29 de mayo de 2009

VIAJES - Bélgica (VII) Gante

Noventa minutos en Gante





Esta si que ha sido una visita fugaz, si se la puede llamar así, ya que tuvo una duración de exactamente 90 minutos, el tiempo que tenía estipulado una excursión relámpago incluida en el paquete del viaje, y que decidimos aprovechar por aquello de “…y si es gratis, vamos…”

Esta visión a vuelo de pájaro, pensada para turistas apurados y con poco tiempo, que visitaban Bélgica en un fin de semana, incluyó también a Brujas –que después visitamos por nuestra cuenta, como se verá en la próxima y última nota.

El guía políglota (le escuchamos hablar fluidamente en cinco idiomas) nos había llevado primero a Brujas y al caer la tarde “pasamos” por Gante –como debe llamarse en castellano en lugar de Gantes- en viaje de regreso a Bruselas.



De manera que dada la mezquindad del tiempo que se nos otorgaba, el contacto con Gante debía ser complementado con información adicional que solemos llevar siempre para situarnos mejor en un sitio determinado. En los folletos se presenta a Gante como “la Perla de Flandes oriental, ciudad estudiantil, turística y multicultural..una mezcla caliente entre cultura y placer”.

Aceptémoslo como cierto, aunque sólo podemos dar fe de que efectivamente es una ciudad turística, por el número de visitantes con que nos cruzamos, y también de que el espacio en que nos movimos, el casco antiguo e histórico, nos dio la sensación de que a pesar de algunos toques de modernidad, como automóviles y medios de transporte, nos encontrábamos en un escenario del medioevo, con la fascinación que siempre encuentra en esos lugares el autor de esta nota.



El autocar cargado de turistas recogidos en varios hoteles de Bruselas, nos depositó en una zona de aparcamiento muy cerca de los lugares de máximo interés, y allí el guía nos condujo a través de las calles adoquinadas –de hecho casi todas lo son en esos sitios- hasta la plaza mayor de la ciudad. Allí dio las correspondientes explicaciones que se sabía de memoria, en inglés, francés y castellano, y nos “ordenó” estar de regreso en el punto de partida en un plazo de una hora, para abordar el autocar.

Una hora! Poco tiempo realmente para formarnos una impresión cabal de esta ciudad, considerada “la gran desconocida de Bélgica” y cuna del emperador Carlos V de España, aquel del que los libros de historia dicen que “en su imperio no se ponía el sol”. También como dato complementario, nos enteramos de que en el Siglo XVI, Gante fue, después de París, la ciudad más grande de Europa al norte de los Alpes.

Después de atender cortésmente a las explicaciones del guía, quedamos en libertad de aprovechar al máximo los 60 minutos –que en realidad se extendieron a 90. Nos encontrábamos en el centro de la Plaza Mayor y tomamos las consabidas fotos de la catedral de San Bavón, el ayuntamiento gótico renacentista como casi todos los edificios, y de lo que nos llamaba la atención, siempre pendientes del reloj.

Hablando de relojes, es muy llamativo el que puede verse en lo alto de Belfort, la torre-campanario de 95 metros de altura, aunque no pudimos acercarnos lo suficiente para apreciarlo de cerca. Leemos en nuestra fuente de datos que el idioma oficial de Gante es el neerlandés, pero que la cultura políglota de sus habitantes permite hablar también en inglés, francés y alemán.


No hay una cantidad excesiva de automóviles y como transporte público se utiliza aquí también el ecológico tranvía. También hay trolebuses. Se dice que hay mucha vida nocturna en restaurantes y bares. De noche puede ser, pero lo que es de día en nuestra caminata no encontramos un bar abierto para tomar un mísero café. Parece que al mediodía cierran (eran las cuatro de la tarde). Costumbres difíciles de aceptar para quienes estamos acostumbrados a la vida en otro tipo de ciudades.

Lo que vimos en nuestro breve paseo es todo historia pura y fascinante, lo cual corrobora la afirmación de que Gante es la ciudad flamenca con mayor número de edificios históricos, en un radio no muy amplio que puede recorrerse a pie, en bicicleta o en un paseo por los canales que atraviesan la ciudad.



Fue una visita incompleta, que duda cabe, pues su riqueza histórica merece mucha mayor atención, pero el “ultimátum” de nuestro guía estaba a punto de cumplirse, así que resignadamente emprendimos al regreso, lamentando también que el sol hubiese estado ausente una vez más, malogrando algunas fotografías que pudieron haber sido muy bonitas.

El día había terminado para nosotros. La siguiente etapa iba a ser un día completo dedicado a Brujas, el objetivo central del viaje.

En la próxima nota compartiremos la visita con quien nos quiera acompañar. Au revoir Gante!

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