31 de julio de 2009

A propósito de la indiferencia



Tranquilos, aquí no encontrarán ningún lamento extraído de las hermosas letras de algún tango argentino. Son apenas digresiones que no siguen un rumbo determinado ni tienen un destino preconcebido.

Soy aficionado a visitar blogs que de un modo u otro despiertan mi interés, ya sea por la temática o por el deseo de mantener una relación aunque sea virtual con quién le da vida, sobre todo si es alguien de mi conocimiento.

Al ingresar en esos espacios que nos abre la cibernética y después de leer alguna nota que me haya llamado la atención, mi recorrido visual termina en el espacio reservado a Comentarios. Me asombra que en blogs armados por “desconocidos” –y no tanto- el fatídico número 0 (cero) es el que prevalece en la mayoría de los casos.

Otra cosa ocurre en los blogs de gente famosa, que sí reciben un aluvión de comentarios.

¿Qué es entonces un blog de un “desconocido”? ¿Una herramienta de comunicación o un espacio en el que su creador utiliza a guisa de diario personal “público” para volcar allí sus inquietudes con la tenue esperanza de algunas de ellas sean aceptadas o rechazadas?

En el amplio espectro que va de un extremo a otro puede ubicarse a la mayoría, pero es dable pensar que lo que el blogger más detesta es que ese ominoso 0 quede inamovible hasta que una nueva nota reemplaza a la anterior, de vida efímera, como la página de un periódico.

Para ilustrar esta opinión permita el lector que recurra a una metáfora, a las que soy afecto y se me acaba de ocurrir (despertó la otra neurona!). Es como si en una exigente carrera ciclista como podría ser el Tour de Francia, un corredor pedalea esforzadamente flanqueado por espectadores que ni le dan un grito de aliento ni le alcanzan un botellín con agua.

También es cierto que todos los que hacemos un blog debemos ser conscientes de que no todos tienen ganas de dejar comentarios aunque hayan leído la nota. De hecho me ocurre muy a menudo. Eso es respetable y sería muy presuntuoso pensar lo contrario.

Por eso en este blog, al final de las notas hay un pequeño cuadrado para cliquear. Con ese simple clic se sabe que la nota ha sido leída y eso para su autor ya es casi suficiente y complementa de manera importante otro de los propósitos de éste, su espacio personal: una manera de rememorar épocas lejanas en las que la máquina de escribir era su herramienta de trabajo.

Volviendo al principio, éstas son sólo reflexiones al pasar, sobre la esencia de los blogs y la indiferencia.

Pero hay algo peor que la indiferencia: ser ignorado a sabiendas.

Y como corolario, una cita del escritor Saul Bellow:

¿Cree usted que hay alguna distinción entre la ignorancia y la indiferencia?
-Ni lo sé, ni me importa.

Saul Bellow

No se puede terminar esta nota sin un agradecimiento a todos los que han dejado algún comentario. Lo que me extraña es que todos han sido elogiosos. Ojo con la vanidad! Las neuronas se aletargan.
Muy buenos días.

*

4 comentarios:

martagbp dijo...

Frente al ominoso 0 y la ilustrativa comparación con el Tour d' France, quizás lo que pasa es que algunos quedan tan apabullados por las notas que no se animan a decir "ni mus". Animo, que somos varios los que esperamos ver aunque más no sea un tímido 1!!

José T. dijo...

Si, no nos comprenden, pero siempre queda la esperanza de algún que otro "mus". slds

Marixi dijo...

Impecable Tío. Lucho todos los días la indiferencia y la ignorancia, sobre temas de Facu, para evitárselos a él. Los resiento yo, pero sé que en un futuro a él no le llegarán y eso me da esperanzas.
Besos!

JotaT. dijo...

Muy lindas tus palabra Marux. A veces la perseverancia da sus frutos. A no aflojar. abzs.