena.

Con respecto al lugar, sólo diré que si alguna vez se encuentra en la ruta con el cartel “Bienvenido a Tordesillas”, siga de largo.

(Se han omitido las crueles imágenes del toro atravesado por las lanzas. Sería demasiado)

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7 de julio de 2009

Asombro y vergüenza

Los acontecimientos que se producen cotidianamente en el mundo -tan al alcance de quien se interesa por ellos gracias a Internet- pueden suscitar reacciones diversas, que algunos guardan para su coleto, y otros optan por compartirlos pensando que su difusión contribuya tal vez a ganar adeptos para su "cruzada".


Las reacciones pueden expresarse apelando a una amplia gama de adjetivos, pero en este caso tomaremos sólo dos hechos que enmarcamos en los rótulos de Asombro y Vergúenza.

Asombro

Que casi 80.000 personas concurran, en un día laborable, a un estadio de fútbol para ver la presentación de un jugador que lo único que tuvo que hacer fue vestirse de futbolista y asistir a una rueda de prensa, es realmente asombroso.

Tan inteligente como el empresario que lo compró por 94 millones de euros, Cristiano Ronaldo sabe moverse muy bien en este tipo de ambiente, dónde es la estrella, o más bien, el astro rey alededor del cual gira todo el resto de planetoides que tratarán de no salirse de órbita para sacar una buena tajada de este filón, mientras dure.

Pero a las 80.000 personas y a otros miles que no pudieron ingresar, ¿qué interés los mueve que no sea el meramente deportivo, o sea del de ganarle la Liga al Barcelona, el otro monstruo del fútbol mundial?

Florentino Pérez, el astuto presidente del Real Madrid, sabe lo que hace. Invirtió casi 100 millones de euros (que seguramente obtuvo de los bancos que es especializan en esquilmar a los pobres hipotecados) y está seguro de recuperarlos, de lo contrario se hubiera abstenido de meterse en este "negocio" que es el futbol.

No olvidemos que además de Ronaldo, o CR9 como se lo conocerá ahora por sus iniciales y el número en la espalda, Florentino pagó también 65 millones de euros por el brasileño Kaká y unos cuantos millones más por otros futbolistas de renombre. !"Pobre" ingeniero Pellegrini, lo que le espera en el vestuario este año!.

¿Podrá controlar al intocable Ronaldo? o deberá rendirse a sus veleidades de estrella fulgurante?

Para alquilar balcones será la próxima edición de la La Liga española, que junto con la Premier de Inglaterra, son de lejos las más espectaculares del mundo. Y el Barcelona de Messi? Debe estar observando con mucha antención lo que ocurre en el conjunto merengue. Pep Guardiola no tiene nada de tonto.

Las dos instituciones cuentan con su propia "masa aborregada", la que "ni corta ni pincha" en este gran negocio de empresarios que es el fútbol.


Vergüenza

Otro espectáculo de masas es el toreo, esa muesta de barbarie que esperemos algún día sea erradicada de países supuestamente civilizados.

Claro que llevará mucho tiempo, o quizás no ocurra nunca. Son muchos años de tradición y es una "fiesta" muy arraigada en una importante porción de la sociedad. No es desdeñable el coraje de los toreros que -no cabe duda- arriesgan la vida en cada corrida, pero es el toro el que irremediablemente la pierde cuando la espada del matador le perfora el corazón y los pulmones después de haber sufrido toda una serie de torturas previas.


Es tarea para sociólogos explicar la pasión que sienten los partidarios de la lidia, pero quienes no compartimos ese "deleite" también tenemos el derecho de expresarlo.

Un artículo de la periodista Pilar Rahola refleja muy bien ese sentimiento. Se transcriben a continuación algunos fragmentos.

Bajo el título Repugnante festival de sangre, Pilar dice:

"....A estas alturas del partido, todos sabemos que el verbo prohibir forma parte de la libertad de los pueblos, y, de la misma manera que prohibimos otros actos malvados, también es lógico, necesario y ético prohibir el festival de sangre que acaba con la muerte violenta de un toro.

No se trata de hacer una sociedad más prohibitiva, se trata de hacer una sociedad más sana, más humana y, sencillamente, más justa. No tengo, pues, ninguna duda en que la carnicería del toreo tiene que ser prohibida, y por ello formo parte de la campaña del PROU, que ya ha conseguido cerca de 200.000 firmas.

Ninguna sociedad decente puede asumir, como normal, que existan espectáculos de tortura y muerte de seres vivos, aunque sea una costumbre antigua y forme parte del ADN colectivo más embrutecido. Aceptar esa normalidad es aceptar la maldad como forma de tradición, lo cual es inadmisible. ...."
.....
"...Tanto Tomás (el torero José Tomás) como sus seguidores saben que es cuestión de tiempo, saben que están en el lugar equivocado del mundo, allí donde no habita la caridad. Saben que los pueblos avanzan, y que por el camino de la civilización, abandonan prácticas miserables, que los habían embrutecido como sociedad. "

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